
Eleuterio Rosales, hijo de un peluquero guitarrero de Parque Patricios, se ganó fama de guapo y cantor en los años 20 y 30. Entre el Café Benigno, el desaparecido Zoológico del Sur y un amor imposible que casi le cuesta la vida, esta es la historia del «Zurdo» Rosales, contada por Ricardo Lopa en su Serie de los guapos.
Esta es la historia de un peluquero de barrio, que las circunstancias de la vida, lo hicieron, guapo y cantor. Se entiende por el término “guapo”, no el que fue parte de una aislada riña, sino aquel que adquirió fama por su demostrada agallas en tenidas bravas. Además adquirió prestigio al jugársela por una dama y por sus amigos, escalando así el escalafón a puntero de comité, Figura central, “haciendo punta” en la penetración política en Parque Patricios y alrededores.
Este porteño nació, con la ayuda de partera familiar, en la casa del Pasaje Mutualismo y Colonia, ahí nomás de la quema de la basura, en el año del Centenario de la Revolución de Mayo. Pleno festejos para algunos, desfile, opera, visitantes ilustres, caso la Infanta Isabel, Georges Clemenceau (Primer Ministro Francés), reclamos sociales para otros, en medio del Estado de Sitio.
En el año del réquiem a la Generación del Ochenta y de la asunción del primer presidente en democracia, comenzó nuestro hombre, Eleuterio Rosales, la escuela primaria en la José María Gutiérrez de Rioja (actualmente La Rioja) y Pasaje Garro (José de), era 1916.
Hijo de padre peluquero y guitarrero, madre profesora de piano en casa familiar.
Don Juan, padre con barbería en la calle Rioja y Salcedo, frecuentada, por una respetable clientela masculina. El viejo, de acuerdo a la costumbre de la época, fuera de horario, en la trastienda del local, armaba una tenida musical de cantores y payadores aficionados. Así, los casos de José González Castillo y Sebastián Piana padre.
“… González Castillo llegó a tener una peluquería en sociedad con un salteño en Castro Barros entre México e Independencia, negocio al que habían puesto el nombre de “El Figaro”. Había hecho del local un sitio de reunión, congregando a discípulos de las distintas ramas del arte…” (Colecciones Teatrales J. G. CASTILLO)
Sebastián Piana. Era hijo de un peluquero que tocaba muy bien la guitarra, piano y mandolín. La peluquería quedaba en Castro Barros a media cuadra de Rivadavia, donde hoy está la Federación de Box. Cuando se iba el último cliente, se bajaba la persiana y meta música en la trastienda. Iban payadores como Higinio Cazón y Ramón Vieytes (“La Opinión Cultural, 13 de abril de 1975”)
El zurdo Rosales, o solamente El Zurdo, la muchachada del barrio, empezó a llamar a Eleuterio. De muy pequeño frecuentó la peluquería, donde concurrían, entre otros, un vecino delgado y nariz prominente llamado Enrique Santos, y un regordete compañero de la primaria, Homerito. Y se fue haciendo el muchacho entre tango y tango. Y sin mucho esfuerzo es de imaginar, que el pibe fue peluquero y tanguero cantor.
Cuando terminó la escuela primaria, don Juan, llevó al nene a aprender el oficio, y fue peluca. Fueron vecinos del barrio los primeros que se arriesgaron al corte del Zurdo.
Al mismo tiempo, el peluquita, estudió música en el Conservatorio Bonaerense de la calle Boedo al 771, dirigido por Juan Cianciarulo. Es de suponer que el joven, laburando en la peluquería, se amasijaba en la trastienda con unos tangos.
El pibe se hizo, cantando por el barrio las famosas serenatas. Crecido, con los primeros largos, no le escapó a los cafetines de Parque Patricios y barrios vecinos. Lo acompañaban las guitarras amigas, de Rosendo y Sabino.
El Zurdo tenía buena aceptación en el público. Lucía estampa varonil, buena altura, cabellera rubia abundante rizada, tenía una potente voz de barítono.
