Buenos Aires Celebra a Rusia y a Italia durante el fin de semana

El sábado 1, la ciudad se engalana para celebrar a la colectividad rusa y el domingo 2 de octubre a la colectividad italiana, a ambas desde las 12h. en la Av. de Mayo, que se vestirá con las banderas respectivas para celebrar las tradiciones, historia, gastronomía, música, turismo y bailes típicos.

BUENOS AIRES CELEBRA RUSIA

El sábado será el gran día de la colectividad rusa en la ciudad. Desde las 12 h toda la propuesta cultural de Rusia estará presente sobre la Avenida de Mayo para el disfrute de todo el público que se acerque.

Habrá stands culturales y gastronómicos donde se podrá probar las comidas típicas de las distintas regiones de este país, como shashlik (brocheta de carne asada), varenikis (pasta rellena) y piroshki (empanada rusa) entre otras. Además en los gazebos se ofrecerá información y artesanías.

En el escenario se podrá disfrutar de la presencia de grupos artísticos de clubes deportivo-culturales de Misiones, Buenos Aires, Rosario y Mar del Plata quienes se presentarán durante toda la jornada. Algunos de ellos son el club Vissarion G. Belinski, Casa de Rusia de Mar del Plata, Maximo Gorki, Dnipro, Aurora, y Vladimiro Maiakovsky

También se podrá escuchar una clase gratuita de ruso al aire libre y el grupo de artes marciales ruso Systema que dará una exhibición para todos los presentes.

Datos útiles

¿Cúando?: Sábado 1 de octubre
¿Dónde?: Av. de Mayo y Bolívar
¿A qué hora?: 12 h.

BUENOS AIRES CELEBRA ITALIA

Al día siguiente será el turno de la colectividad italiana y el Buenos Aires Celebra Italia. Nuevamente la ciudad de Buenos Aires se enorgullece de poder celebrar las tradiciones, historia, gastronomía, música, turismo y bailes de las 20 regiones italianas.

Más de 80 instituciones de todo el país exhibirán su historia, actividades, artesanías, arte y platos típicos de todas las regiones. Dos escenarios mostrarán todo la rica historia musical y tradiciones folclóricas de una Italia milenaria.

Llegarán artistas de diferentes partes del interior para participar del evento. Habrá un homenaje al Festival de San Remo con una orquesta que tocará en vivo y se realizará un reconocimiento a personalidades italo – argentinas en el marco del bicentenario argentino.

Además, se podrá observar la tradicional INFIORATTA, una tradición milenaria donde el arte es preponderante. Consiste en el armado de un cuadro de arte con flores que expresan las tradiciones milenarias de Italia

El Buenos Aires Celebra es un programa que expresa la diversidad cultural que late al ritmo de las colectividades en la Ciudad de Buenos Aires.

Datos útiles

¿Cúando?: Domingo 2 de octubre
¿Dónde?: Av. de Mayo y Bolívar
¿A qué hora?: 12 h.

SOBRE LA COLECTIVIDAD RUSA EN BUENOS AIRES

En Argentina se encuentra la diáspora de rusos y sus descendientes más grande de toda América del Sur. Se estima que numéricamente, oscilan entre las 100 mil hasta 300 mil personas. Desde finales del siglo XIX llegaron a Argentina cinco oleadas de inmigración rusa. Los primeros en trazar el camino de Rusia hacia Argentina fueron los alemanes rusos del Río Volga, cuyo número ascendía a 45 mil en el año 1910. Tras ellos, aproximadamente a partir de los años 1890, empezaron a poblar el país los inmigrantes judíos provenientes de las partes occidentales de Rusia.

Durante los años 1906-1913 la emigración rusa a Argentina se triplicó en comparación con las dos décadas anteriores, llegando a 120 mil personas. A principios del siglo veinte Argentina se convirtió en el segundo país, después de EE.UU., al cual se dirigía el mayor flujo de emigración proveniente de Rusia.

El número de inmigrantes rusos se acrecentó con la llegada de oleadas posteriores, las cuáles respondían a momentos históricos completamente distintos lo cual implicaba una variación en la composición de los grupos inmigrantes y sus motivaciones para emigrar.

