El Retiro y la Torre Monumental ex-Torre de Los Ingleses

Quizá los porteños no siempre seamos concientes de la historia que vive bajo nuestros pies.
 

La falta física, visible, diaria, de rastros de nuestro pasado remoto nos provoca una sensación extraña de presente eterno, ahistórico.
 

Dicen que uno no ama sino aquello que conoce, y desde esa óptica no está de más el enterarnos de hechos simples, sencillos, cotidianos, que pueden ayudar a que revaloricemos los lugares por donde transitamos diariamente, resignificando su presencia apenas perceptible.
 

Retiro es uno de esos lugares con historia que merece ser visto, estudiado, mirado por los ojos de nuestro interés…
 

   En sus tierras se irguió, primitivamente, la ermita de San Sebastián, y ésta, probablemente haya dado origen al nombre del barrio por su condición característica de retiro espiritual.

En el paraje del retiro construyó su residencia el gobernador español Robles, y más tarde, el también gobernador Riglos asentó la propia en el mismo solar, llevando la vivienda a la categoría de palacio fortificado por sus cañones y múltiples habitaciones.

Más tarde la empresa británica South Sea Company afincó su negocio de tráfico de esclavos en el mismo lugar.

A pocos metros de allí, en la zona de la plaza que hoy lleva su nombre, El General San Martín entrenó en las artes de la guerra a su casi mítico cuerpo de granaderos a caballo.

También existió en las inmediaciones una plaza de toros con capacidad para miles de espectadores, la cual nunca tuvo una concurrencia masiva y finalmente fue clausurada.

Pasada la mitad del siglo XIX Buenos Aires comenzaba a gozar de los beneficios de la iluminación a gas, elemento este que era producido por la Compañía de Gas cuya planta estaba ubicada frente a la estación terminal de tren. Los cimientos de esta construcción fueron usados mas tarde como basamento para construir la “columna monumental” de la comunidad inglesa…

Fábrica de gas – año 1860

La gesta de mayo había quedado atrás  y el tiempo del centenario y sus festejos se acercaba velozmente. Las distintas colectividades preparaban sus ofrendas de agradecimiento a la nación que las había cobijado. La comunidad inglesa no fue la excepción.

El 18 de setiembre de 1909, el Congreso de la Nación promulgó la Ley N0 6.368 por la cual se aceptaba el ofrecimiento de los residentes británicos de levantar una columna monumental en conmemoración del Centenario de Mayo y delegaba en la Municipalidad de Buenos Aires la aprobación de los planos y su ubicación.

El 10 de diciembre del mismo año, el Honorable Concejo Deliberante autorizó la erección del monumento en la manzana comprendida entre las calles Maipú, Paseo de Julio y la Plazoleta Saavedra.

Se llamó a concurso para seleccionar y premiar un boceto. El elegido fue el presentado por el ingeniero Ambrose Poynter quien recibió el primer premio de $ 2.000. La torre propuesta era de estilo renacentista, ya que ésta era la tendencia arquitectónica que imperaba en Inglaterra durante la época en que Buenos Aires era fundada por segunda vez (siglo XVII).

El 6 de mayo de 1910 muere Eduardo VII, razón por la cual Gran Bretaña no envía delegación alguna a las fiestas del Centenario. Debido a este suceso, la piedra fundamental recién fue colocada el 26 de noviembre de 1910, inaugurándose el monumento casi cuatro años después: el 24 de Mayo de 1916. El apreciable retraso sufrido en su ejecución se debió al comienzo de la primera guerra mundial.

La columna conmemorativa del “Centenario de Mayo» fue mas tarde conocida, de acuerdo con las características de la obra, como «torre» y no como «columna». Es de forma cuadrangular y está orientada hacia los cuatros puntos cardinales. La compañía encargada de su construcción fue «Hopkins y Gardom» y tanto el personal técnico como los materiales, salvo la arena y el agua, fueron traídos de Inglaterra.

Su altura total es de 75,50 m y consta de ocho pisos. La base mide 280 m2. y el costo de la obra se calculó en 90.000 libras esterlinas.

La torre se halla emplazada sobre una plataforma con cuatro escaleras de acceso. La entrada principal da al oeste y se encuentra engalanada con emblemas del imperio inglés. Podemos reconocer, entre otros: la flor del cardo (que a partir de 1540 se la reconoce como emblema nacional) la rosa de los Tudor, el dragón rojo de Gales, el trébol de Irlanda, etcétera.

Sobre el friso, a la altura del primer piso, se encuentran alternados los escudos de Argentina y de Gran Bretaña; también un león y un unicornio rampantes, emblemas de Inglaterra y Escocia respectivamente y dos frases escritas en francés: «Dios es mi derecho» y «Deshonor al que piense mal de esto».

A 50 m de altura se encuentra la terraza de la torre y sobre ésta se yergue el reloj, cuyos amplios cuadrantes de 4,40 m. de diámetro están hechos con piezas de opalina inglesa.

El funcionamiento del reloj es a pesas y péndulo. el cual pesa 100 kg y mide 4 metros. Sobre los cuadrantes se encuentran las cinco campanas de bronce que son las voces sonoras del reloj. La de mayor tamaño pesa unos siete mil kilos y el carrillón que marca los cuartos es de tres toneladas e imita al de la Abadía de Westminster.

La torre sostiene una cúpula de forma octogonal cubierta de láminas de cobre y cabriadas de acero, sobre cuya cima gira una veleta, que representa una fragata de tres mástiles de la época isabelina.

Existe en su interior un ascensor vidriado que recorta los ambientes hasta desembocar en el sexto piso. Desde allí se accede a un mirador que redescubre la ciudad desde una perspectiva que permite apreciar principalmente el barrio de Retiro, su terminal ferroviaria y el Puerto de Buenos Aires.

  A raiz del conflicto con Gran Bretaña por las Islas Malvinas e islas del Atlántico Sur, la primitivamente llamada «Columna Monumental», luego conocida como «Torre de los Ingleses» pasó a ser denominada «Torre Monumental».

La Dirección General de Museos a través de su Departamento Técnico Museológico realiza la curación de la Torre Monumental. La Torre exhibe en sus seis salas exposiciones permanentes y temporarias. La Galería Histórica, que ocupa el primero y sexto piso, expone con carácter permanente fotografías, planos, documentos, invitaciones, recortes periodísticos, entre otras piezas que conforman una visión abarcadora de la historia del monumento provenientes de los Museos de la Ciudad y de los archivos de distintas dependencias del Gobierno de la Ciudad.

Con el fin de difundir nuestro patrimonio arquitectónico, la Dirección General de Desarrollo y Promoción Turística ha programado una serie de Visitas Guiadas – realizadas por experimentados guías – en las que el visitante podrá conocer tanto la historia del monumento como redescubrir el barrio de Retiro desde una perspectiva inédita.

Fuente: María del Carmen Magaz y María Beatriz Arévalo, Plaza San Martín (y otras), Municipalidad de Buenos Aires, Instituto Histórico de la Ciudad, 1985.  Gobierno de la Ciudad, Dirección General de Museos, Dirección General de Desarrollo y promoción Turística.


Carlos Davis Para www.barriada.com.ar – Mayo 2005

 

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