Ricardo Lopa: Con el globo en la mente

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Domingo, siempre es grato el día del Señor, máxime si es primavera. Sepa viejo, que Ricardo suele ir a correr al Parque. ¿cuál? El que el viejo lo supo amigar de chiquito: el Chacabuco. Justamente, persisto, para no llegar ‘chacabuco’ de jovato.
Sabe, es hermoso reflexionar mientras se corre. Uno se evade, a pesar del mundo, está solo, y reflexiona.
Sabe, ese domingo, empecé a cumplir con la morosidad al afecto. Me mando por la Av. Eva Perón, de repente un globo grande con una hache roja se me viene encima. ¡Vamos todavía!. El pibe que lo portaba, como acostumbrado a bancársela, ¡vamos que podemos!. Pucha, si le escribí al Gasómetro de los primos, (ver.Al Gasómetro de mis recuerdos), se la debo a mi Globo.
De la mano del abuelo Vicente, me veo en la Av. Garay y Quintino Bocayuba esperando el colectivo 34. Trajeado el viejo y jopo engominado Ricardito. Como oyó, pilcha para ir el domingo a la cancha. Sí, solamente el domingo para el disfrute de la fiesta del fútbol. El 34 no aparece, ‘oiga viejo, nos mandamos con un coche de alquiler, a medias’, ¿Ud. también va la cancha?. Vea el tano zapatero, uno de los primeros jubilados de Grimoldi, se mandaba con un taxi. ¡Qué tal!. Año 1952.
Indudablemente, fue Vicente la fuente de mi afecto. Papá era de los primos. Ud. dirá; que me le hice contra. Rotundamente, no. Contra, fuiste vos querido Antonio, que te hiciste ‘cuervo’, después que yo ‘quemero’. El amor por la camiseta viene de cuna, sino, uno enfila para cualquier lado, ‘todo sé igual’, para el caso, según el barrio con que se mire.
Ya en la pista, la Medalla Milagrosa, me anima a continuar reflexionando. Al tomar el taxi por Av. Garay y su cruce con el pasaje Danel, veo mucha gente esperando el tranvía 73, ¿no estará el gordo Homero para ir a alentar a nuestro Globo?. Lamentablemente, hacía un año, que se nos había ido para sumarse a la hinchada quemera del cielo. ‘Nostalgia de los años que han pasado’.
El coche de alquiler, enfila por la Colonia plateista. La ‘popu’ por Luna. El nene de ocho años; sorprendido. Le habían hablado en el ‘cole’, sin entender mucho, sobre las maravillas del mundo y como arte de magia le aparece una: El Palacio, a Ricardito la saltó un botón del tirador, menos mal que le quedaba otro, sino se le caían los ‘lompas’ de la emoción.
Ah, la pista. Un par de vueltas más, después de saludar el flaco Abel, mi mente continúa absorbida por el Globo. Pucha que año el del 52’. Jubilado, trajeado, taxi, platea, no se andaba con pequeñeces. Y le digo, hasta demandó tiempo, entreverarse con el vehículo. ¿Eran pocos, ó la demanda era abundante?.
Extasiado en la Alcorta, con torre de frente, de repente, “Sopla un viento….” y la blanca con el globo rojo. Me va creer, si le digo, que se me rompió el otro botón del tirador y chau. Los primeros ídolos del nene aparecen. La guapeza de Caggino. El peruano Valeriano López, que en reserva, de visita, a San Martín, le hizo un gol al Chaca de zabeca de media cancha ¿será verdad?, y Ricagni, goleador como pocos. Pero el que persistió, fue el bueno de Cacho Filgueiras, marcador seleccionado. Además, creo, que todavía por ahí andan, con el globo en el pecho, Naya y Romeral. Bravo muchachos.
Ojo al pomo, que antes de mi debut en el Palacio, ya la abuela ‘China’, me hizo sufrir la pelea por el descenso. Hacía los nudos en el pañuelo, prometiendo, y haciéndome prometer, que no lo desataba si Huracán no ganaba. El famoso ‘santo pilato’
Mamá Elsa, la ‘profe’ de piano, no se quedaba atrás. Por ella, supe la existencia del “Mortero del Globito”, hasta me enseñó la pieza musical; “Y si tira Massantonio, no hay que hacerle ya está el gol….” Con el tiempo, me enteré que había otro Mortero, pero no de mi palo.
Aunque no lo crea, tiro unas vueltas más a la pista, ¡qué tal Beto!, pero al Globo lo tengo, además del corazón, pegado en la mente; y reflexiono.
Lamentablemente el 52’, que empezó bien, terminó mal. ¡Qué ocasión!, se imagina Ricardito, el primer año y campeonar. Posibilidades, muchas, con el triunfo, el campeonato era casi un hecho. Primer tiempo uno por bando. Final 7 a 1 abajo. Decían los grandes, que un anuncio inoportuno, provocó el desastre. Al presidente, que contribuyó en mucho a hacernos grandes, le faltó tacto para el manejo de ciertos códigos futboleros y chau, la cosecha no se pudo levantar. La verticalidad hay que aplicarla en el ámbito pertinente. No fue así. Si habré pataleado para ir al famoso partido con River. A pesar del mar de lágrimas, el destino o la experiencia de Vicente, me exiliaron en un teatro. Entre acto y acto, apareció un tipo con una pinta bárbara. ¡y este de qué la va!. Simplemente, anunció el resultado. Fue, 50 años atrás, todavía recuerdo su cara de satisfacción, la mía, de bronca, ni le cuento. Me resistí a creerlo y persisto. ¿no habrá sido una joda?
Las piernas de Ricardo aguantan, mientras la mente fluya, las ‘napier’ tiran. Busco al profesor Miori, y no lo encuentro ¿sé piantó para arriba? Y reflexiono, monotemático.

