Alberto Pereira Ríos – Los Varela, una familia villamitrense – La Fundación

0
8

– I – La fundación –

Alberto Pereira Ríos - Los Varela, una familia villamitrense - La Fundación
Alberto Pereira Ríos – Los Varela, una familia villamitrense – La Fundación



25 de Mayo de 1918

Había convenido reunirse con correligionarios y amigos durante la noche en el domicilio de don Manuel Novo ubicado en Nazca 1846.

No eran aún las veinte de aquel día especialmente emblemático.

Las blancas agujas de la lluvia caían en persistente llovizna sobre la calle Nazca. Para hacer tiempo entró en el café de Luis Cirisi (1) ubicado a solo una cuadra del lugar de la reunión. Mientras se quitaba el impermeable percibió que el lugar estaba colmado de parroquianos. Avanzó no sin dificultad por el salón, buscando encontrar algún lugar, al cabo sintió mencionar su nombre. Advirtió con agrado que era don Pedro, amigo y correligionario que le hacía señas para que se acercara a su mesa, ubicada frente a la ventana del fondo.

Don Pedro Varela era un antiguo y respetado vecino del barrio. Se sabía que había participado en algunos episodios que dieron origen al partido de gobierno. Cincuentón pero de buen ver, tenía todo el aspecto del porteño de esos días, mirada franca y penetrante, mostacho tipo manubrio (2) gorra blanca requintada hacia la izquierda y ese hablar tan peculiar y cadencioso propio del habitante del suburbio.

Departieron ajenos al vocerío, a las estridencias del servicio y a los topetazos de las bolas de billar.

-¿Anda paseando, Juan? (3)

Algo así, tenemos una reunión con los muchachos en lo de Manuel Novo.

-¡Ah! … acá nomás en la otra cuadra. ¿Y anda con tiempo?

-De sobra, nos citamos a las nueve y media.

-Tiene un tirón todavía-

-Mire, al lado suyo, se pasa rápido el tiempo.

-Si usted lo dice, se agradece pero …

-Es la verdad. Siempre tuve la intención de saber de buena fuente que pasó en los cantones (7) del “90” y como según las mentas usted fué de la partida, me gustaría, me contara su experiencia.

¿Qué le puedo servir? -preguntó el mozo a Juan-

-Vermú con ferné-

-Y pamí, traiga otro cañonazo (4)

-No veo porque no. De aquella época tengo un par de recuerdos imborrables, una reguera que ha limitado mi movilidad y otro tan doloroso que todavía lastima. Pasa que era muy joven entonces, tenía veinte años. Una época en la cual uno cree que todo durará para siempre.

-¿De que se ocupaba en ese tiempo, don Pedro?

-Era cuarteador (5) nací en Balvanera y fui de los cívico de Alem, (6) después, ¡radical de pura cepa!

-Mire, para mí su testimonio tienen tanto ó más valor de lo que uno encuentra en los libros. (8)

-Se que le gustan esas cosas del pasado. ¿Sigue estudiando historia?

-Ya soy docente, pero el tema no se agota nunca.

-Sí entiendo, bueno mire, para complacerlo le diré que la revolución del noventa se hizo en los papeles para ejercer la libertad de sufragio, para terminar con la corrupción y hacer que se respetaran las libertades públicas, o sea, liquidar a un régimen injusto, donde los privilegiados fueron y son siempre los dueños de la tierra y de los patacones. Ni más ni menos que para eso. Aunque para serle franco, hoy día pienso que todo aquello fue un poco al ñudo …

– Por lo que recuerdo, todo empezó en la madrugada del 26 de mayo; llegué con los primeros al Parque (9) a eso de las tres y media de la madrugada. Pero antes de seguir con la relación debo decirle que al presidente (10) lo habían puesto a dedo la Liga de Gobernadores, manejada por el verdadero patrón de la estancia, que fue y siguió siendo, el general Roca, por algo le decían el ¡zorro! Al final, la revolución le vino como anillo al dedo porque su concuñado, el presidente, había tratado de despegarse de su influencia ¡el muy ingenuo!

-¿Y que pasó en el Parque?

