Un Conventillo en Barracas por Mabel Crego

322

Conventillo "Los 4 Diques" en BarracasEn el año 1907 un conventillo de Barracas fue el centro de la primera huelga de inquilinos de la historia Argentina. Junto al conventillo “Los 4 diques” de Barracas se fueron levantando otros cien mil conventillos en todo el país, los alquileres habían subido, los costos de  una pieza oscura e insalubre, eran ocho veces mayor que en Paris y Londres, los huelguistas en su mayoría mujeres y niños  resistían con piedras y escobazos a la más dura represión policial. Hoy el edificio tapiado y con graffiti aún resiste a través de los años, como mudo testigo de la durísima y desigual lucha de los más humildes.

Hotel de los InmigrantesA mediados del siglo XIX los folletos de promoción de la Argentina en Europa decían: “Sea propietario” los inmigrantes eran alojados en el “Hotel de Inmigrantes” solo por 5 días al cabo de los cuales los expulsaban quedando librados a su suerte. A la salida estaban los “promotores” de los conventillos, subidos en carros que trasladaban a los inmigrantes hacia su nuevo destino. No había contratos de alquiler, el primer recibo de pago se lo daban a los tres meses para poder desalojarlo por falta de pago cuando el “encargado” o propietario así lo dispusiese.

Aquellas casas de inquilinato habían comenzado a surgir a comienzos de 1871, cuando las tropas Argentinas regresaron de la guerra del Paraguay y trajeron entre otras cosas la epidemia de fiebre amarilla. El foco infeccioso se concentró en  San Telmo, Barracas y Montserrat,  lugares tradicionales de familias “patricias”  que abandonaron sus enormes mansiones para trasladarse a Recoleta y Barrio Norte. Aquellas casonas encontrarían rápidamente un nuevo destino muy redituable para sus dueños que vieron en el aluvión inmigratorio, una  gran oportunidad productiva en sus propiedades abandonadas..

Los palacetes fueron transformados en verdaderos palomares, con habitaciones sin ventanas y con un solo baño para ciento de personas.

Un conventillo en el 1900Entre 1881 y 1914 llegan más de 4.200.000 personas, 2.000.000 de italianos, 1.400.000 españoles, 170.000, franceses y 160.000 rusos, polacos, árabes y judíos, trayendo consigo su idioma, sus costumbres y su desarraigo.  Fue un caldo de cultivo para la cultura popular, expresada en el lunfardo, cocoliche, las comidas, el tango, el compadrito y los sainetes.

En aquellas habitaciones, se hacinaban no menos de 4 o 5 personas, se cocinaba en braseros, se hacían las necesidades en horas de la noche, en ocasiones se alquilaba la cama por horas, conviviendo con la familia que había rentado la habitación.

Se los llamó “inquilinatos”  y luego el ingenio popular lo bautizó “conventillos”  diminutivo de convento, por sus numerosas celdas, única posibilidad de vivienda para los recién llegados. Los grandes conventillos sólo tenían dos baños para la totalidad de personas que vivían en ellos.

En Agosto de 1907  se decreta un aumento en los impuestos para el 1908 y los propietarios oligarcas de las casas de inquilinato, suben los alquileres para anticiparse y cubrir los desembolsos.

Frente a esta situación los inquilinos de la propiedad de Pedro Holterhoff, situado Barracas en la calle Ituzaingó,  con dos puertas una en  279 y otra en el 325, se rehúsan a pagar el alquiler.

Este era el famoso conventillo apodado  “los 4 diques” porque  sus 4 patios eran iguales en número y disposición a los diques del puerto capitalino. Allí vivían 132 familias, en 33 cuartos por cada patio o dique. La huelga nacida en este conventillo se extendió como reguero de pólvora a otros cientos.

El 13  de septiembre el comité central de la Liga, realiza el llamado a la huelga general de inquilinos,  otras grandes urbes como Rosario, Corrientes, Córdoba, La Pampa, Bahía Blanca, La Plata, Lomas de Zamora, La Boca  y otros que se adhieren al paro.  En la capital decenas de conventillos se plegaron, sólo por nombrar algunos  “La cueva Negra” (Bolívar entre Cochabamba y Garay) “Las 14 provincias” (Piedras en Cochabamba y San Juan)  “Campos Salles” (Aristóbulo del Valle entre Patricios y Azára),  México 1370, y el famoso conventillo “El Nacional” o  El  “Conventillo de la Paloma”  en Villa Crespo, edificado para los obreros de la fabrica Nacional  de Calzado, con mas de 100  habitaciones dispuestas en un pasillo largo y angosto, que atraviesa la mitad de la manzana, uniendo las calles Thames y Serrano.

