PICHUCO, “Tus ropes y vos Julián” por Ricardo Lopa

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La pucha Julián Centeya, qué relación entre tus perros y vos. Amigos de rofie, esos no te fallaron. Fieles celosos de tu persona. Le disputaban la preminencia a tus muchachas. Entre vos y yo, ¡a cuántas minas les habrás dado el piro! a tus ropes, jamás.

A tus gomías los ubicás con la persona y el lugar que más querés; Pichuco y su bandoneón. Y le parlás al dogor Troilo; “tu jaula es el paraíso en forma de bandoneón que irradia notas que se hacen melodía. Alguna vez toman el sonido de pájaros que cantan y cantan, otras la de ropes, alegres compañeros que me bancaron en las malas cuando todos se piantaban”

Le hablás del rope que emigró con la familia desde la Italia natal, Pri – pri. Agregás que cuando tuviste que acoyalarte en la bendita Buenos Aires, pibe, muy bepi, fue tu ladero que parece volver en la melodía que dibuja las notas de tu fueye, che bandoneón.

Cada tanto concurría al bulín de visita una muchacha que te pedía mucho y solo le dabas cariño, a lo sumo llegó a ser cotorro. Pero siempre, siempre hubo un rope amigo incondicional, que nunca te pidió nada y te dio todo.

“..En tu fueye está el ladrido esdrújulo de mi perro Chango cuya ternura me lengüeteó su sed de ñorica (80)

Pichuco y la cuota de oreja fresca presta para vos Julián y le parlás:

Chango , rope callejero. Me quería, pero, cada tanto se iba de gira, después aparecía. Parece que el tipo tenía sus amores por otros barrios. Por mentas uno se enteró que el quía se la jugó por su hembra. Prueba de ello son los magullones con los que reapareció, pero no vino solo, la minusa lo siguió.

Celoso el rope punto, me quería, pero me absorbía. Era patrón y soto, taita del arrabal, me celaba más que las muchachas. Cuando me piantaba a bolichear, pataleaba el cabrón, grandes caricias para compensar. Amigo y parientes rajar. Abstenerse, pues ahí en la tapuer estaba Chango para hacerse sentir a su modo, que llamamos ladrar.

“Chango…¡Qué perro! No me dejaba salir, ni quería que me visitaran los amigos… (81)

Guapo y varón ese Chango, no respetaba ni al patrón. Nos disputábamos el liderazgo, hasta en el trance del combate me mordió. Yo muzzarella, gomía sí, botón, nunca.

“Chango…Una vez me mordió…Me mordió fulero, ¿sabés?… Se juntaron los vecinos…Empezaron a gritar…que estaba rabioso… Que tenía que llevarlo al Pasteur. ¡Al Pasteur! Y yo no lo llevé… ¿Cómo iba a meter en cana a mi propio perro…? (82)

“…Y Malambo
Que murió en mis brazos… (83) 

“Chango y Malambo murieron –recuerda-. Están enterrados en el jardín de casa (en pasaje Sócrates 3045). Chango está al pie de un jazmín paraguayo…” (84)

Y Pichuco te batió, escuchá Julián, ahí va: La sensibilidad del poeta, se pone de manifiesto en el trato con las personas y con su amigo incondicional, el animal. Boedo que tuvo cultura y poetas, antes que fuera barrio oficial, en su representación con Cátulo y vos Julián fueron más que trompas, compinches de los ropes que sabían acariciar.

Y vos Julián, tirás que salías de joda con Chango, hasta consejo te daba de tanto la vida mundana frecuentar. Y le parlabas y te contestaba, lenguaje que en la relación siempre los dos se supieron comprender, ah, no preguntar cómo, ni porqué. Y los dos eran un poco hombre y un poco perro. Y los dos tenían un amigo en común, yo Pichuco y mi bandoneón.

Yo le hablaba a mis perros de vos. Gordo,
Y un fabuloso entendimiento
Nos juntaba
Y yo crecí hasta perro
…(85)

Bibliografía

  • (80) “Pichuco”. Centeya. La Musa del Barro, pág. 65.
  • (81) “Pichuco”. Idem.
  • (82) Galasso,N. “J.C.El poeta de las musas reas” pág. 58 Ed.Corregidor. 2007.
  • (83) “Pichuco, Idem”
  • (84) Galasso, idem
  • (85) “Pichuco”. Centeya. “La Musa del Barro” pág. 65. 
Ricardo Lopa
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