Jorge Viera: Recordando su barrio natal

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Hola

En una oportunidad anterior escribí en este sitio de “barriada.com.ar”, compartiendo mis memorias con otros, que como yo, encontramos este lugar donde expresar nuestro cariño y anécdotas vividas en las calles de nuestro inolvidable “Villa Real”.

Hoy quizás la nostalgia y los años vividos fuera de Argentina, me han llevado una vez más a contar otra faceta de mis recuerdos… la gente que me tocó en suerte conocer durante mi infancia en el barrio.

Creo que los recuerdos que quedaron de mi “tío Jose”, Guillerma y Luis, tipifican la forma de ser, de los vecinos de esa época.

Mi tío José, su compañera Guillerma y su hijo Luis, eran vecinos de 2 o 3 casas de por medio de donde vivía con mis padres Rodolfo y Mila y hermanos Dante y Delia (menciono los nombres, porque quizás le sirva a alguien como punto de referencia para amarrar sus propios recuerdos).

José, Guillerma y Luis, sin tener vinculos familiares, me “adoptaron” como un sobrino chiquito, y el cariño dispensado por ellos, me hizo fácil, diría casi natural, de tomarlos a ellos como parte de mi familia.

El tío José, instaló una calesita en la esquina del pasaje Ostende y la avenida Beiró, donde recuerdo haber pasado algunas tardecitas de calor, ayudarlo a poner la música y con una palanca enganchar el motor que movia la calesita… esta actividad que él me enseñó, junto a manejar la “sortija”, creo fue fundamental en mi formacion de tomar responsabilidades y la confidencia de que todo se puede aprender con alguien  que quiera enseñar.

Lo mismo ocurrió con la segunda calesita, instalada en la esquina de Beiró y General Paz, y que era tirada por un pony.

Luego tuvo un reparto a domicilio de leche suelta y otros productos lácteos, con un carrito lechero que recorría  Villa Real y parte de Devoto y Versalles.

Allí, mi “primo” Luis volvió con cariño y paciencia, a repetir y reforzar la confidencia ganada en las calesitas, enseñándome a manejar el carro por esas calles que movían algún colectivo y poco tráfico, comparado con lo que debe ser hoy en día.

Y ni que hablar de Guillerma que cocinaba deliciosas comidas, donde el sabor era elevado por la dedicación y el cariño que le ponía a todo lo que ella hacía.

Los años pasaron, ello se mudaron a Mercedes, en una casa quinta donde tengo otros hermosos recuerdos de mi adolecencia, y hoy los tengo vivos en el corazón junto a mis otros seres queridos, ya que también fueron parte de mi formación como adulto que atesora gratos recuerdos grabados con el cariño que me brindaron.   

Estos eran los vecinos de esa época y, estoy convencido, que no eran los unicos… en ese mágico barrio, allá por los años 50, ojalá alguno pueda a través de este medio hacernos conocer algunos de los vecinos que le dejaron marcas inborrables como me sucedió a mí.

Un saludo respetuoso a todos aquellos que de vez en cuando frequentan este sitio, y mi gratitud a los que mantienen este sitio, que nos dan la oportunidad de compartir recuerdos.

Jorge