Marcelo Silvera: La República verde y negra

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Mi nombre es Marcelo Silvera, soy periodista, estoy radicado en Villa María (Córdoba) y he crecido y estudiado en Mataderos. Cada recuerdo mío está impregnado con el aroma del matadero, con los saltos de los adoquines de Corrales y los colores de Chicago, si hasta suena con el ritmo de Memphis!
Acá las mando un relato que escribí para nuestra República y un fuerte abrazo a los amigos que quedaron allá.

La República verde y negra

Ni los turistas ni los propios habitantes pueden creer que en pleno siglo XXI exista un lugar en el corazón de Buenos Aires donde se respire campo. La tradición se incrustó como espuela en el ritmo de vida y se negó a sumarse al crecimiento de este segundo mundo. No se trata de un lugar común porque en él conviven diferentes sentimientos pero todos convergen en la pasión, basta con decir que hasta los otros barrios han aceptado su denominación de República.
Aquél sábado por la mañana nos despertaron los acordes de la vigüela de algún payador que calentaba las cuerdas para la feria. Los caños metálicos sonaban rítmicamente mientras los artesanos armaban sus puestos entre mates de guampas y rastras con brillosas monedas de 100 pesos, aquellas con la cara del general San Martín que dejaron de circular en el Œ84.
El humo de un medio tanque comenzaba a ganar altura y los trabajadores de los cientos de frigoríficos esperaban por su pago semanal en el bar de la esquina. Los caballos llegaban temprano y recorrían la avenida Tellier (luego Lisandro de la Torre) como reconociendo el terreno donde más tarde correrían las famosas carreras de sortija.
Unas cuadras más allá, el allá siempre estuvo del lado de provincia rumbo al puente, los muchachos de Los Perales destapaban otra cerveza rubia con el culo del encendedor; para ellos no era temprano, todavía no se habían acostado. Sus ojos delatores divisaban la patrulla y alguien pegaba el grito: -Allá viene la yuta!-, siempre era el gracioso de la remera de 2 Minutos. Faltaban 7 horas para el partido de Chicago con Almirante Brown y el verde y negro comenzaba a llenar las ventanas.
La feria ya estaba armada y los primeros visitantes llegaban a este oasis folklórico en una jungla de cemento. No era extraño oír frases como: -Look that!- o -Tem ponsho?- Los choripanes estaban listos en el Resero y en el bar de la esquina ya se habían gastado un cuarto de lo cobrado mientras esperan por el asado hecho en una gran parrilla.
Cuando se hizo la hora todos se dirigieron a la cancha de riguroso verde y negro, Chicago jugaba con su archienemigo y había que apoyar. ŒA la cancha vengo. hay que pedo tengo. de Chicago soy.¹ cantaban los muchachos en el ingreso.
Durante 105 minutos todo el barrio se paraliza espectante de la número 5, muchas veces ante el asombro de algún visitante, pero nada de todo esto es extraordinario, es sólo un día más de pasión en la República de Mataderos.

Marcelo J. Silvera
Puntal Villa María
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