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04/08/2016 Luis el Tano Hoy algunas curiosidades y escenas de otros tiempos

Aquí estoy de nuevo desde muy lejos. Son tantos los recuerdos de aquellos hoy ya históricos años 60 años atrás. Era nuestra adolescencia de barrio, un barrio que era más que nada una gran casona donde todos sabían de todo y se conocían... era humano. Intento, recuperar las memorias humanas que son el alma de un lugar geográfico. A veces esas historias tienen nombre y apellido, otras veces pertenecen a lo común y a lo cotidiano. Una normalidad de vida que hoy es considerada anormalidad pensando en todos los dramáticos cambios del mundo en 60 años, tecnológicos, sociales, políticos, económicos, morales e inmorales.

No me olvido de ese barrio histórico de Núñez, del bajo, de Pochito (J. D. Perón y la UES con las Lambretas frente a lo que era Zagazola), de los "guapos" que aún sobrevivían viviendo de famas fatuas y rumores, de la "barra brava”, de los carros de basura a caballo tirados por percherones y ruedas con llantas de fierro que a las 5 de la mañana corrían carreras entre ellos sobre el adoquinado de la calle Manuela Pedraza despertando al barrio con el estruendo que se pueden imaginar...

Hoy algunas curiosidades y escenas de otros tiempos:

- Zagazola hacía, ya en esos tiempos, un bolsón que años después copió igualito Hermes y que hoy venden a millares de dólares (adjunto foto), yo conservo aún uno de ellos, un cuero de color claro tan bueno y robusto que desafía ya el medio siglo...

- La "barra brava"... adolescentes pituquitos de familias trabajadoras y obreras que defendían el barrio contra los intrusos, y los intrusos eran para nosotros los novios de nuestras minas del barrio que llegaban para "afanarlas", como decíamos entre nosotros, y era costumbre amenazarlos con varias formulaciones:

-- si te vemos de nuevo por aquí te mandamos directo al Pirovano (hospital) que ni tu vieja te reconoce…

-- aquí solo los del barrio son novios de nuestras minas (así nos las apropiábamos sin ellas saberlo ni aun menos quererlo...)


-- no pongas jeta de Inocencio, ya te vimos muchas veces rondando por aquí y junando a la Isabelita, que está bajo nuestra protección (ella ni sospechaba de tanto proteccionismo gratuito) por lo tanto hacete humo sin chistar.. etc. etc. etc...


- Lo lindo del caso es que todas las madres de la minas del barrio jamás hubiesen querido a uno de nosotros como novio de las hijas. Nosotros éramos los guarangos, los descuajeringados, los atrevidos, los que no tendrían ningún futuro para ofrecer a sus niñas, los colados maleducados (fiestas, matrimonios, velorios donde hubiese para morfar o chupar) y muchas otras menudencias... Para esas madres un novio de "afuera" era lo mejor, lo apropiado, lo seguro, mejor si era de barrio pituco como Belgrano R, San Isidro, Palermo chico, etc... Y este concepto anticipo de décadas otro concepto que arruinó el mundo: la globalización, es este caso la globalización de barrios, o aún más, la exportación de elementos humanos extra barrial para el futuro de parejas porteñas.... otros tiempos, y esas mamás en esto fueron visionarias sin saberlo... y nosotros los de la barra brava víctimas propicias de todo ello...

 

- Cuando hablo de la barra brava me refiero a un conjunto de elementos y evidencias que la definían:

    -- Éramos un plantel permanente de unos 8/10 adolescentes.


    -- Éramos todos bien plantados y cada uno con sus preferencias deportivas o "culturales", yo jugaba al rugby, el Petiso al futbol, el Orejudo era especialista en billar, el Gallego la pelota paleta, el Zurdo se la pasaba con el Yo-Yo, los mellizos carrera de bicicletas, el Gordo era bueno con la Box, el Flaco tocaba la trompeta, el Narigón se corría los 100 metros como un refucilo, el Chupamedias decía que podía decirte entero el Martin Fierro y era el intelectual de la barra que hablaba siempre difícil y nos decía ustedes son protozoarios monocelulares e ignorantes... en fin cada uno lo suyo...