-Cuando entramos al edificio (El viejo parque de artillería estaba ubicado al lado de lo que es hoy el edificio de los tribunales) había ya en una de las habitaciones como veinte civiles pidiendo armas. En la contigua estaba Leandro Alem con los demás integrantes de la junta revolucionaria. A eso de la cuatro y media había ya como cinto cincuenta correligionarios. Como al rato, llegó el 5º de Linea. En la medida que iban entrando otros grupos de civiles, arrastraban a cuanto vigilante y cochero que encontraban a su paso. A estos últimos por tener fama de ortivas (11) convenía tenerlos “guardados”.

-Su pedido señores- el vermú con ferné para el joven y el cañonazo pa’ don Pedro.

-A mí me asignaron a la primera compañía de civiles que se armó y fuimos a parar a la azotea. Ni le cuento el frío que “chupamos”, era una de esas mañanas heladas. Algunos se lamentaban no haber traído los ponchos.

– Vamos a hacer un alto Juan, para bridar por el día de la Patria, el fin de la guerra, y porque don Hipólito siga firme en mantener la neutralidad del país.

¡Salud … Salud …!

Bueno sigo contando… al rato pudimos ver desde arriba llegar la artillería y los demás cuerpos de ejército sublevado, que fueron ocupando la plaza Lavalle. Me acuerdo que cada unidad llevaba faroles con vidrios rojos y verdes que era el santo y seña de los milicos. Los civiles adoptamos desde ese día la boina blanca. Había mucho entusiasmo, pero también mucho desorden, y de seguro, provocado en buena medida por nosotros, los paisanos, los que a las ocho y pico, ya éramos más de trecientos.

-Claro que ignorábamos los aprestos de los regimientos del gobierno, sin embargo maliciamos que iban a venirse al humo. A eso de las nueve empezó la función.

El ponderado Parque de Artillería, epicentro de los revolucionarios

Para nuestra sorpresa, pese a la balacera, siguieron llegando más paisanos al “baile”. En tanto, los jefes revolucionarios fueron organizando la gente en cantones, a lo largo y ancho de la plaza.

-Por lo que me está contando permítame decirle que sus jefes resignaron la iniciativa, al adoptar un dispositivo puramente defensivo, ¿o me equivoco?

Don Pedro se encogió de hombros evidenciando cierta pesadumbre; luego por lo bajo agregó:

-Sospecho que estaba todo arreglado para que fuera así…Alguien nos entregó (Efectivamente, el jefe militar de la revolución Manuel Campos, había acordado con Roca los alcances de la revuelta, el trato fue así: Levalle, jefe de la represión, no avanzar sobre los cantones y Campos, no salir de ellos)

-Duele pero es verdad mi amigo, no salimos de los cantones. En cuanto a mí, fui luego a parar, a los balcones del palacio Miró. Después de tres horas de un fuego infernal tuvimos que desalojar la posición con buen número de bajas. Los otros no se la llevaron de arriba, sobre todo en las primeras horas de la acción. Desde nuestra ubicación veíamos que nuestras baterías colocadas en Lavalle y Cerrito barrían a su gente. Las calles quedaron sembradas de cadáveres y heridos. Hombres y caballos rodaban como muñecos para no levantarse. Los tiros de nuestra línea cobraron tanta intensidad que he visto a los de enfrente abandonar sus acantonamientos sobre la plaza Libertad para refugiarse en la avenida Santa Fe. El propio comandante enemigo se salvó por milagro cuando una bala mató a su caballo (12) La confusión y el pánico comenzaron a adueñarse en las filas contrarias.

-En la nuestra había desorganización al punto que en algunos de nuestros cantones se hacían fuego entre sí. Hacia el atardecer del primer día la lucha lejos de decaer entró en su face más sangrienta, las bajas eran cada vez más numerosas. Solo al anochecer amainó el fuego. Se escuchaban solo tiros aislados.

Al amanecer del día siguiente c … de hambre y de frío me asignaron a una mansión de tres plantas ubicada en Viamonte 1249. Estaba allí codo con codo con Marcelito de Alvear, un niño bien de veintidós años, hijo de don Torcuato el intendente de la ciudad. Peliamos en toda la linea como leones, haciendo difícil la situación de las tropas del gobierno. Le había dicho que teníamos que estar muy atentos porque las balas llovían de todas direcciones. A esa altura ya se corría la voz que se nos estaban agotando las municiones.