Globo, las alegrías fueron escasas. Pues, para una Institución que tiene, supuestamente, cinco tan solo por encima, salir segundo es un fracaso. Pero a veces, hay que saber salir segundo, para luego primero. No hay festejo, sí experiencia y optimismo.
El 73’ fue y no usufructuamos el envión, estábamos para un lustro de reafirmación de grandeza, lástima.
Se acuerda, le conté mi primera experiencia clásica en el Gasómetro, allá por el 53’. Platea baja de los pibes, gol del ‘payo’ Pelegrina, trifulca y otras yerbas (v.Barriada). Trataré de contarle la última, le aseguro que vale la pena, no me deje solo, no lo voy a defraudar. Mientras tanto corro, el flaco Abel y Beto, esta vez juntos, me zarpan y saludan jocosamente, no saben que estoy en otra, chau, yo sigo con mi Globo en la mente.

Era la primavera avanzada del 90’. Ricardo, estaba saliendo de las secuelas que le dejó un accidente casero. Los primos, locales en Ferro. Me veo, caminando por Avellaneda en busca de la tribuna visitante, que para la ocasión se había mudado a la local. Remera, pantalón amplio, pues debía darle lugar al de lycra que desde la cintura a los pies, inclusive, llevaba desde febrero como remedo de quemaduras. Mamita, ¿qué lorca?. Sentado, relojeba el ambiente desde temprano; era como pispear las cartas a ver que sapa. La acumulación de personas, originó el parate y problema a la vez. Efectivamente, no estaba en condiciones de bancarme en par de horas de dorapa. ¿Qué joraca hago?. Me mandé a la platea. Ah, no le dije, era ‘boga’ del Globo, como si fuera letrado en causa propia, sabe. Y Huracán, para el caso, lo era. Viera viejo se sufre el doble, hasta hacerse imposible el ejercicio de la profesión; como si un médico atendiera a su madre y demás familiares directos.
Muy a pesar mío, y con las incomodidades, que Ud. futbolero, sabrá comprender, me instalé en la platea. Por lo menos estaba sentado y cerca de nuestro Turquito, que ese día no jugaba. ¿lesión? ¿suspensión?, la verdad no recuerdo. Pero ahí estaba, era una compañía que me daba fuerza, a pesar que no tenía el gusto de conocerlo personalmente.
Estadio repleto, dos grandes, jugando el clásico en cancha chica. El primer tiempo se pasó, como quien no quiere la cosa. Allá por los treinta y monedas del segundo, Borghi ‘el exquisito’, muestra su calidad en un pase a Hugito, sí ‘moralito’, el mocoso no se amilanó y en su debut, le mete un semipase de gol al querido Herrero, la otra mitad del gol fue entera del Negro, que dibujó dos amagues para que un par de hombres del Ciclón siguieran de largo, toque ‘huracanado’ y …. grito el gol como nunca, un poco por el clásico y otra por la revancha de la vida que Dios me estaba otorgando. Me veo besando una pelada desconocida, y abrazado con Mohamed a la distancia. Si habré dado sobe a desconocidos. Nunca con beneficio de inventario, lo que venga; barbas, sobacos en mal estado, todo permitido. El gol del Globo, habría el camino a la orgía de abrazos y besuqueos.
