Jorge Nadín: En San Juan ahorrás vida

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La vida se pasa, es inexorable. En San Juan aprendí a abrir las ventanas de par en par, que entre el sol por la mañana, a sentir el aroma de los jazmines y rosales en primavera y verano y los azahares en primavera. El cielo azul intenso, las noches sin smog, los ruidos del silencio a las tres de la mañana, la plaza del barrio, con sus árboles majestuosos, la sombra del verano, el sol del invierno. Aprendí que caminando por las calles hay gente diferente, no por eso ignorante pero si ignorada, descubrí que a un chico Dawn le podía enseñar a amasar con si fuera plastilina, cuando aprendió y me mostró lo que hacía supe que el tiempo de vagancia en el colegio había quedado atrás, descubrí a darle de comer a un perro hambriento, con la satisfacción de que ahora me mueve la cola y me salta cuando voy llegando a casa, vive en todos lados pero me enseñó que con cariño y repeto se consiguen cosas mas importantes que un auto y una fantasía ignota. Descubrí que cada día que me despierto tengo a mi esposa e hija al lado mío y aunque hayan pasado 23 años, la pasión se va pero el amor queda, todavía nos damos un beso a la mañana. Descubrí en San Juan, que todavía la gente te saluda por la calle, me costó acostumbrarme, y aunque a mi Buenos Aires querido lo extraño, aquí aprendí a vivir mas pausado. Una vez haciendo el curso de montaña, me dijo un baqueano antes de emprender el ascenso al Aconcagua: camina como viejo para llegar como joven, y es cierto, fue tan lento mi ascenso que dominamos al cerro y no el cerro a nosotros, llegue como joven, eso lo tome como una filosofía de vida, a veces para fumigar hago 16 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, me preguntan como hago, es simple paseo, disfruto cada pedaleada, descubro cosas, imágenes de gente, cosas, no pienso en lo que voy a ganar, si bien ese es el fin, pero aprendí a que las distancias se acortan. Sabés hermano cuanta vida ahorras, le enseñe a mi hija que después de dejar de fumar, ya van 18 años, empecé a ahorrar un poco mas de vida, que lo había hecho por ella porque era tanto lo que habíamos ansiado tener un hijo que bien valía la pena hacerlo. Saavedra me hace ahorrar vida con sus recuerdos de infancia, ustedes, mis amigos de antaño y de ahora me hacen ahorrar vida, porque los recuerdos son vida, la nostalgia es vida, el barrio me enseño parte de eso y San Juan no hizo mas que darme el empujón para esperar la muerte toda la vida que sea necesaria. Los quiero mucho a todos y ojala, aunque diferencias existan , la vida, Saavedra, La Asunción, nos siga dando la oportunidad de esperar la parca con la satisfacción de haber vivido plenamente.

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