Al salir de la linea de fuego para buscar reabastecernos, sentí un golpe y un dolor agudo a la altura del muslo izquierdo …

-¡Bajá, bajá! – me ordenó el sargento a cargo-

-Yo no me podía ni mover. Intentaron ayudarme pero el capanga no lo permitió, algo dijo que no podía debilitar la linea por un herido en una pierna. Me incorporé como pude y me fui arrastrando escaleras abajo dejando un reguero de sangre a mi paso. Al fin pude llegar a un patio interno y allí me caer agotado por el esfuerzo. Ignoro el tiempo que estuve, hasta que un grupo de mujeres advirtió mi presencia. Me condujeron no sin esfuerzo a una habitación interior. Allí estaban tendidos sobre una gruesa lona algunos colchones sobre los cuales había dos correligionarios heridos. Una monja con la habilidad de los que saben lo que hacen, me revisó la herida y murmurando, dijo a las otras:

-La bala penetró en el muslo de la pierna izquierda y afortunadamente tiene orificio de salida, pero mucho me temo que habrá interesado el fémur y tal vez la arteria femoral a juzgar por la hemorragia. De momento lo importante es detener la sangre con un torniquete y rezar para que no pierda la pierna. Venga niña déme una mano, es lo único que podemos hacer por este cristiano hasta que termine esta masacre.

-Yo era presa de una cerrazón por el dolor y la pérdida de sangre, en ese trance, solo alcanzaba a escuchar los bisbiseos de las voces de aquellas mujeres.

Al atardecer abrí los ojos. Entre fragancias de agua florida asomó un atento rostro angelical tan hermoso que en verdad creí no estar ya de este lado, me quedé mirándolo fijamente como si fuera a desvanecerse; alucinaba estar allá y que un ángel me recibía y me sonreía. Tenía en su mano un paño con el cual enjugaba mi frente. Me preguntó si mi madre vivía tal como si la hubiera estado evocando.

-¿Cómo, no está contigo? Se hechó a reir, también lo hacían sus grandes ojos grises, transparentes, luminosos. Ella no era un ángel y no me importaba porque yo también estaba de este lado. Se llamaba Sol y desde ese momento, creo que ligué un gran “metejón”.

Cosas que pasan mi amigo, pese a estar en tan tristes circunstancias, estaba como deslumbrado por aquel regalo del destino.

Sol no se movió de mi lado mientras pudo, le pregunté si no le iba a traer problemas estar tanto tiempo fuera de su casa.

-Esta es mi casa, vivo aquí con mis tíos.

Parece grande nó?, no se como habrá quedado del lado de afuera, pero seguro que habrá que hacerle algunos toques… claro, ¡cuando termine todo esto! ¿Y sus padres?

-Su rostro se ensombreció y mirándome a los ojos murmuró: Fallecieron con mi hermano en el naufragio del América (13) fui la única que pudieron salvar, tenía solo unos meses.

-Perdón, lo siento.

-Está bien, no importa, ¿y usted de donde es?

-Soy de Balvanera y allí alquilo un bul … un cuarto … ¡solo!

Mi padre y mis dos hermanos menores son quinteros en Santos Lugares.

-Yo soy cuarteador, pero no se si podré seguir siéndolo, caso contrario me iré a Villa Santa Rita, allí compre un lote hace unos meses y trabajaré de quintero como mi padre.

-¿Es lejos?

-Es un nuevo barrio que está en formación en el oeste de la ciudad.

-¿Irá solo?

-Ojalá sea con alguien de mi agr… No había alcanzado a completar la frase cuando irrumpió en la habitación una dama de contornos esféricos, distinguida y majestuosa, la que, dirigiéndose a la joven con expresión arrogante estalló imperiosa : ¡Sol …! Es hora de descansar…

-¡Ya voy tía!

-¡¡No, ahora!!

Y mirando oblicuamente hacia nosotros dijo con pronunciado desdén:

¡Ah …! la revolución fracasó, no sé que será de los vencidos, pero nada bueno les espera y se marchó con la misma arrogancia con que entró, sin siquiera saludar. Tuve el presentimiento a partir de ese instante que esa mujer no iba a facilitar mi futuro soñado.