El primer espaldarazo lo tuvo cuando entró a cantar en el Templo Tanguero de Parque Patricios, el Café Benigno.
“Según relató el ingeniero Manuel Vila, a cargo del Foro de la Memoria (Parque Patricios), ‘entre 1887 y 1889 llegaron a Parque Patricios, cuando aún era el Matadero de los Corrales, cuatro hermanos originarios de Orense de apellido Fernández. Sus nombres: Benigno, Andrés, Generosa y Manuel. Instalaron en Rioja 2177 una fonda y café, que llevó el nombre del mayor de los cuatro: Café de Benigno, aunque Manuel era quien lo administraba. Un hijo suyo, de apodo Pepe, quedó al frente del negocio en 1926, momento en que ya se había transformado en un templo tanguero. Afectado por la pérdida de su visión, Pepe transfirió el café en 1936, … En 1958, el Café de Benigno cerró según nos cuenta la historia… Allí debutó Hebe Bedrune, por enfermedad de su padre siendo la única directora de orquesta típica conocida. Allí reclutaba militantes radicales el juvenil Homero Manzi. Sobre sus billares brindaron exhibiciones notables los hermanos Navarra. Alfredo Barbieri alegraba sus noches. Pero el pico de popularidad del Benigno se produjo con un cantante que ingresaba entonando sus tangos desde la calle, al estilo de las cantinas. Era Luis Peralta, a quien esperaban en el palco cuatro guitarristas. Todo eso hasta que bajó su persiana‘, contó Vila.”(Diario Popular)
“…es que el café Benigno, desde cuyo palco molía tangos el bandoneón de “Arturo La Vieja”, y en cuya pizarra de billar se colocaban el resultado de los partidos de primera cuando no había radio, ni sextas ediciones…no formaban parte de la historia de Huracán” (Homero Manzi, ”Treinta Años de Recuerdos Alrededor de un Globo”)
En su evolución, el Zurdo Rosales y sus guitarras, comenzaron a ser contratados en eventos familiares. En uno de esos conoció a un señor de la alta sociedad que lo vinculó a familias de dicha clase. Adquirió prestigio, el primer dinero importante, y la aceptación de las damas.
Los Álzaga, Ayerza, Alvear y Anchorena, (las cuatro A) fueron receptores del cantor de Parque Patricios. En el pomposo ambiente, desapareció El Zurdo, fue bautizado como Roberto Rosales, más acorde con el medio que actuaba. En ocasiones pudo vincularse con el sexteto de tango más importante del momento, Julio de Caro.
Estamos en 1928, finaliza el mandato presidencial de Alvear. Durante el mismo que comenzó en 1922, se crea la UCR Antipersonalista en 1924 y el Partido Socialista Independiente en 1927, partidos que juntos con el Demócrata Nacional (conservador), van a formar la Concordancia, que va a pilotear la Década Infame. No obstante estos antecedentes Alvear, respeta a Yrigoyen, que es elegido para un segundo período, 1928/34.
A los veinte años, 1930, era respetado por los hombres y admirado por las damas. El joven, correcto, no buscaba conquistas, pero, si se daba la ocasión. Eran tan solo charlas insinuantes, hasta que apareció la diferente y el problema. Trabó una oculta relación, con una niña de familia “bien”. El embrollo era doble, pues era de una clase social inalcanzable, además estaba a punto de casarse. El candidato era un mequetrefe, que el único atributo que tenía, ser parte de una familia patricia, había que entrelazar intereses. Como vimos, Roberto provenía de una familia y barrio humilde, pero lo distinguía su estampa de porteño, portando cualidades del Buenos Aires arrabalero. La joven, y como tal, rebelde, se sintió atraída por el cantor, a tal punto de citarse semanalmente. sin importar lo que diga la paqueta sociedad. Como era de imaginar, tal relación no pasó desapercibida para el novio oficial, nene bien, con barra siempre presta.
El Zurdo abandonó un poco la peluquería, pero ante el reclamo del padre, se daba una vuelta por el negocio, principalmente los sábados, que eran los días de más concurrencia.
