Ricardo Lopa continúa su serie sobre los guapos, en este caso el tema es el fútbol porteño, con una nueva entrega dedicada a Herminio Masantonio, el legendario delantero de Huracán apodado «El Mortero del Globito». A través de la historia de Luciano, un pibe de Parque Patricios que lo admiraba, Lopa reconstruye el ambiente del fútbol amateur de los años cuarenta: los picados en el adoquinado, las ligas barriales y el clásico entre Boedo y Patricios.
Nos remontamos a los años cuarenta. Reinaba el tango, grandes orquestas, compositores y autores. En la porteña ciudad, sábado a la tarde, peluquería y a la noche milonga. Domingo, almuerzo medio apoliyado, la ritual pasta mal digerida. La zabeca, viajando al estadio futbolero del cual se era simpatizante. La vuelta, a veces contento, otras triste, pero siempre con ganas de entrarle a la pulpo, imitando a los ídolos. Como cancha, el adoquinado desparejo. Se largaba el picado, previo rejunte de la guita para comprar el útil. Siempre con ojo avizor, por el intruso autito taquero. El desafío con los de la otra cuadra, era habitual, igual que la gresca, al terminar. De más categoría era el clásico barrial, había que poner y poner para ganar. Como arcos los árboles cruzados de la cuadra, y la pared como socia silenciosa. El peloteo no era el fin, sino el principio del laburo mental, pretendiendo cada uno, junto a la almohada, hacer el gol del triunfo, en el desafío barrial. Ser un “Baldonedo, un Martino, un Boyé, o el gran Bernabé” (Reinaldo Yiso).
Pero el sueño de Luciano, nuestro pibe, piantaba para otro lado; admiraba a Herminio Masantonio (5/8/10), guapo entre los guapos, además, de eximio jugador de Huracán. Se enteró por su drepa, que cuando había que sacar la araca por un cumpa, primero él. Era el guardián de Tucho, que con 17 años debutó con la del Globo, guay que le vayan a pegar al nene. Se lamenta Luciano, que por razones de edad, lo junó poco y de niño a Herminio. El bepi soñaba con “Masa”, se imaginaba como Tucho, llevándole el bolso al ídolo.
Volviendo a las pujas barriales. Había categorías de enfrentamientos. Los había con la cuadra vecina, los llamados desafíos. También estaban los de categoría superior, que eran los enfrentamientos con barrios vecinos. La clasificación no termina aquí, faltaba el clásico barrial más grande del mundo, el clásico de los clásicos, con La Mamucho, del vecino barrio de Boedo (sobrenombre de Reinaldo Martino, delantero de San Lorenzo, que en un reportaje dijo que Ángel Labruna, “era mamucho que yo”).
En Patricios, la cuadra oficial local para el desafío, era el adoquinado de Garro, entre Rioja y Urquiza. La localía había que hacerla valer, tenía que ser el cementerio futbolero de los antiguos corrales. «La Masantonio”, tal el nombre del equipo de Luciano, su performance, doce jugados, dos empatados, diez perdidos, es decir, estaba invicta.
Luciano, si bien era de Patricios, la visita continua a su abuela en Lugano, derivó en su contratación por “Los Colosos de Villa Lugano”. Ahora, estaba en condiciones de ser fichado, pues se le vencía el “contrato”. Así fue nomás, por un café con leche y tres medialunas, por cada partido que participe, se incorporó a La Masantonio.
El domingo, después del partido de Huracán, es el debut de Luciano en la Liga Amateur Porteña. Pituca vestimenta, a saber: lompa grone, bancados por gastados tiradores de un solo botón. La camiseta blanca, la del apoliyo, con un papel en el cuore, con el dibujo rojo de Parque Patricios.
Antes del debut oficial, el jovato le chamuyó a Luciano:
Masantonio, no era solo admirado por Luciano. Por su potente tiro y guapeza le dedicaron en 1933 el tango “El Mortero del Globito”, compuesto por Miguel Padula, con letra de Francisco García Jiménez.
