Fortines de Buenos Aires en los siglos XVIII y XIX

Fortines en Buenos Aires en los siglos XVIII y XIX
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, las políticas establecidas por la corona española, acompañaron el aumento y crecimiento de las ciudades y los pueblos en Hispanoamérica, para incentivar la urbanización de las zonas de frontera de su Imperio. El Cabildo de Buenos Aires solicitó en distintas oportunidades a Gobernadores y Virreyes la creación de pueblos en zona de frontera, junto a otras medidas «defensivas». La fundación de pueblos y ciudades constituyó una política específica de conquista y dominación colonial. #fortines #fortín #malones #fuertes #fortineras #zanja
por Mabel Alicia Crego
docente jubilada – contacto

En 1752 el Cabildo había dispuesto la ubicación de tres compañías de milicianos en parajes de frontera y la creación de «un Fuerte” y dar providencias para el alojamiento de la gente, también una Capilla con vivienda contigua para un religioso, en cada asentamiento. Solicitó además la creación de un ramo general para solventar los gastos, que no fue aceptado. La formación de “pueblos”, fue pensada como una posible solución, a los avances de los pueblos originarios en la campaña, por este motivo se instalaron fuertes o fortines.

En Buenos Aires, las guardias que demarcaban las líneas de frontera fueron agrupando a núcleos poblacionales, de modo que muchos pueblos de la provincia tienen su origen en un fuerte. El fuerte o fortín era un asentamiento militar fortificado, cuyas funciones básicas eran albergar la guarnición militar, proteger a los habitantes que se establecieran en los alrededores y proteger también el ganado y las caballadas de los ataques de los indios y asegurar así un control visual de la llanura.

El fortín tuvo un rol protagónico en la estructuración del territorio, ya que a partir de él se desarrollaron algunas colonias agricolo-ganaderas y luego pueblos y ciudades, sobre la base de la población estable atraída por la protección que ofrecían estos reductos.

Muchos fortines se fueron transformando más tarde en ciudades, por ejemplo, Tandil, Bahía Blanca, Tres Arroyos, Villa Mercedes, San Rafael, Morteros, Chascomús (Fuerte San Juan Bautista de Chascomús), San Antonio de Areco (fortín de Areco), Salto, Rojas, Lobos, Navarro, Monte, Ranchos, Chos Malal, Río Cuarto, Banderaló, entre otros.

En el interior del fortín se levantaban ranchos para vivienda, una prisión, un establo, un depósito de alimentos, un arsenal, la barraca de las tropas y un mangrullo (en alto para otear el horizonte y avance de la indiada)

La vida en estos lugares era muy sufrida, solitaria y tediosa. Salvo en los fuertes más importantes, en la mayoría no había familias, ni mujeres, ni niños. Podía haber un mínimo de cuatro caballos por persona y perros en cantidad. No había suficiente comida, pasaban muchas necesidades, y algunos preferían huir ya que muchas veces no se les pagaban a los hombres, lo que habían prometido.

Pero a fines de siglo XIX en Argentina, ya los fortines formaban una “barrera”, se encontraban a unos 5 kilómetros de distancia uno de otro. Puertas adentro, tenían su propia huerta, hospital, depósito, polvorín, corrales para el ganado y las habitaciones o ranchos para los todos habitantes. Estos fortines solían construirse en tierras elevadas, contando con muros perimetrales (algunos de troncos despuntados otros de adobe y piedra) y en ocasiones, con un foso. Los fortines funcionaban como una especie de frontera móvil que aseguraba la defensa de las tierras ganadas. La guardia de San Miguel del Monte fue uno de aquellos primeros fortines.

LAS LINEAS DE FORTINES EN LA FRONTERA SUR DE BUENOS AIRES - El Arcón de la Historia
LAS LINEAS DE FORTINES EN LA FRONTERA SUR DE BUENOS AIRES – Fuente_ El Arcón de la Historia

En diciembre de 1778 la Guardia de Monte, fue atacada por un malón que produjo una gran matanza conocida como la “Navidad trágica de 1778”. A partir de este episodio se reconstruyó como fortín y a partir de él surge la leyenda de la laguna de Monte.

Algunas tribus originarias como los Comechingones, Huarpes, Juríes, Querandíes, Timbúes, Minuanes, Charrúas, Guaraníes y otras, realizaron alzamientos y lucharon contra los españoles, por los malos tratos recibidos y los repartimientos de las tribus a los encomenderos. 

Hacia finales del siglo XVIII (1780), luego de la “araucanización” de las pampas, dentro de los pueblos originarios, el agotamiento del ganado cimarrón dio comienzo a la transformación de la actividad cazadora en actividad depredadora, comenzó así la época de los “malones”.

El «Malón Grande», que comenzó en diciembre de 1875, fue un grupo de guerreros de Namuncurá, lanzas trasandinas, ranqueles, indios de Pincén y de Catriel, que se sublevaron contra el Gobierno Nacional. Los indios fueron vencidos el 18 de marzo de 1876 en la batalla de Paragüil.