Al rato nomás se acercó a nosotros un jovencito de color que dijo llamarse Faustino, quien nos brindó su abnegada asistencia en aquella larga noche. Después me enteré que Sol lo había enviado. El negrito era su compinche y como se verá, tuvo mucho que ver en esta historia.

Apagaron la luz y quedamos envueltos en sombras, que siempre son más impresionantes que la realidad que reflejan. No podía dormir a causa del dolor; en ese trance le pedí fervientemente a Dios que nuestro milagroso encuentro tuviera un final feliz.

El aroma de jazmines les hizo levantar la vista.

-¿Un ramito señores?, conocíamos a la anciana y con gusto le dimos unas monedas.

A través del cristal repararon que afuera seguía garuando sin intermitencias; tal como correspondía a un 25 de Mayo.

Bueno mi amigo, deme un respiro y cuénteme si van a formar un nuevo comité esta noche.

Nada de eso, nuestra intención es fundar un Centro de Fomento.

-¿Pero como, van a competir con La Liga? (14) pensé que ya estaba cubierta esa función, esa gente ya hace como diez años que se ocupa de lo mismo ¿no?

-Sí, fue el 30 de agosto del año ocho, esa fecha la tengo grabada porque ese día ocurrió algo que no podré olvidar nunca.

-Mire don Pedro, en el estado que está el barrio creemos que hay trabajo para todos. Y aquí entre nosotros, no es gente de nuestro palo, pero lo importante es dar solución a las carencias de todo tipo que preocupan a la gente.

-Está bien amigo, esperemos que tengan larga vida. Seguramente a usted se le ocurrió la idea, lo digo porque siempre le han reconocido

Inquietudes solidarias.

-Si usted lo dice, algunos correligionarios son de la patriada (15) espero que esta noche no cambien de idea. Soy conciente que hay que trabajar y mucho, hacer los estatutos, buscar local, idear el nombre, crear sus colores y preparar un proyecto de trabajo y tanto como eso encontrar a alguien que dinamice las iniciativas.

-Es cierto. Y como dice el refrán: – en nuestro bendito país, no hay cristiano sin padrino- ¿Ha pensado en alguien del partido?

_Sí, en el doctor Arturo Bafico.

-Ah bueno, el es muy capaz y tiene con que.

-Mire Juan, si hay que dar una mano acá me tiene.

-Se agradece, mas viniendo de usted.

Y volviendo a lo de antes, no quisiera ser indiscreto, pero …

-Claro, me imagino que le gustaría saber como terminó mi historia personal.

-Venía todos los días a verme al hospital. Era el único consuelo que tenía en esas horas. La acompañaba siempre Faustino portador de mis necesidades materiales. Nunca antes había experimentado el deseo de ver a alguien a toda hora y para siempre. Me atormentaba solo de pensar en perderla.

Salí con muletas la segunda semana de junio que al tiempo las cambié por un bastón.

Nos reuníamos un rato tres veces a la semana antes de sus clases de piano en un café de Montevideo y Lavalle. ¡Pobre! no siempre encontraba pretextos válidos, para pegar el faltazo. La fugacidad de nuestras citas, me hacía contar los días, las horas y los minutos pensando en el reencuentro. Lo que quedaba del día eran horas vacías.

Por imposición de la tía, Faustino la esperaba a la salida de sus clases, a través de lo cual, presentí que sospechaba algo de lo nuestro. Los dejaba a prudente distancia de su casa, no quería causarle problemas. Quiso conocer mi cuarto y hacia allí nos encaminamos todas las veces que nos fue posible, ávidos de la intimidad que requiere el amor.

Sin embargo Juan, nuestra felicidad se enturbiaba pensando en el futuro inmediato, la diferencia de nivel social hacía dudosa una relación basada exclusivamente en la comunidad de nuestros sentimientos. Ella era conciente de tal circunstancia pero se rebelaba hasta el punto de no importarle más que nuestro amor.

-¡Quiero irme contigo, Pedro! Era romántica e inocente. ¡Que triste era su llanto …! Me hubiera sentido un canalla si me hubiera dejado llevar por un ciego impulso, porque la amaba más que a mi vida, lo mejor que podía ofrecerle en ese momento era actuar pensando en su bien. Fue entonces cuando le dije que no era el momento, porque antes era mi deber de hombre, garantizar nuestro futuro y el de los hijos que vendrían.