Sábado por la tarde, la muchachada se va a poner pituca…, hacerse la carmelita antes de la milonga. Día tradicional de consumo del lope. Los pelucas no daban abasto… En la espera, era común en todas las peluquerías, la disputa de los mayores por el Mundo Deportivo, pues no cualquiera estaba en condiciones, además de garpar al peluca, comprar una revista. Algunos clientes más osados, se atrevían a tratar de leer el tabloide de La Nación, para tal fin le daban un mamotreto de madera para engarzar el periódico. Cuánta razón tenía un amigo al decir, que para leer dicho diario hay que tener tiempo y espacio; te imaginás un obrero viajando en tranvía o colectivo, imposible, por eso siempre tuvo un segmento especial de lectores (LOS PELUCAS DEL BARRIO – LOPA-BARRIADA 2010)
Roberto en una de las salidas, le dio el gusto a la dama. Quería conocer el Zoológico del Sur, ubicado en el corazón de Parque Patricios.
“El 22 de septiembre de 1907 se habilitaba el “zoológico del Sur”, creado como una sucursal de Palermo para toda la zona Sur de la ciudad. Considerado como un paseo similar al de Palermo y con un fácil acceso para los vecinos de la zona Sur, el zoológico estaba ubicado dentro del Parque de los Patricios, con una superficie 101,210 m2, su ideólogo y creador fue Clemente Onelli
Según recuerda una publicación del ateneo de estudios históricos de Parque Patricios, el zoológico del sur era un zoo temático con arquitectura romana antigua, el pabellón de los felinos y los osos era una copia del acueducto de Claudio, con una serie de arcos mayores y menores que servían de jaulas y guaridas para estos animales. El depósito de forrajes estaba en “el ara de Júpiter”, las aves exóticas en el pabellón de “erecteon” y al fondo un espectacular palomar romano.
Por avenida Caseros estaba “el templo de Vesta” que encerraba aves de gran envergadura. Y al sur estaba “el templo de la fortuna viril de Roma”, una gran confitería (hoy ubicado por detrás de la calesita del parque).
En 1924 muere Onelli y sin su dinamismo y esfuerzo, poco a poco fue perdiendo su esplendor, la decadencia y el abandono se llevó al hermoso Zoológico del Sur. Cerró sus puertas definitivamente en 1938 “. (Mabel Alicia Crego – BARRIADA)
Fue un domingo por la tarde, el Parque Patricios ve a dos jóvenes agarraditos de la mano recorriendo el Zoológico. La niña luce orgullosa un paquete de pochoclos, mientras la pareja enfila hacia la confitería, no pudo ser. Cerrada por reparaciones.
No obstante, al joven se le ocurre, en reemplazo, invitarla al café Benigno, de Rioja y Caseros, al lado del Pablito Podesta, uno de los cines del lugar.
La concurrencia, mayormente masculina, pero correcta, observa a la pareja. Ocupan la única mesa vacía cerca del mostrador. Sorpresa de Roberto, en una mesa cercana estaba su compañero de la primaria, Homero. Se saludan de lejos. Al rato al irse, Manzione, le comenta la preocupación que tiene por la marcha del gobierno de Yrigoyen, e invita a Roberto a sumarse al radicalismo. “afíliate, venite al comité”. Se abrazan en silencio, era agosto de 1930.
La dama y Roberto, dejan El Benigno, toman un coche de alquiler hasta barrio norte. El joven, que retorna a Patricios, vuelve a ser El Zurdo Rosales, peluquero cantor. Roberto, quedó, para el otro ambiente pituco,
Minga taxi, el bondi lo deposita en Déan Funes y Caseros, a patacón a Colonia en busca de la casa familiar. Le extrañó un Plymouth (fue una marca de automóviles estadounidense producida por Chrysler Corporation entre 1928 y 2001) negro que lo seguía a una distancia prudencial. Al llegar a la calle Colonia, el ambiente es más arrabalero. Es de hacer notar que El Zurdo, como la mayoría de la muchachada, iba calzado con un filoso puñal, por lo que pudiere. La oscura calle recibe al cantor, a sus pasos, aumenta el lúgrube trayecto. Al Zurdo se le hace que la mano viene fulería, y él solari.