En el Campeonato Sudamericano de 1935, disputado en el Estadio Nacional de Lima, Perú. Uruguayos y Argentinos, venían con ánimos caldeados desde el mundial del 30’. Los orientales tenían fama de guapos. Nuestro centro delantero Masantonio, era la mejor arma de argentina. Los uruguayos lo buscaron desde el inicio provocándolo. Sorpresa se iban a llevar, Masantonio, era guapo de verdad, hombre de aguantar. Lorenzo Fernández, el caudillo uruguayo, seguía buscándolo a Herminio. En el trámite del cotejo, Fernández le mete un patadón por detrás, una zancadilla, cae el argentino, en el suelo el botija lo continúa agrediendo de parola. Masa se levanta, reaccionando como un mortero disparando un par de puñetazos, que dan con Fernández al suelo. Después se bancó solari a varios uruguayos. Si bien el seleccionado argentino no gano, él se llevó puesto a varios de sus integrantes, en especial a Lorenzo Fernández. Ése era Herminio Masantonio, pibe.
Después del chamuyo del viejo, Luciano con el chope inchido, entra, pulpo en mano, al adoquinado de Garro. Enfervorizado, arenga a sus compañeros, son las 17 y 40, hora de inicio.
El duelo era con los Defensores de Villa Crespo, equipo que venía segundo en la tabla. Existía un reglamento que regía a los diez equipos integrantes de la Liga Amateur Porteña. Como comenté, La Masa, cerraba orgullosamente la tabla. Los duelos eran partido y revancha. Cuando se incorpora Luciano, recién se habían jugado tres fechas. Con la inversión en nuestro pibe, esperaba La Masa levantar la puntería. Esa fría tarde de junio, comenzó la recuperación del sexteto local. Eje y jugador de todos los adoquines, Luciano. Lo secundaban, el Flaco Héctor, gran cabeceador, Chiche, alto defensor, gambetita Beto, El Zurdo, la elegancia del veterano Tucho y Dardy, “manos brujas”, como arquero.
Grata sorpresa, por denuncia de los visitantes, el Tribunal envió a Marisa, para que imparta justicia. Con el correr de los minutos, la jueza se destacó por su carácter, profesionalismo y algo más, impactando a los presentes.
El juego comenzó complicado por las interrupciones, pues Mortadela, el delantero de Defensores, colgó la pulpo de un zurdazo. Llevó un tiempo convencer a doña María que la devuelva. Con un cabezazo, Héctor, puso a La Masa en ventaja. Así se cumplieron los primeros cuarenta minutos, finalizando la primera etapa. Ni bien comenzada la segunda, un jugadón de Luciano, con la complicidad de la pared, marcó el dos a cero que fue definitivo, pues, faltando cinco minutos, apareció la cana, y hubo que rajar. El reglamento, en su parte pertinente, dice, si por cualquier causa, el juego se suspende faltando menos de diez minutos, se da por terminado el partido. La barra de Defensores, se le vino al humo a Marisa, salivándola. Ahí apareció Luciano, el émulo de Masantonio, que con un par de sopapos, paró el atropello.
La inversión en Luciano, empezaba a dar frutos. Ver para creer, al término de la primera rueda el equipo del Parque, se había recuperado, llegando a alcanzar el tercer puesto, detrás del puntero, Defensores de Villa Crespo y del rival de barrio, La Mamucho.
Luciano, continuaba enfervorizado con las andanzas de Herminio Masantonio, que le chamuyaba su viejo, tal el caso de su participación en Rosario, Santa Fe.