Hay una anécdota muy curiosa, en el conventillo de Hernandarias 1756 en La Boca. Los caseros (representantes del dueño) perdieron toda autoridad, a tal punto que en este conventillo cuando el “casero” Juan Summo recibió el petitorio de los inquilinos con los reclamos, se les rió en la cara.

Entonces los inquilinos declararon el boicot al almacén que este hombre tenía frente al conventillo y que gracias a ellos se hizo muy rico.  Al notar que perdía dinero en su comercio, no solo reconoció el descuento del 30 % en los alquileres, sino que pagó el costo de los volantes con los que se había convocado al boicot de su almacén.

La represión policial no se hizo esperar y sobre las mujeres y niños  recayó la responsabilidad de hacer frente al desalojo, porque los hombres iban a trabajar a las fábricas, al puerto, o los saladeros para traer el dinero para pagar la pieza.

La mujer personaje irrelevante en política, se vuelve protagonista.

La resistencia al desalojo tuvo varios métodos, Ej.: cerrando las grandes puertas de calle con cadenas y acumulando tras de ellas todo tipo de proyectiles, piedras, palos. Algunas crónicas relatan la decisión de colocar en algunos conventillos enormes calderos, con agua hirviendo amenazando despellejar a quienes intentaran echarlos.

El comandante Ramón Lorenzo Falcón,  Jefe de policía con ayuda del cuerpo de bomberos,  desalojó a las familias obreras a manguerazos de agua helada, a punta de bayonetas y máuseres. “Anarquista se nace” decía mirando a Miguel Pepe, un muchacho de 15 años que resistía activamente, dirigiéndose a las madres y los niños; “barramos con las escobas las injusticias de este mundo”…

El 22 de octubre una comisión judicial fue a desalojar un conventillo en la calle San Juan 677. El rumor corrió y cientos de vecinos se acercaron y quisieron impedirlo. Entre gritos, golpes y sablazos, se abrió fuego. Cayó fulminado con un tiro en la cabeza el obrero baulero Miguel Pepe de 15 años, vestía una remera rayada y un saco de hombre. Junto a él caen heridos 3 inquilinos.

“Ocho mujeres cargaban a pulso el féretro del muchacho asesinado. Pero el camino desde Barracas hasta Chacarita era largo y se turnaban con otras mujeres. Aunque en algún punto hubo que dejar el cajón en la calle para defenderse de la represión policial. Detrás del ataúd cerca de 700 vecinas de conventillos encabezaban una columna y  mas de 15.000 personas, entre  niños con estandartes de escobas  y trabajadores que abandonaban sus talleres y fábricas para acompañar al cortejo mas imponente de los vecinos mas humildes de Buenos Aires”…Así lo expresaba  Manuel Gálvez  y Juana Rouco Buela, joven inmigrante de 18 años considerada “elemento peligroso para la tranquilidad del capitalismo y el Estado”. Deportada a su país por anarquista y  agitadora,  Junto a Maria Collazo y Virginia Bolten.

La huelga de inquilinos de 1907 fue uno de los movimientos sociales mas importantes de principios de siglo, participaron unos 2000 conventillos de la Ciudad de Buenos Aires, sumados a unos 300 de Rosario y  un sin numero de otras ciudades del país.  Según las estadísticas del Departamento Nacional del Trabajo participaron unas 140.000 personas en todo el país y en Buenos Aires, 120.000 es decir un 10 % de la población de la Ciudad.

Las autoridades, tanto Nacionales como Municipales, reconocían por un lado la legitimidad de los reclamos, pero por otro aplicaban la ley con rigor, para mantener el orden y defender los derechos de los propietarios.

Después de terminada la huelga, el problema habitacional seguirá siendo por muchos años una cuestión a resolver que afecta a una gran parte de la población.
También deja expuesta, las deplorables condiciones que vivían los inmigrantes que llegaban al país en busca de una oportunidad y el abuso de los propietarios ante la necesidad de vivienda.

Aquellos que llegaron con sueños de arraigo y progreso, aunque fueron rechazados y señalados por sus formas de vida o sus ideales políticos, son protagonistas de nuestra historia y se convierten en parte de la identidad argentina.
 

Mabel Alicia Crego – Maestra Secretaria email
Docente JIC 4 d.e. 6º

Fuentes:

  • El Último Conventillo  de Enrique Arrosagaray  – 1997
  • Revista Cultural del CECAO Año II Nº XIX, mayo 2004 – Córdoba Argentina
  • Datos de Felipe Pigna –  Diario Clarín domingo 29 de julio 2007
  • Buenos Aires nos cuenta. Nº 5
  • Barracas en la historia y la tradición de Enrique Puccia

Fotos:

  • 1. Calle Ituzaingo (Barracas) por Mabel Crego
  • 2. Hotel Inmigrantes (fuente Internet)
  • 3. Un conventillo del año 1990 (fuente Internet)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.