Jorge Raschella: Lugano Tiene Magia II

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Yo coincido con María Rosa en eso de que Lugano tiene magia y siempre lo creí desde chico, un no sé qué, quizás será por su historia, o su infraestructura barrial  no se pero recuerdo que para mi todo era mágico desde cruzar la avenida Cruz para ir a la iglesia Santo Cristo hasta bajar con las bicis desde Montiel bien arriba y largarnos hasta la esquina de mi casa en Montiel y Barros Pazos, ir corriendo por la plaza Sudamérica y muy chiquito tratar de trepar a las estatuas y tocarles el rostro pétreo y decirles – «hola estuatas» -,  con mis escasos cinco años en aquél entonces,  y además es cierto cuantos éramos en la cuadra y jugábamos a todo desde las figus, a la escondida, la mancha, las peleas los chicos del barrio no nos aburríamos así nomas, no existía la compu ni los celus, había más contacto lúdico.