Dicen sobre los emigrantes rusos de las décadas de 1920 y de 1940: «Primera inmigración: tiras un palo, das en un general; segunda inmigración: tiras un palo, das en un ingeniero». Ambos grupos representan flujos inmigratorios que responden a motivaciones y contextos muy distintos. Asimismo, ambos se distancian notablemente de la primera oleada inmigratoria, principalmente compuesta por familias en busca de tierras cultivables y progreso económico. La revolución de octubre de 1917 y la guerra civil de 1917-1922 produjeron una emigración política masiva. Según distintos cálculos, en Argentina se encontraron mil inmigrantes «blancos». Este flujo se completó por una cifra superior a 6 mil inmigrantes que arribaron después de la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos se encontraban tanto inmigrantes políticos, como los llamados, «desplazados» y prisioneros de guerra soviéticos.

El historiador Igor Andruskiewitsch señala que en Argentina vivieron ocho generales rusos, varias decenas de coroneles, unos veinte pajes de Su Majestad Imperial, unos cuarenta caballeros de la Orden de San Jorge, más de veinte oficiales de la Flota Imperial Rusa, unos 250 cadetes de Cuerpos de Cadetes Imperiales y en el Extranjero (Liceos Militares rusos). Una parte de la inmigración rusa posguerra la constituyeron los cosacos, cuya comunidad se instaló al sur de la Capital Federal. Construyeron allí dos iglesias ortodoxas, en las cuales hasta hoy celebra oficios un descendiente de una familia cosaca Padre Igor Bulatow.

También, entre los inmigrantes que rusos que llegaron a la Argentina, se encuentran los descendientes de importantes personalidades de la historia rusa, como Aleksandr Pushkin, el poeta Fiódor Tiútchev, el compositor Nikolái Rimski-Korsakov, los príncipes Dolgorukii, el mariscal de campo Mijail Kutúzov, el industrial y mecenas Savva Mámontov y el pintor Aleksandr Benois, entre otros. También residen en el país los tataranietos del primer canciller del Imperio Ruso, Aleksandr Gorchakov. En Buenos Aires vivieron la Gran Princesa, María Pávlovna Románova, o el conde Sergei Zúbov, descendiente de Platón Zubov, y favorito de la Emperatriz Catalina II. El aristócrata era conocido por su colección de pinturas y miniaturas en marfil que luego fueron donadas a museos argentinos.

SOBRE LA COLECTIVIDAD ITALIANA EN BUENOS AIRES 

La presencia e influencia italiana en nuestro país y en particular en la Ciudad de Buenos Aires se hizo sentir aún antes de nuestra constitución como Nación. Desde su nacimiento, Buenos Aires está ligada a la comunidad italiana. Con Don Pedro de Mendoza llegó Leonardo Gribeo, oriundo de Cerdeña, a quien una vieja tradición recogida por Pastor Obligado atribuye ‘haber llevado de Cagliari a España (y luego al barco) la imagen de Santa María del Buon Aria’. Por dicha virgen, a la cual se le atribuyó «el milagro» de llegar a buen puerto, se bautizó la Ciudad con su nombre en español: Buenos Aires.

Desde mediados del siglo XVIII, los italianos empezaron a aumentar su presencia en el «Plata». La mayoría de la comunidad presente se dedicaba al comercio, la navegación y a una naciente producción de elementos cotidianos.

Con la Revolución de Mayo se advierte una importante presencia italiana entre los actores principales de la misma. Castelli, Alberti, Beruti y hasta el mismo Manuel Belgrano compartían una ascendencia italiana. Este último, uno de los padres de la independencia Argentina, era hijo de Domenico Belgrano, un reconocido comerciante nacido en Oneglia, quien había llegado a estas tierras en 1753.

El fenómeno inmigratorio comenzó a tomar trascendencia entre las autoridades locales. El 4 de septiembre de 1812 el gobierno del primer Triunvirato firmó un decreto en el cual ofrecía una inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que quieran habitar el territorio.

La comunidad italiana creció a gran escala, a tal punto que en 1836 el Reino de Saboya envía a un embajador, el Barón Picolet d´Hermilion. La relación entre esta autoridad consular y Don Juan Manuel de Rosas no fue para nada pacífica ya que el Reino representado por el Barón no había reconocido oficialmente la Confederación Argentina.

La presencia del Barón en Buenos Aires termina de una manera muy curiosa. En agosto de 1848 el Consulado pidió permiso al Gobierno de Rosas para izar por primera vez el Pabellón «Tricolore» (actual bandera italiana). El permiso fue concedido y la Infantería nacional dio 21 cañonazos en homenaje al nuevo pabellón. El acto fue acompañado por la comunidad italiana de Buenos Aires, quienes enarbolaron banderas rojas, blancas y verdes por las calles y balcones de la Ciudad. Dicha actitud no había sido permitida por el gobierno local y aprovechando la situación, Rosas expulsó al Barón Picolet. Así terminó una historia de rispidez entre Rosas y la representación itálica.