Los malones según las crónicas y relatos de viajeros, eran acciones o incursiones violentas, llevados a cabo por los grupos indígenas sobre las fronteras del sur de Chile y Argentina, con el objetivo de obtener ganado, mujeres blancas cautivas y bienes de la sociedad.

La Campaña de Rosas al Desierto fue una expedición militar que el ex-gobernador Juan Manuel de Rosas realizó en 1833 y principios de 1834, contra los indios pampas, los ranqueles, los tehuelches y los Mapuches, ubicados en las Pampas y el norte de la Patagonia y que contó con la colaboración inicial de las provincias afectadas por la frontera aborigen.

La campaña tuvo varios propósitos, todos ellos relacionados, que fueron: someter a la obediencia criolla a los indígenas del desierto o de tierra adentro, terminar con los malones indios que asolaban constantemente a las poblaciones interiores, rescatar a los cautivos en poder de los aborígenes, incorporar tierras para la agricultura y la ganadería y efectivizar las soberanías provinciales sobre los territorios excursionados.

Zanja de Alsina o Zanja Nacional

La Zanja de Alsina o Zanja Nacional, fue un sistema defensivo de fosas y terraplenes con fortificaciones (compuesto de fuertes y fortines) construidos en el oeste de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, entre los años 1876 y 1877. ​ Adolfo Alsina, ministro de Guerra de Avellaneda, ideó una “zanja ancha” de tres metros y con dos de profundidad, con medio metro en la estrechez de la base y bordeada por un terraplén de un metro de alto por unos cuatro de ancho. Para contener los malones de indígenas, debía cubrir la frontera desde el “Fortín Cuatreros”, en Bahía Blanca, hasta la “Laguna La Amarga”, en el sur de Córdoba. Fue proyectada para una extensión de más de 600 kilómetros, de los cuales llegaron a construirse sólo 374 km.

Cerca de Trenque Lauquen, en Puán, se encuentran curiosos rastros en la tierra bonaerense. Cicatrices sobre la verde planicie, grietas a veces cañadas, junto a montículos, obviamente erigidos por el hombre. Son los restos de lo que se conoció como Zanja de Alsina, con la que un día se quiso frenar los ataques del indio.

El 15 de enero de 1781, se inauguró el fuerte “Nuestra Señora del Pilar de los Ranchos”, Ese mismo año también se construyeron los fuertes de Chascomús, Monte, Luján y Salto, además de los fortines de Lobos, Navarro, Areco, Rojas, Mercedes y Melincué.

Uno de los sectores más vulnerable reconocidos en la construcción de las fronteras fue el de las mujeres. Las fortineras han sido presentadas por una extensa literatura que, como indica Dillon, busca ubicar en la poética y el teatro, lo omitido por la historia. Otros historiadores las ubican como responsables de los vicios de los soldados, a las mujeres que acompañaron los ejércitos de las distintas parcialidades en la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo hay que destacar el heroísmo de la gesta de la conquista en esas mujeres, como reflejos del esfuerzo que implicaba el avance militar y de la política de argentinidad.

El romance popular, recuerda que Carmen Funes, la “Pasto Verde” devenida en puestera, es quien descubre el petróleo en Plaza Huincul, por ser ella quien marca los lugares donde deben hacer las excavaciones, que venían fracasando desde hacía tiempo.

A modo de ilustración nombro otros fortines que dieron origen a ciudades.

  • Fortín y Posta Morón (1600) Origen de la actual localidad de Morón, en la provincia de Buenos Aires.
  • Fuerte «Cobos» (1609)
  • Guardia de Luján (1630)
  • Fortín «Punta del Sauce» (luego llamado “La Candelaria, 1689)
  • Fortín «San Isidro» (1719)
  • Fortín «La Magdalena (1730)
  • Fortín «La Concepción» (1794)
  • Fortín El Hinojo 1864/1869

La relevancia del sentido de la tierra en Argentina y los disciplinamientos evolucionistas, ligan el paisaje y la población, son aún aspectos abiertos que actualizan la ilusión de la frontera, de la mano de personas que quedan relegadas a donar su tiempo y su esfuerzo para después quedar invisibilizados. Sobre estos procesos, la frontera aún feminizada nos permite descubrir uno de los puentes más sólidos y ocultos entre el uso de la tierra y el disciplinamiento de la población.

Mabel Alicia Crego
docente jubilada – contacto
FUENTES:
  • “Los fortines del desierto”. Trabajo de Melina Yuln, Fundación Arthis
  • “Fortines y pueblos en Buenos Aires del siglo XVIII. ” Canedo, Mariana
  • “La Zanja de Alsina y los fortines asociados” Fernando Oliva y María Cecilia Panizza
  • «Fortines del Desierto». Juan Mario Raone
  •  “La Conquista de la Pampa”. Manuel Prado, Ed. Hachette, Buenos Aires,
  • «Toldos, Fuertes y Fortines. Isaías García Enciso, Ed. Emecé, Buenos Aires, 1980.

 

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