    -- En aquellos tiempos la sociedad y la religión juzgaban críticamente a los homosexuales por lo cual la barra bravas se erigía en defensora de tales principios hoy arcaicos y superados y se metía a castigar a quienes daban muestras de tales inclinaciones en su modo de hablar o vestir o gesticular... uno de ellos, el Pocho, era para nosotros Pochita y destinataria final de nuestros improperios y no solo eso...


    -- Era la barra que justamente castigaba con actos heroicos y justicieros a los "degenerados”, por suerte en el barrio había solo uno, que tenía una tienda y que con caramelos y otros convites tentaba abusar de chicos y chicas menores y era de conocimiento de todo el barrio... para que lo hubiese hecho!... organizábamos la expedición punitiva como un malón frente a todos y de día, prendiéndole fuego al toldo del negocio y muchas veces rompiendo los vidrios de la vidriera.... lógicamente era denunciado y llegaba el patrullero de la cana de la comisaria, pero nadie sabía, nadie había visto nada, en esto el barrio era como los tres monos chinos: sordos, ciegos, mudos...s olamente en esas circunstancias los de la barra brava éramos para los vecinos un grupito de chicos que son una monada.


    -- Los simples, maravillosos momentos de placer y sosiego de la barra era a la tardecita en verano, juntados en el buzón de la esquina, empilchaditos con lo que teníamos, fresquitos de la ducha, rumbeábamos para la lechería donde nos esperaba un vaso grandote de leche con crema batida, y al rato cada cual se iba por su lado para acometer sus aventuras nocturnas desparramándose en otras latitudes porteñas a la caza de "minas finas”... otros tiempos, limpios, inolvidables, nos forjaron hombres de bien, que sucesivamente vientos de la vida nos plegaron cada uno con su peso, pero nunca nos quebraron...


Hasta la próxima!

04/08/2016 Luis el Tano LA HISTORIA DE ATANASIO

Un barrio no son solo lugares calles y nombres es, sobretodo, historias humanas que lo llenaron y dieron vida. A un barrio se lo recuerda y menciona cuando allí vivieron y actuaron personas que le dieron linaje, cultura, ciencia, acontecimientos historicos y politicos. Pero no solo eso, hubo también dramas y penas humanas. Todo ello es parte del alma de la memoria de un barrio.

Quién se acuerda de aquél día en el cual regresando los carros de basureros, siempre corriendo carreras, atropellaron en Manuela Pedraza a una chica de solo 8/10 años que murió al rato? y quién recuerda al conductor abrazar desesperado y sentado en el adoquinado aquél pobre pequeño cuerpo gritando hacia al cielo "perdoname, perdón Dios mío!..." y a su grito se lo escuchó por cuadras y cuadras... Fue una de las historias tristes de Núñez.

Esta es otra de ellas.

Era el año 1947 cuando mi familia llegó a Argentina, y a Núñez, el barrio.

En la calle Campos Salles y 3 de febrero el viejo alquiló un departamento nuevito y teníamos como vecinos a una familia española, los llamaré "gallegos González"... el padre Severino, socio de un almacén, a la mamá, robusta ama de casa y cocinera, la llamaban doña Mariángeles, y el hijo único, Atanasio.

Nosotros, los de la barra, con los años crecimos y supimos y nos dimos cuenta que Atanasio no era el "gallego pillado que no le da pelota a nadie" pero sufría de un raro síndrome que le desdoblaba la personalidad, y no solamente...

Siempre un poco introvertido era con nosotros casi normal, y digo casi pues pudimos palpar su síndrome que se agravaba cuando quiso contarnos la historia de su mamá y de su papá...

La de la madre la contaba casi a diario, y a nosotros nos daba pena hacernos los osos y no escucharlo... La historia del padre nos la contó dos días antes del trágico desenlace que sucedió. Yo intento transcribirlas lo mejor posible basado en mi memoria y las palabras y analogías que usó Atanasio.