A partir del año 1835 comienzan a llegar inmigrantes italianos en grandes contingentes, impulsados por las dificultades económicas en la península y las posibilidades promisorias que se le ofrecían en estas tierras. Este proceso se profundizó con la sanción de la Constitución de 1853 donde se garantiza a los inmigrantes los mismos derechos civiles que a los nativos. Desde entonces hasta 1875 se produce un gran ingreso de inmigrantes italianos constituyéndose su comunidad en la más importante de nuestro país.

A partir de la década del ’70 disminuye la llegada de italianos y en Buenos Aires se desata una de las peores epidemias: la fiebre amarilla. La inmigración, particularmente la italiana, fue blanco de la aristocracia porteña, que culpaba por la malaria a la llegada de inmigrantes pobres y a sus precarias condiciones de vida en los barrios de La Boca y de San Telmo. Como vemos, la discriminación no es un fenómeno nuevo en la historias de las migraciones.

El siglo XX iba llegando y con él el nuevo aumento de la inmigración italiana que ya llegaba al medio millón de residentes italianos en Argentina; el 60 % vivía en Buenos Aires. Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, la comunidad italiana ya llegaba al millón de almas y estaba integrada a la sociedad porteña a través de las instituciones, escuelas, iglesias, diarios y agrupaciones políticas.

En las primeras etapas de la inmigración predominaron los septentrionales: lígures, piamonteses y lombardos. Hacia fines del siglo XIX se suman en cantidades importantes los inmigrantes del sur: Calabria, Campania, Basilicata y Sicilia. Los toscanos, que desde siempre se han sentido orgullosos de portar el italiano más pulido, la lengua del Dante, poblarán ‘el gallinero’ en las noches de ópera italiana del Teatro Colón. Los dialectos meridionales de los ‘tanos’ (napolitanos, calabreses, sicilianos) serán responsables del ‘cocoliche’ e inquietarán a las autoridades, preocupadas por el destino de la lengua nacional. Su importancia numérica hará que todos los italianos sean adscriptos a la categoría ‘tano’.

La política nunca fue un factor extraño para la comunidad. Desde 1861 con la unificación italiana, la comunidad residente en la Ciudad se dividió entre monárquicos y republicanos. Durante lo primera década del siglo XX, el ingreso a Buenos Aires de líderes socialistas y anarquistas italianos produjeron la aparición de los primeros sindicatos y movimientos sociales de maza del país. Entre ellos debemos recordar a Enrico Malatesta, quien buscó organizar al naciente movimiento obrero porteño a través de sindicatos de oficio. Por último, las diferencias políticas atravesarían la comunidad nuevamente frente al estallido de la Segunda Guerra mundial entre fascistas y anti-fascistas o «partigiani».

La comunidad italiana se destacó por integrarse rápidamente a la sociedad argentina. Benito Mussolini, el líder fascista italiano, decía que la Argentina era el país donde más rápidamente un italiano perdía su identidad ya que la integración era tan fuerte que se sentían argentinos en poco tiempo. Si bien es cierta la capacidad de adaptación y apertura que tuvo esta comunidad, nunca perdieron su identidad, muy por el contrario, fueron capaces de transmitir y reproducir su cultura y tradiciones durante generaciones.

Luego de finalizada la 2ª Guerra hasta 1970 aproximadamente se dio el último gran flujo migratorio italiano. A diferencia de años anteriores, donde preponderaban los inmigrantes de las regiones del norte de Italia, los italianos que llegaban a nuestras costas eran oriundos de las regiones del sur de Italia como Calabria, Sicilia y Campania.

Actualmente, gracias a la política de apertura que tiene el gobierno italiano en el reconocimiento de ciudadanías, entre nativos y descendientes con doble ciudadanía hay 700.000 italianos y se calcula que el 47 % de la población argentina tiene en sus venas sangre italiana.

Buenos Aires y las áreas aledañas que están bajo la circunscripción consular del Consulado Italiano, conforman la 8ª provincia italiana en cantidad de habitantes en poseso de la ciudadanía italiana. Este simple dato demuestra la gran importancia de los italianos en Argentina.

Este pueblo de trabajadores aportó sus brazos y pensamiento a la formación del Estado Argentino. No existe en Argentina ámbito social, político, económico, cultural o artístico donde los italianos no hayan aportado sus ideas, pensamientos, valores y trabajo.

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