“HISTORIAS DE
LOS BARRIOS DEL SUR” Felicitas
Guerrero y su trágica muerte (Tercera parte) por
Mabel Alicia Crego

Desde
que era muy chiquita paseaba por las calles de Barracas con mis padres, siempre
me embriagaba el dulce olor a galletitas de la fábrica Bagley, que impregnaba en
mi recuerdo el paisaje del barrio. Bajando la barranca desde Constitución, donde
vivía mi abuela, era un placer para mi, caminar rumbo a mi casa por Avenida
Montes de Oca. Al pasar por la placita Colombia siempre nos deteníamos un rato para jugar en
los juegos, un placer para mi hermanito y para mí y un pequeño descanso para mis
padres, para luego continuar hasta mi casa, en Hornos y Lamadrid.
Que triste y lúgubre me parecía la iglesia de Santa Felicitas vista con mis ojos
de niña en ese momento y poco a poco, voy descubriendo el maravilloso
encanto que revelan sus históricos muros. ¡Cuantos años han pasado!
En un principio se instalaron en Barracas, depósitos saladeros y talleres como
consecuencia de su cercanía al río y al puerto de la Boca. Con el crecimiento industrial del país en la década del ´40 hizo que se
construyeran en el barrio numerosas fábricas y plantas industriales, esto
también trajo gran inmigración de españoles, italianos, turcos y gente del
interior del país, que se fueron instalando en las antiguas mansiones de las
familias mas adineradas del siglo pasado, transformadas en conventillos. Pero
también se construyeron casitas bajas tipo “chorizo”, con varios pequeños
departamentos o sólo habitaciones. En el año 1907 se instala en el Instituto de Lourdes y Santa Felicitas la ex
casa de obreras, dando albergue a bajo costo a muchas trabajadoras del barrio.
A partir del año 1900 se instalan en Barracas mas de 500.000 inmigrantes,
distribuyendose en varios conventillos, como el de “los cuatro diques” en
Ituzaigó, los alquileres aumentaron cuatro veces mas que en Europa. En el año 1941 había en Barracas mas de 100.000 puestos de trabajo,
transformándose en un activo barrio donde se mezclaban las diferentes
costumbres e idiomas, el ir y venir de los obreros al sonar las sirenas de las
fábricas le daban una identidad propia muy particular.
Hoy todas las grandes fábricas han cerrado sus puertas, dando lugar a
transformaciones y costosos proyectos que no combinan con la nostalgia del
tiempo pasado.
El olor a bizcochos y galletitas recién horneadas sólo queda impregnado en
los recuerdos de los viejos vecinos de Barracas. Algunas fábricas que aún existen en el barrio tienen presencia histórica. En 1874 la S.A. de Consumidores de gas levantó el gasómetro en la calle
Azara y Magallanes y conectó los faroles de alumbrado a gas, reemplazando a los
de kerosén. Después Compañía de Gas, luego Gas del Estado y hoy es Metrogas. Alpargatas fue creada en 1883 por Juan Etchegaray asociado a la fábrica
textil escocesa Douglas Fraser & Sons, abarcando un terreno 11.214m2 Av.
Patricios y Olavarría, Hernandarias y Lamadrid. Bagley se instaló en Barracas en 1891, fundada por Melville Bagley, un
inmigrante norteamericano en 1864, su primer producto La Hesperidina tiene la
marca registrada N° 1 en nuestro país. Su publicidad fue muy
novedosa para la época, dos meses antes de su presentación, se dedicó a
empapelar las calles de Buenos Aires con carteles que decían: “se viene la
hesperidina” creando una psicosis en la población, ya que nadie en
ese momento sabía, qué era, ni de qué se trataba, fue un impacto muy
curioso. La fábrica textil Picaluga y Cía. Diseñada en 1920 por los arquitectos
Donatti y Colomba, en una manzana triangular de 7.000 m2 Ubicada en pasaje Lanín
150 esquina con la calle Salmún Feijoó. Ocupaba a muchísimas obreras,
teniendo en cuenta que en esa época no se acostumbraba a darle trabajo a
mujeres.
La fábrica de bizcochos Canale, frente al Parque Lezama con 6.500 m2 cuadrados
de historia. La yerbatera Cruz Malta en Martín García y Ruiz Díaz de Guzmán, hoy
ambas recicladas en oficinas y departamentos costosos. La fábrica fundada en 1880 por Abel Saint, Aguila Saint en la
manzana de calle Herrera entre Brandsen y Suárez. Después de la muerte de
Saint, su familia continúa y en 1923 se convierte en sociedad anónima,
posteriormente en 1930 inicia con gran éxito la fabricación de helados Laponia
(tradicional marca Argentina). Expandiéndose también fabricó chocolates,
caramelos y golosinas empleando mas de 2000 obreros, hoy reciclada es un
supermercado EASY. Muchas fábricas más perduran en mi recuerdo, Medias Paris, Noel, La
Cantábrica, Massuco, entre otras, que daban trabajo a miles de obreros que
seguían como hipnotizados el ulular de sus sirenas, llamando al trabajo. Muchísimos personas de estas fábricas comían en el comedor obrero
ubicado en los subsuelos de Santa Felicitas por 20 centavos (lo que costaba un
Kg. de pan en la época).
Las hermanas de la congregación Jesús María, servían sopa, guiso y pan para
1000 personas por turno, los inmigrantes y pobres pagaban sólo 5 centavos o
nada. También se instaló en los túneles con ventanales a la calle Pinzón, una
lavandería especializada en ropa fina de hilo y encajes, las monjitas eran
también expertas planchadoras de ropa blanca. Santa Felicitas es parte del patrimonio histórico del barrio de Barracas, por
su arquitectura, su artesanado, las obras escultóricas y de arte del lugar, pero
sobre todo por su trágica historia. Todos sus elementos forman el complejo
histórico Santa Felicitas; La plaza Colombia, La Iglesia, la Gruta de Lourdes,
el antiguo Oratorio, los túneles de 1883, el Templo Olvidado, el patio del
Salvador y el Instituto de Lourdes y Santa Felicitas como Centro Educativo.
En el año 2001 Santa Felicitas y su entorno fue declarado Área de Protección
Histórica en la Ciudad de Buenos Aires. Fotos: Mabel Alicia Crego
Fuentes:
“Historias de la calle Larga” de Enrique Puccia
“Memorias de un lugar en Barracas” de Ellen Hendi y Cristina Codaro
“Conferencia del Sr. Gregorio Traub” Presidente de Estudios Históricos de
Barracas
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