Se acerca el checo grone, del mismo salen disparos buscando la humanidad del cantor, el hombro del lado derecho es el receptáculo de una de las balas. El Zurdo, herido pero con su diestra presta en el filo, espera el embate, con la custodia de la pared por la espalda. Son tres los atacantes, al primero lo madruga, le tajea la araca. Al segundo lo recibe con un puntapié en el bajo vientre, el tercero retrocede hasta el coche, manejado por un cuarto.
El atentado fue alerta para el joven cantor, que aprovechó las curaciones para alejarse de la niña, con la que tenía una simpatía.
Reapareció más seguido a la peluquería, y se lo vio al igual en el Benigno. En dicho boliche, se empezó a contar la hazaña del Zurdo, se había bancado a tres atacantes. Curado, buscó revancha. Ubicaba al atacante primero por el tajo en la cara. Al quía, lo junó en un bar de Palermo, nadie del lugar lo bancó, ahora al punto, le quedó la cara marcada de los dos lados. Sus compinches, del auto negro, se borraron de los lugares que solían frecuentar. Los hechos, le hicieron ver la realidad, la dama no era para él. No la vio más a Elena, la dama del metejón, ni ella lo buscó.
Al Zurdo se lo empezó a respetar, adquiriendo el cantor, fama de guapo.
Alejado de la peluquería, estando en el estaño del Benigno, se le acerca un conocido de la sexta circunscripción, Boedo, invitándolo al café Del Aeroplano de esquina San Juan, que don Pedro Bidegain, importante dirigente radical yrigoyenista, quería hablarle. Luego de una amena conversación, El Zurdo fue puntero político.
“Un puntero político en Argentina es un referente barrial o intermediario territorial que conecta a la dirigencia partidaria con los vecinos, cumpliendo un rol clave en la movilización de votantes y distribución de recursos”
En mal momento llegó El Zurdo a la política, el gobierno radical tambaleaba, y él al servicio del partido. No obstante cada sábado libre, se daba el gusto de cantar en eventos milongueros. Al Viejo, por la fama del Zurdo, se le llenaba la peluquería. Los parroquianos requerían su presencia, él no los defraudó. Volvió a bancar al padre, todo un éxito. Una tarde dejó temprano la pelu, se empilchó de prima, enfiló para Lugano, donde había milonga y él, la tayaba fuerte.
En la calle, percibió un ambiente raro, pasa el canilla, Critica quinta edición, vociferando, “cayó el gobierno de Yrigoyen, el general Félix Uriburu en el poder” Revolución, era el 6 de septiembre de 1930.
El Zurdo bajó los decibeles, el ambiente no daba para más, se recluyó en el negocio del padre ya veterano, y volvió a ser Peluca y cantor,
Pero, escapándole a los tiras, se dice que lo vieron con el barba Homero y el Loco Papa, en la resistencia radical haciendo bombas caseras en la casa de la calle Garay al 3200.
El rastro se le perdió, allá por diciembre del ’33 en la revolución radical de Paso de los Libres, Corrientes, con el Vasco Jauretche.
El tiempo implacable sucede sin noticias del Zurdo. Por Parque Patricios se ve a dos viejitos, diariamente por Rioja y Caseros, buscando al nene que no vendrá.
Sorpresa que da la vida, una tarde que no se emparda, se detiene un lujoso coche, en el Pasaje Mutualismo y Colonia, manejado por un fercho, baja una dama de empilche, la acompaña un nene, rubio y zurdo. Busca al que no está, se despide, Robertito, saludá.
Así la historia de Eleuterio Rosales, El Zurdo, Roberto Rosales, que fue peluca, guapo y cantor que tayó fuerte por Patricios por los años 20 a 30 y no volvió.
Ricardo Lopa
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Imagen ilustración: creada con IA
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