No crea, que con el relato, detuve la corrida, van 10 vueltas y tiro un rato más. Por ahí imagino a mi compadre Carlos, imposible, fue el que me llevó al vicio y luego me largó en banda, gracias igual. Y reflexiono con el Globo. Vieran al finadito de hace unos meses, elevando los brazos al Señor, agradeciendo y gritando desaforado el gol del Negro. Cuando aterricé, todo el estadio obró como una tremenda opresión, no pude soportar más la emoción y entre jugada y jugada, medio de disimulo me rajé. Bueno es un decir, me piré de mi lugar ocasional y empecé a dar vueltas por las afueras, en pos de la finalización del partido. Créame, ?fueron los quince minutos más largos de mi vida’, sufrí más que las 16 veces que había entrado al quirófano. Caminaba y caminaba, como haciéndole caso al ‘tordo’. “sus piernas van a mejorar, con gimnasia y trote” “dele y dele”. A mi juego me llamaron. “y coma mucho”, Parece que el accidente había dejado algo positivo: el deporte y el ‘mangare’. Faltando diez minutos, veo rostros disconformes que se retiran de la oficial. “¿Cómo va el partido? “Estos quemeros pu….”.Si supieran, en realidad mi intención no era gozarlos, ni mucho menos, era que quería dejar de sufrir. Faltando cinco minutos, por lo menos no se escucha ningún grito, es un aliciente. Por mi reloj, es la hora. Pero, el adicional. Mi mente, repasó los tres sanatorios que deambulé, y mi vida como quemero; ¿Ésta es la última que me faltaba?, no bancarme el partido. Yo, que me había anotado en todas, hasta en el famoso 5 a 0 a Central en el 73’. Viejo, sepa comprender: hincha seguidor, vitalicio, letrado sentimentaloide en recuperación. En vez de disfrutar, lo sufría el cuasi triunfo. Esa tarde comprendí, que había sido mi último partido clásico. El ‘bobo’ se la venía aguantando desde el 52’. A la finalización, me mandé a la visitante a cantar con mi gente. Luego al vestuario. Abrazos por aquí, y besos por allá. El tesorero, después de cumplir el rito, cumplió con otro: “Tomá Tito, otro embargo”. Ahí comprendí, la incompatibilidad entre el goce sufrido, que solo el futbolero lo meritúa y ser letrado en causa propia. Aguanté lo que pude, hay afectos que no se compatibilizan con la profesión. Ud. me dirá que fui y soy un gil, puede ser.
De pronto, me quedé sin nada, por propia decisión. Sin clásico y sin laburo, pero en paz. La de los cementerios dirá, NO. Libre de ataduras, SÍ. El saber nos hace libres, la posibilidad de optar, y encontré la paz en la docencia y no precisamente la de los cementerios, la de la VIDA. La gratitud de los jóvenes no se emparda.

El Globo me da ánimo para arribar sacando pecho, al tramo final de mi corrida. Pero como podrá darse cuenta, lo sigo teniendo pegado en la mente y en el corazón. Lástima que cuando un crece físicamente, también madura mentalmente, y ‘la pelotita’ se transformó en insalubre para un tipo que trabaja con la mente y debe estar al frente de la juventud dando el ejemplo responsable, como hombre y profe, y el fútbol de lunes a viernes se transforma en un obstáculo para desarrollar la vida en un tipo normal, de cualquier edad.
Pero ojo, si bien no lo veo, el consquilleo me acompaña donde me encuentre, cuando está jugando mi Huracán. Aun hoy, a la medianoche de lunes, radio, ¿cómo le fue al Globo?. Euforia o desazón. De cualquier manera: desequilibrio. Es martes, suena el despertador 6 hs., siete y cuarenta dando clases. ¿Es normal?.
Che Globo, gracias por acompañarme en la corrida. Che Globo, gracias por ser compañía. Che Globo, gracias por ayudarme a vivir. A pesar de los vaivenes de tu vida, che Globo estoy orgulloso de vos y a pesar de los vaivenes de mi vida, cuando en el más allá me encuentre y pueda elegir, seguro que el globo rojo con la hache de Huracán lo tendré en el nuevo cuore y buscaré al inolvidable Miguelito para que me dé la formación del equipo, anunciada por el querido Cacho, pues, sabe el Domingo, con presencia del ‘chiba’, jugamos con los cuervos.

Ricardo Lopa – Boedo, noviembre del 2006