Hasta que no tengas la edad legal que te libere, tus tíos son los que definen tu presente. No deseo que te conviertas en fugitiva y tengas que arrepentirte en el mañana. Lo aceptó a regañadientes. Prometimos esperar el tiempo que fuera necesario y juramos eterna fidelidad a nuestra apasionada promesa. Recuerdo que ese día puse en sus manos, el único recuerdo que conservaba de mi madre, un camafeo con la imagen de la Virgen tallado en ónice. En ese momento pasó por mi mente como una ráfaga la pesadumbre de un mal presentimiento.

Tras lo dicho guardó pesaroso silencio como si su mente estuviera más allá del vocerío y del fragor circundante.

-Es una triste historia Juan.

-Así es, mi padre decía que un hombre es la suma de sus infortunios.

Dos días después, la esperé en vano en el café. Pensé que estaría enferma. Me encaminé presuroso a la academia Frente a la entrada estaba Faustino, aguardándome, no esperaba que serían buenas las noticias.

-Señor Pedro, se llevaron a la niña Sol.

_ ¿Cómo decís?

-Sí, su tía no le dio tiempo a nada, la vigilaba, ¡pobre niña! Trató de mantenerse serena, pero como la conozco, antes de partir le ví lagrimas de dolor.

-“Dile que jamás olvidaré sus promesas” y que le pedía a la virgen que usted tampoco lo hiciera.

Sabés para donde rumbiaron?

-No, pero puede que a alguno de los campos del señor.

Le dejó este sobre. La nota contenía solo unas pocas palabras: – No sé donde me llevan pero siempre te amaré, Sol.

-Sentí bronca, impotencia. Presentí que todo había cambiado para mí.

Pasó el tiempo, un frío atardecer de agosto, regresaba a mi bulín, después de guardar carro y caballos en el corralón. Divisé a Faustino plantao en mi puerta. Percibió la ansiedad que reflejaba todo mi ser y se puso a llorar desconsoladamente. Me quedé sin palabras, no, no, no quería escuchar …

-¡La Niña está con Dios Pedro!

Quedé como paralizado, solo atiné a poner mi mano sobre su hombro, no podía hablar. Di la vuelta y me fui sin saber por donde iba y hacia donde lo hacía. Algo Escuché a mis espaldas: fue la difteria … ¡no sé! (17)

Quedaron en silencio.

Semanas después, hice el bagayo (16) y rumbié pa’ los Santos Lugares. Los lazos familiares me ayudaron a sobrellevar mi dolor. Mi padre me enseñó a trabajar la quinta y el tambo. Con ese oficio y unos patacones me trasladé a Santa Rita. Llegué en noviembre del noventa y tres. Sin embargo, la vida con sus vueltas me iba a deparar otra gran emoción.

-Pasaron ya veinticinco años y aquí estoy, eché raices, me gusta el barrio. Lo vi nacer, llegué solo unos tres años después del loteo de la quinta Santa Rita que dio origen a la barriada. Fui de los primeros en comprar una parcela, ubicada sobre la calle San Julián (18) que en los primeros años, se la identificaba con el número “6”

-¿Así que estaba numeradas?

-Solo las de orientación este –oeste. A fin de ese año les dieron nombre a todas. Recuerdo que la calle Terrada fue la primera que se abrió totalmente, desde Gaona Jonte.

-¿Cómo era el barrio cuando usted llegó?

La mayoría de las calles no estaban abiertas, porque los ocho ó nueve grandes propietarios, tenían el 80% de su superficie y no cedían los tramos que atravesaban sus fracciones. Estos fueron compradores solo con fines especulativos, esperando el momento oportuno para vender por “cuatro lo que compraron por uno”.

Los verdaderos pioneros fueron los que se afincaron en forma permanente y que construyeron sus hogares con el esfuerzo de toda su familia.

Me han dicho que uno de los grandes propietarios fue el Dr.Luis Sauce.

-Sí lo fue, pero en verdad nunca supe la ubicación exacta de su tierra. Pero ese nombre era muy difundido en esos años. De allí que a la denominación original del barrio, la costumbre le agregó el apellino del fulano. Y así quedó durante un tiempo, con el nombre de Villa Sauce Santa Rita.