De su madre contó que en España era cocinera, de familia de la alta y que le pidieron, en el pueblo donde vivían que festejaba aniversario, una tortilla enorme para venderla en la plaza a la gente... Cuando redoblaron las campanas de la iglesia, siguió contando el Atanasio, convocando a la fiesta, vieron salir de la casa a su mama vestida de blanco cargando un enorme bulto cubierto de lino, blanco él también. Era tan grande la tortilla que a su paso había que desplazar a la gente en fila curiosa...(¡!). Y lo vimos a Atanasio hablar seriamente y con convicción... ahí no tuvimos dudas... Dijo también que el ayuntamiento pagó bien la tortilla a su mama pero desgraciadamente le quedaron la migajas, pues el párroco se quedó con casi todo invocando su "generosa limosna a los pobres...".

Esta historia la repetía siempre y a todos, y la pobre madre, para justificar, decía "el problema de mi hijo es el aire del Rio de la Plata que es tan húmedo que se le sube a la cabeza". ¿Qué otra cosa podía decir una pobre madre? Pero a pesar de ello nunca nadie la vio más hacer tortillas, pues según informó Atanasio, cuando la mamá comentó una vez a sus amigas argentinas..." digan lo que digan pero huevos españoles como los de mi Severino nunca más los vi como para hacer una tortilla decente!..." una chistosa, según parece, se permitió comentar en voz baja: "¡si viese los huevos de mi marido!".

La historia del padre en cambio se caracterizaba por notas tragicómicas y al mismo tiempo era la antesala del drama que vivimos todos en el barrio.

Es que el padre tenía al comienzo un gran criadero de pollos, contaba con orgullo Atanasio, en un populoso barrio obrero y llegó a tener, por su empeño y laboriosidad, como unos 500 pollos bien en salud y cacareantes, y tanto cacareaban y cantaban los gallos ya a las 4 de la matina que los vecinos lo denunciaron a las autoridades por graves disturbios a la quietud publica popular obrera y le impusieron al final que debía mudar el criadero.

Durante dicha mudanza de volátiles, la mala leche quiso que el camión volcase en una curva y los pollos, en masa, cada cual eligiendo su rumbo..., dijo Atanasio, que en la región por dos meses nadie compró pollos y que pasando al mediodía por las calles ¡se olía un exquisito olor a pollo al horno!.

A raíz de todo ello, el papa de Atanasio don Severino, amargado, decidió emigrar buscando nuevas esperanzas. En Argentina también dio inicio a la cría de pollos, lo que conocía, pero decía que eran pollos criollos muy maleducados y que no entendían cuando les hablaba en castizo culto, y así se lo inculco al hijo Atanasio.

Tenía el criadero atrás de la cancha de River, un día hubo un diluvio con viento terrible, el rio subió y el criadero entero se fue nadando hasta las costas Uruguayas, siguió diciendo Atanasio, y que algunos barcos que estaban navegando vieron centenares de pollos y gallinas cacareando y nadando juntitos en tropilla unida para darse ánimos uno con otros, muchos fueron pescados y acabaron al asador. Fue demasiado para don Severino.

Mientras nos contaba esta historia Atanasio, nos mirábamos compungidos pues se confirmaba la gravedad del síndrome ya lindante con la locura.

Y prosiguió... no solamente abandonó mi papa el negocio de "criación" de pollos, pero les digo que como a las 4 de la mañana yo lo escucho cacarear en sueños y que medio sonámbulo se levanta y mueve de arriba abajo los brazos como si fuesen alas de los plumíferos...

Como ya dije al inicio, nosotros crecíamos y Atanasio cada vez más parecía volver a la infancia más tierna.
Era su cerebro que involucionaba, la niebla de la locura lo estaba envolviendo. Hacíamos lo posible por disimular, lo protegíamos, lo rodeábamos de pequeñas atenciones... nuestros padres nos decían, "pobre pibe, podría ser uno de Uds. y ustedes a los amigos tienen que cuidarlo...".

Nos miraba muchas veces como si nos preguntase "¿para que se molestan?... total..." y era esa su única y amarga percepción de la realidad. Y era lo que más nos llegaba, hiriendo hondo.

