Jorge Micko: Monumento a Belgrano

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Como bien se cuenta en las breves historias de esta página sobre los barrios, Belgrano se incorporó a la Capital junto con Flores recién en el año 1887.

Transito el barrio de Belgrano desde hace más de 50 años y lo habito desde hace 35, siendo un contínuo observador de indicios que caracterizaron a otras épocas.

Se suelen reseñar los numerosos monumentos que engalanan e identifican al barrio, pero no logro explicarme aún el por qué de una imperdonable omisión.

Se trata nada menos del monumento que recuerda al prócer Manuel Belgrano, que le ha dado el nombre al mismo.  Ubicado en una rotonda que marca la intersección de las calles Echeverría, 11 de setiembre y la diagonal Zavala, al pie de las barrancas que identifican a esa parte tan característica, y precisamente denominada Barrancas de Belgrano.

Se trata de un austero monumento con su base de granito y una columna de mármol de carrara, coronada con un simple busto del prócer. Esta rotonda conserva aún una pequeña vereda que la rodea, con mosaicos de la época de erección del mismo.

Lo curioso es que ese hoy tal vez discreto monumento, habría sido no lo dudo, durante mucho tiempo el que identificó al Barrio, y según señala lo esculpido en el granito de su base, data de 1899. Tiene adosadas aún, solo tres placas de bronce, y una de ellas data de 1904, o sea más de 110 años, pero lo inaudito es que se halla totalmente depredado. 

Me consta que hasta el año 2000, aún conservaba a su pie, dos banderas entrecruzadas labradas en bronce, e innumerables placas también de bronce que respondían a periódicos homenajes de alumnos de colegios e instituciones culturales del barrio. Rodeando al monumento, existió hasta entonces un cerco formado por una también austera cadena artística, sostenida por postes de hierro, también con cierto diseño artístico. Tanto las banderas como las innumerables placas de bronce, las cadenas y varios postes han sido saqueados y depredados durante la crisis que sucedieron al año 2001, y los cuidados que actualmente se le brindan, solo consisten en recortar un pequeño sesgo de césped entre la base y la vereda.

Existen fotografías de época (1920) en las cuales se destaca la pendiente de las barrancas, el monumento en la cumbre con todos sus ornamentos y residencias aristocráticas vecinas que hace ya tiempo fueron demolidas y convertidas en rascacielos.

Ese cruce obligado tiene transito permanente de todo tipo de vehículos, inclusive varias líneas de colectivos que finalizan sus trayectos a tan solo 200 metros, de la Estación Belgrano C.

Para mayores referencias se halla a la vera de la que fuera casa de Adolfo Alsina, y que restaurada constituye el Museo Libero Baadi, ubicado a solo 10 metros del lugar.

Tal desconsideración es intolerable para un barrio que se ufana en ser uno de los más elegantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y utiliza su nombre para identificarse.

Es mi propósito despertar la inquietud de las autoridades en procura de una honrosa restauración acorde con los valores que tan digno prócer ha querido legar.