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En
el año 1988 Siemens ofreció hacerse cargo de la reparación del muy
deteriorado mecanismo. Tras la autorización correspondiente decide
mantener el aspecto exterior de la obra, reemplazando si el delicado
mecanismo de relojería por un ingenio menos frágil y más preciso: un
sistema electrónico comandado por computadora gobernaría a partir de ese
instante el movimiento lento de sus agujas.
Finalmente
en mayo de 1992 los gigantes vuelven a mudarse hasta su actual
emplazamiento. La empresa Siemens nuevamente los luce orgullosa
exponiéndolos en la cúspide del edificio que ocupa desde 1958 en la
esquina de la Diagonal Sur y Bolivar.

Bolivar y Diagonal Sur
Grandes
grúas fueron necesarias para izar a los colosos de cuatro metros de
altura. Su cuerpo constituido por gruesas chapas de cobre habían tomado
el típico tinte verdoso al ser expuestos durante años al aire húmedo de
Buenos Aires.
Poco faltaba para que el enorme
reloj moviera nuevamente sus agujas parsimoniosas, ordenándoles a los autómatas
golpear con lenta determinación su magnífica
campana, esa que alguna vez la firma Bellini e
Hijos había fabricado en la provincia de Santa Fé.
Finalmente
el día llegó: el 21 de mayo de 1992, con la misma pompa con que se
entroniza a un soberano y ante la atenta mirada del Presidente de la
República los colosos de Siemens fueron formalmente situados en su nueva
morada. La banda del regimiento de Patricios ponía mientras tanto su
cuota de brillo y esplendor a una noche de fiesta y de reencuentro.
Nuestro patrimonio e historia estaban por esta vez a salvo.
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