Un día, serían las cinco de la tarde vimos ventanas y puertas abiertas en muchas casas del barrio... ¡¿qué había pasado?!... la ambulancia se había llevado de urgencia al Atanasio al Hospital Pirovano. Una hora antes. estando solito en la casa, subió a la azotea y gritando al padre ausente:...¡che papá! ¡No estés triste! mirame, todavía tenés un pollo y puede volar...", se tiró.

Tuvo muchas fracturas, incluida una de cráneo con conmoción cerebral... lo operaron, hicieron lo que pudieron, sobrevivió solo dos días... Dos días durante los cuales hubo en todo el barrio un silencio extraño, era una percepción superior, ese tipo de percepción que no precisa de palabras o gestos para indicar las grandes cosas o momentos.

Nosotros, adolescentes de la barra, en el buzón rojo de la esquina, sin hablar nos mirábamos y luego bajábamos los ojos para disimular lo que se venía de adentro, nueva y extraña emoción nunca vivida antes, el sentimiento de una pérdida... la vida nos estaba dando una lección terrible de sus designios... aun así, con pena y a sopapos nos estaba formando.

El final siempre llega, para cualquier cosa y para todos, y no permite que regreses atrás.

No me acuerdo, o no quiero acordarme, del velorio y el viaje hasta la Chacarita. En ese cementerio, que es histórico y de descanso eterno de muchos que escribieron muchas historias, incluido el gran Carlos Gardel, o que supieron plasmar poemas y palabras que trascienden el tiempo, pues allí descansa también un humilde chico español que aquí en estas tierras, y en Núñez, tuvo solo el tiempo para soñar con sus fantasías delirantes e ingenuas utopías que nos hacían sonreír.

Un chico, nuestro amigo español, el de la historia de la tortilla de la mamá, que para darle una alegría al papá se quiso transformar en un pollo que volaba, y que así con aquél su vuelo final, nos hizo llorar con las lágrimas más amargas de nuestra adolescencia. Las primeras lágrimas de un joven, las más tristes, las de una pérdida de nuestra adolescencia, adolescencia que sentimos como que estaba acabando.

Creo que esas perlas del alma que inundaron nuestras mejillas fueron su melancólica despedida. Quisimos escribirle nuestro epitafio y no nos dejaron, hubiese dicho: "Ahora podes volar en todos los cielos del universo Atanasio".

Hoy, de canas muy blancas, y escribiendo estas memorias, logro sentir bien hondo ese gran Tango poema de Astor Piazzola... "Balada para un loco" ... vení vení volá... pues quien sabe que los locos vivan y sientan cosas que nosotros ignoramos...

11/07/2016 Luis el Tano Desde muy lejos...

Aquí estoy de nuevo desde muyy lejos... , no me olvido de ese barrio histórico, del bajo, de Pochito (J.D.Peron y la UES con las Lambretas y las minas frente a lo que era Zagazola), de los "guapos", de la "barra brava", de los carros de basura a caballo al traino con percherones y ruedas con llantas de fierro que a las 5 de la mañana corrían carreras entre ellos sobre el adoquinado de la calle Manuela Pedraza despertando al barrio con el estruendo que se pueden imaginar...
 
Hoy algunas curiosidades y rápidas escenas de otros tiempos y costumbres... éramos adolecentes...
 
Zagazola hacía ya en esos tiempos un bolsón que años después copió igualito Hermes y que hoy venden a millares de dólares, yo conservo aún uno de ellos, un cuero de color claro tan bueno y robusto que desafía ya el medio siglo...
 
La "barra brava"... adolescentes pituquitos de familias trabajadoras y obreras que defendían el barrio contra los intrusos, y los intrusos eran para nosotros los novios de nuestras minas del barrio que llegaban para "afanarlas" como decíamos entre nosotros, y era costumbre amenazarlos con varias formulaciones:
 
-       si te vemos de nuevo por aquí te mandamos directo al Pirovano (hospital) que ni tu vieja te reconoce...
 
-       aquí solo los del barrio son novios de nuestras minas (así nos las apropiábamos sin ellas saberlo ni aun menos quererlo...)
 