En 1942, en su cancha Newell’s enfrentaba al Huracán de Herminio Masantonio. Se dice que al Globo, haciendo valer su condición de local, lo quisieron prepotear, contando con la complicidad del juez. El estandarte del atropello lo llevaba el defensor de Newell’s, Juan Carlos Sobrero, que fue el primero que cayó noqueado por Herminio. Después le tocó el turno al arquero Juan Honores, que había salido a poner el chope por su compañero y fue la araca la que recibió el puño de Herminio, Luego las expulsiones de estilo. Qué me Contursi, la corajeaba el Mortero del Globito.
Estamos en la segunda rueda del campeonato porteño amateur. La Masantonio, con el aporte de Luciano, levantó la puntería. Lo impensado, última fecha, tres punteros, Defensores de Villa Crespo, La Mamucho y La Masantonio.
A Defensores, supuestamente le tocaba un partido fácil, contra el último, Los Colosos de Villa Lugano. Boedo y Patricios, se iban a sacar chispas, en el clásico de barrio, más importante del mundo.
A La Mamucho, le tocaba la localía. La brega se iba a llevar a cabo en el Pasaje Pereyra, entre Pavón y Garay, Barrio Boedo, domingo 15 horas, aprovechando el receso establecido por la AFA, por gira del seleccionado mayor. A Luciano, se le prendió la lamparita. Los Colosos era su ex club, del cual se fue medio breca, no obstante, sabía a quién tocar, los tres yopos del padre de Beto, con puesto en la feria del barrio, eran tentadores.
Era un partido que definía mucho, por tal motivo, El Tribunal, designó dos veedores, un padre por cada equipo. El Pardo Eusebio, juez de categoría, designado para dirigir la brega. Una decisión muy controvertida, fue el permiso para que asistieran a la contienda, las barras de ambos conjuntos. Se negoció su presencia, con la condición, que a la finalización, compartieran un asado, en el Círculo Social Don Juan de Garay, calle Pavón 3916, bancado a la romana, ahí no más de la cuadra de la disputa..
Calurosa tarde la del miércoles 24 de noviembre, los veedores verificando el adoquinado del juego. Recién ahí, quizás por el calor, descubren que el Pasaje Pereyra, por su vereda angosta, no tenía árboles que den sombra. Cómo solucionar la dificultad? Gran pregunta, pues, si no había árboles, tampoco había arcos. El Tribunal resolvió cambiar la sede, trasladarla a la vecina calle Castro, a la misma altura, previa inspección aprobada.
Ahora sí, todo estaba dado, para que el 28 de noviembre jugaran el clásico de barrio más grande del mundo en adoquinado, La Mamucho, por Boedo, y La Masantonio, por Parque Patricios. El periódico Nuevo Ciclo de Boedo, de Mario Bruno, sacó un número especial sobre la definición, recordando, que ambos compartían la punta conjuntamente con Defensores de Villa Crespo.
Media hora, antes de comenzar el encuentro, llegan al evento dos carros, provisto por José, papá del Zurdo Beto. El primero estaba ocupado por los integrantes de La Masantonio, en el segundo la barra de Patricios, con bandera y bombo. En el trayecto, Luciano, el capitán, arengó a los muchachos. Les habló de Masantonio, su guapeza, ser toro en rodeo ajeno, como lo fue su ídolo. Presidía la delegación Presti, el filósofo.
Los de La Mamucho, siendo locales, venían a patacón, con, Coqui, su capitán al frente, acompañados por la barra de Boedo, por lo que pudiere. El delegado, Rodolfo El Contador, se mandó con un coche de alquiler.
El encargado de dirigir, era don Pedro, veterano en estos menesteres, y alejado de cualquier tipo de componenda.
A las 15 horas en punto, don Pedro, hacía sonar el pito de inicio. Los dos equipos con todos sus titulares.
Media hora de juego, no pasaba nada, se prestaban la pelota. El tedio fue alterado a los treinta y ocho minutos, por una milonguita de pollera cortona, paseando un voluminoso rope, por el medio de la yeca, que no vio los carteles de no avanzar, o no los quiso ver. Desconcentración total, aprovechada por El Chango Pepe, delantero del local, que apareció como un fantasma detrás del rope, quedó frente a Manos Brujas, y lo fusiló al gol….cometiendo la bravuconada de gritárselo a la barra contraria, agarrándose los genitales.
