Recoleta: Curiosidades

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David Alleno
David Alleno

¿Una calle de tierra en Recoleta terminando el Siglo XX?

La hubo, y eso hizo que Recoleta fuera uno de los últimos barrios de Buenos Aires en tener una calle de tierra. La calle Sánchez de Bustamante no tenía paso desde Charcas hasta Mansilla: pero cuando se hizo la apertura vial, aproximadamente en el año 1980, se posibilitó el paso de los vehículos (los cuales podían transitar y estacionar), pero, por diferentes cuestiones, comenzaron a pasar los años y la calle, que figuraba incluso en los planos de la época, no se asfaltaba, lo que brindaba el increíble espectáculo de una calle semejante a un baldío en uno de los barrios más elegantes de Buenos Aires. Recién quedó completamente pavimentada en el año 1995, cuando ya hacía muchísimo tiempo que en nuestra ciudad no existían calles de tierra.

El predio que hoy ocupa la plaza Monseñor D Andrea

Mi nombre es Ezequiel María Calónico y quiero contar que el predio que hoy ocupa la plaza Monseñor D Andrea, entre las calles Paraguay, Jean Jaures, Córdoba y Anchorena, figura en el Mapa Interactivo de la Ciudad de Buenos Aires hasta, por lo menos, el año 1965, como ¡una manzana completamente edificada! Cualquiera puede verlo en la web que mencionaba anteriormente buscando la vista aérea correspondiente a ese año; también se la puede ver así en la vista del año 1940, publicada en ese mismo sitio. Para los vecinos de este espacio verde, que lo percibimos como si hubiera existido desde siempre, nos resulta increíble que en la misma superficie donde hoy juegan a diario cientos de niños haya habido una vez una manzana totalmente edificada con sus edificios, sus terrazas, sus patios, sus sanitarios, sus cocheras y sus zaguanes.

David Alleno, un inmigrante italiano, fue cuidador del cementerio de La Recoleta durante 29 años y también participó de la construcción de alguna de las bóvedas.

Desde que ingresó a trabajar en La Recoleta tuvo el deseo de que esa fuese su última morada, así que compró una pequeña parcela, construyó la tumba, y luego ahorró el dinero necesario para adquirir una estatua que lo representase. Cuando tuvo lo necesario, viajó a su Génova natal para que esculpiesen su figura, y cuando estuvo terminada volvió con ella a Buenos Aires. Él mismo instaló la imagen en lo que sería su sepultura, y cuenta la leyenda que cuando estuvo satisfecho con el resultado se suicidó para descansar en ella eternamente. Corría el año de 1910. Desde hace décadas, los serenos cuentan que por la noche se oye en las laberínticas callecitas del cementerio el suave tintineo del manojo de llaves que Alleno llevaba colgado en el cinturón para entrar a revisar las bóvedas.