-       no pongas jeta de inocencio, ya te vimos muchas veces rondando por aquí y junando a la Isabelita, que está bajo nuestra protección (ella ni sospechaba de tanto proteccionismo gratuito) por lo tanto hacete humo sin chistar... Etc. etc. etc...
 
Lo lindo del caso es que todas las madres de la minas del barrio jamás hubiesen querido a uno de nosotros como novio de las hijas.
 
Nosotros éramos los guarangos, los descuajeringados, los atrevidos, los que no tendrían ningún futuro para ofrecer a sus niñas, los colados maleducados (fiestas, matrimonios, velorios donde hubiese para morfar o chupar) y muchas otras menudencias...
 
Para esas madres un novio de "afuera" era lo mejor, lo apropiado, lo seguro, mejor si era de barrio pituco como Belgrano R, San Isidro, Palermo chico, etc... y este concepto anticipo de décadas otro concepto que arruinó el mundo: la globalización, es este caso la globalización de barrios, o aún más, la exportación de elementos humanos extra barrial para el futuro de parejas porteñas... otros tiempos, y esas mamás en esto fueron visionarias sin saberlo... y nosotros los de la barra brava victimas propicias de todo ello...
 
Cuando hablo de la barra brava me refiero a un conjunto de elementos y evidencias que la definían.
Éramos un plantel permanente de unos 10/12.
 
Éramos todos bien plantados y cada uno con sus preferencias deportivas o "culturales ", yo jugaba al rugby, el Petiso al futbol, el Orejudo era especialista en billar, el Gallego la pelota paleta, el Zurdo se la pasaba con el Yo-Yo, los mellizos carrera de bicicletas, el Gordo era bueno con la Box, el Flaco tocaba la trompeta, el Narigón se corría los 100 metros como un refucilo, el Chupamedias decía que podía decirte entero el Martin Fierro y era el intelectual de la barra que hablaba siempre difícil y nos decía ustedes son protozoarios monocelulares e ignorantes... en fin cada uno lo suyo...
 
En aquellos tiempos la sociedad y la religión juzgaban críticamente a los homosexuales por lo cual la barra bravas se erigía en defensora de tales principios hoy arcaicos y superados y se metía a castigar a quienes daban muestras de tales inclinaciones en su modo de hablar o vestir o de gesticular... uno de ellos, el Pocho, era para nosotros Pochita y destinataria final de nuestros improperios y no solo eso... y el día que se fue sin regreso ahí entendimos que él era parte nuestra, del barrio... y callamos por largo rato.
 
Era la barra que justamente castigaba con actos heroicos y justicieros a los "degenerados", por suerte en el barrio había solo uno, que tenía una tienda y que con caramelos y otros convites tentaba abusar de chicos y chicas menores y era de conocimiento de todo el barrio... para que lo hubiese hecho!... organizábamos la expedición punitiva como un malón frente a todos y de día, prendiéndole fuego al toldo del negocio y muchas veces rompiendo los vidrios de la vidriera... lógicamente denuncia, llegaba el patrullero de la cana de la comisaria,... pero nadie sabía, nadie había visto nada, en esto el barrio era como los tres monos chinos: somos sordos ciegos mudos... solamente en esas circunstancias los de la barra brava éramos para los vecinos un grupito de chicos que son una monada.
 
Los simples, maravillosos momentos de placer y sosiego de la barra era a la tardecita en verano, juntados en el buzón de la esquina, empilchaditos con lo que teníamos, fresquitos de la ducha, abuelas sentadas en la vereda husmeando, y nosotros rumbeábamos para la lechería donde nos esperaba un vaso grandote de leche con crema batida, y al rato cada cual se iba por su lado para acometer sus aventuras nocturnas desparramándose por otras latitudes porteñas de la caza de "minas finas"... otros tiempos, limpios, inolvidables, nos forjaron hombres de bien, que sucesivamente vientos de la vida nos plegaron cada uno con su peso , pero nunca nos quebraron...
 
Todo lo anterior no es ni geográfico ni tentativo social, es pura nostalgia.
 
Hasta la próxima!
Luis el tano

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