Para que lo habrá hecho. Luciano, descontrolado lo fue a buscar, el juez se interpuso, amonestó a los dos, sacaron del medio y, con buen tino, dio por concluida la primera etapa 1 a 0 a favor de La Mamucho.
Durante el descanso hubo algunos insultos entre las barras, pero la cosa no pasó a mayores. El intervalo lo aprovechó Luciano, como capital, para recordarle a los muchachos, que representaban a Masantonio, perfil de guapo, taura entre tauras.
La etapa complementaria fue más combativa. La Mamucho, tratando de enfriar el partido, y La Masa, buscando el empate. Faltando quince minutos, alguien gritó araca la cana, el Plaumout negro, desparramo general. Luciano paró a su gente, lo que no hizo el capitán de La Mamucho. El juez firmetex. Luciano, aprovecho e hizo el gol del empate, en el arco del árbol mirando al Sur. El checo de los tira, fue falsa alarma, fue un conductor despistado, lo que originó la vuelta de los jugadores locales. En ese momento, alguien trajo la noticia que el otro puntero, Defensores de Villa Crespo, había sido derrotado por Los Colosos de Lugano.
Los jugadores de ambos equipos se miraron extrañados, no así Luciano, que recordaba el incentivo de los yopos de don José. Viérase que desde que se conoció la noticia, ambos conjuntos no pasaron la mitad de la cancha. Empate consensuado, campeonato compartido. Todo el mundo contento a comer el asado acordado, no así Luciano, que fue a buscar al Chango Pepe. Éste, cuando lo vio venir, se adelantó a pedir disculpas a todo el plantel de La Masantonio. Satisfecho Luciano, se mezcló con los jugadores de La Mamucho, confraternizando, al igual que las respectivas barras.
Y fue una copa para cada barrio, todos contentos. Mientras Luciano, a los postres, agradecía a su gente, apareció El Filósfo Presti, exclamando a viva voz, “se presentó el punto del Plaumout negro, reclamando el pago por su actuación” Todos se miraron, y callaron.
“No te entregues Herminio” fue el pedido al lado de la cama del Hospital Rawson de Lorenzo Fernández, antiguo adversario uruguayo. Esta vez la enfermedad pudo más, Herminio Masantonio falleció el 11 de septiembre de 1956.
Selección Argentina
21 goles en 19 partidos (mejor promedio de la historia dando como promedio de gol 1,11.
Campeón de América en 1937 y 1941, máximo goleador en Sudamericanos de 1935 y 1942.
Récord: Marcó el gol más rápido en la historia de la Selección (23 segundos contra Uruguay en 1937).
En Huracán jugó durante doce temporadas, desde 1931 hasta 1945 (en 1943 tuvo un paso por Defensor Sporting de Montevideo y en 1944 por Banfield). Con la camiseta blanca y el globito rojo bordado en el pecho, disputó 349 encuentros y convirtió 254 tantos en Parque Patricios, siendo detrás de Ángel Labruna y Arsenio Erico, el tercer máximo goleador de la historia de nuestro fútbol.
MASANTONIO TIENE CALLE, – desde Zavaleta hasta Iguazú- PLAZOLETA – Luna 102 – MONUMENTO – Av.Caseros 3160 –
Ricardo Lopa
contacto: [email protected]
Acceda a todas sus notas en este enlace
instagram: https://www.instagram.com/ricardolopa/
facebook: https://www.facebook.com/ricardo.lopa
Descubre más desde Barriada
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.








Interesantes estas historias de barrio de gente de barrio y costumbres argentinas. El futbol tambien cuenta de nosotros, de la gente, del barrio.
Muchas gracias por alimentar mi amor por esta lindisima ciudad, nuestra ciudad, Buenos Aires.