Luis (el Tano): Desde Suiza para Mario Salvo

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Mi querido Mario…

Perdonarás si te tuteo, estamos a la misma altura de nuestro viaje terreno hacia otro al cual vamos para responder tantas preguntas… será un viaje sin valija, sólo de ida… nuestros cabellos grises nos autorizan a un pseudo sentimentalismo que en cambio yo llamo humanidad, hacia todo aquello que en aquellos tiempos vivíamos sin percibir su valor, aquel contacto humano hoy sólo recuerdo de nosotros, lobos grises del pasado… aquellas abuelas sentadas afuera en la vereda, pegando gritos a todos y dando instrucciones a los «pendejos» que jugábamos con alboroto y riesgo permanente de romper vidrios y no solamente… aquél lunfardo en el hablar digno hoy de ser rescatado como parte de nuestras raíces… Nuestras citas en las esquinas con los buzones, bien «pintones» y con la ropa «buena» esperando a la «piba que nos levantamos con «chamuyos» la cual invariablemente llegaba a la cita con una prima mayor que nos «jodía el programa»…

Querido Mario, cada vez que puedo, 2/3 veces por año, me doy una vueltita por Argentina, Buenos Aires y Núñez… camino despacito por todas esas calle que vivimos y donde crecimos libres sanos y limpios moralmente… y te juro Mario que casi siempre llego con alegría de adolescente y me tengo que ir con un lagrimón cayendo en mis mejillas… el embrujo de ese algo que nunca podré explicar, pues esos sentimientos tan profundos son tal vez la ultima playa de libertad que tenemos, no se explican no hay porqués ni dónde ni cuándo, son eternos, son libres… sentimientos hacia un barrio amado que tanto de cada uno de nosotros ha visto y testimoniado… Y cada vez que yéndome con neblina en los ojos me invade la fuerte sensación de que de nuevo allí estoy dejando algo mío… irrecuperable. Quién sabe, seguramente, cuantas veces nos cruzamos, o nos puteamos, tú con tu Legnano, yo con mi Bianchi, corriendo carreras vuelta a la manzana, o nos encontramos en el almacén del Gallego haciendo el pedido para «mi vieja»…  cuantos caminos para encontrarnos aquí, en una hoja de una carta de un Email..

Tu y yo hemos escrito testimonianzas para quienes quieran leer y sentir… yo hoy desde tan lejos te mando un abrazo de amigo, profundo y sentido, pues nuestras evocaciones son perdurables como el empedrado de adoquines de aquella vieja calle donde corrían carreras de caballos los carros de los basureros, estruendosos y a las puteadas a las cinco de la mañana, recuerdas?… el tiempo nunca vence todo aquello destinado a recordarse…

Esta carta mía no es una descripción, es una emoción de barrio, y vale como testigo de sentimientos a quienes lo amamos y aún hoy nos golpea fuerte el corazón al pintar lo que vimos y vivimos, y ya no es mas… se llama pura nostalgia, y la nostalgia ayuda casi siempre a percibirnos mejor y mas profundamente, otros lo llaman «humanidad»…

Con sincero afecto para ti y tantos otros de nuestra Núñez.

Luis, el Tano.