La mayoría de los primeros lotes se vendieron a obreros y algunos empleados. El precio se abonaba en cuotas mensuales a largo plazo, sistema que se había adoptado por entonces. Y así fueron apareciendo las primeras viviendas provisorias en forma de malos ranchos de adobe, entre los que estaba el mío. También he visto cuartuchos en los que predominaba como material las latas de los tachos de petróleo. Por su corto número aparecían como aisladas en medio de potreros, hornos de ladrillo y quintas de verdura, algunas hasta de quince hectáreas de extensión. Había que tener horario de gallina, porque no había nada, algo así como estar en el medio del campo. Las cosas comenzaron a cambiar en el año siete, pero esa es otra historia.

-¿Y como se arregló para salir adelante?

– Y…mi amigo, a la fuerza ahorcan, arrendé a los Márquez cuatro hectáreas, me hice quintero y vendo toda la verdura y los productos de granja al mercado de Flores. Y así, fue pasando el tiempo. Otra de las fechas que nunca olvidaré fue el 20 de diciembre del noventa y siete. Eran como las once y estaba trabajando en la quinta cuando escuché al peón que me llamaba.

-¡Oiga don!, en la esquina hay un fulano que lo busca, casi me lo confundo con Gabino el payador, por su apostura y su color.

-¡Quedé azorado! instantes después, me dirigí al lugar acompañado de una multitud de imágenes agridulces que se habían adueñado de mi mente. Felizmente mis presentimientos se habían hecho realidad al ver a mi amigo Faustino que me miraba sonriente.

-¡Hola Pedro, que gusto verlo de nuevo!

-Es una gran alegría tan inesperada y no menos esperada, mi amigo. Pero, ¡ni que fuera adivino, como supo…!

-Pasa que por estos lados, es más popular que don Hipólito.

-¡Bienvenido amigazo! pase, pase, usted sí que me trae recuerdos …de toda laya

-Y algo más, se dio vuelta y llamó a alguien que estaba detrás del cerco de tunas. ¡Martina!, acércate; al instante apareció frente a ellos un niña como de ocho años, que avanzó con resolución.

Este hombre es tu padre, a quien tanto querías conocer y agregó dirigiéndose a Pedro: Es muy hermosa, casi tanto como lo era su difunta madre.

Por un segundo., Pedro creyó tener frente a sí, la visión de un rencuentro soñado. Cuando volvió de su fantasía, solo pudo decir con contenida emoción: ¡Que lindos ojos tienes, grises, como los de tu madre!


1) Estaba ubicado en Nazca 1779

2) Con las guías hacia arriba

3) Se refiere a Juan Faruolo, precursor y coofundador del Centro de Fomento Villa Gral. Mitre (Hoy Ciencia y Labor) y líder de dos generaciones de fomentistas.

4) Caña doble.

5) El que presta auxilio a vehículos atascados en el barro, mediante la cuarta.

6) Leandro n. Alem 1844-1896 Fundador de la Unión Cívica Radical, acaudillo el movimiento revolucionario cívico-militar que derribó a Juárez Celman.

7) Lugares donde estaban ubicadas las fuerzas revolucionarias, balcones en torno a la plaza Lavalle.

8) Juan Faruolo fundador del Centro. Fue docente, periodista y reconocido ensayista de temas históricos-sociales.

9) Se refiere al antiguo edificio del parque de artillería que estaba ubicado frente a esa plaza.

10) Se refiere a Miguel Juárez Celman, presidente de la Nación entre 1886/90.

11) Delatores.

12) Se refiere al general Nicolás Levalle 1840/1902

13) Barco que prestaba servicios entre Montevideo y Buenos Aires, naufragó el 24/12/1870 en el cual, perecieron 170 personas.

14) Se refiere a la Liga de Fomento Villa Gral. Mitre (hoy Club Mitre)

15) Se refiere a la reunión que dio origen al Centro de Fomento Villa Gral. Mitre.

16) En lunfardo: paquete. Diccionario Lunfardo de Gobello José.

17) Difteria: enfermedad contagiosa caracterizada por la formación de falsas membranas en las mucosas.

18) Hoy Gral. César Díaz

Alberto Pereira Ríos email 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.