Rodolfo Piovera: Recuerdos del pasaje Pereyra

A ver quién se acuerda, por ejemplo, cuando pasaba el tranvía por la avenida Pavón o cuando venía, a la tardecita, un señor a encender la única columna de luz del alumbrado público.

A ver quién tiene memoria del organillero y la sacada de tarjetitas con la cotorra amaestrada, o de los partidos de sapo en la calle. O de ese extraño arreo de vacas por la calle… ¿de dónde venía? ¿De un corralón de Colombres?

O del carro de pantalonero, del vendedor de mimbre y el botellero. No ha pasado tanto tiempo.

Quién recuerda a Pucho, siempre parado en la esquina de Garay y Pereyra, impecable en su overol azul, y con su paquetito de lupines. Con el “Hola Pibe” amable, siempre a flor de labios.

Quién se acuerda de la bicicletería de Cicarella, del almacén de Don José, la panadería La Reina de las Flores, o la fábrica de pastas Heraldo.

O de la Bomboniere. O de La Giralda.

O del doctor Solla, la peluquería de Antolín, la pizzería San Antonio, los locales donde te cambian dos revistas mexicanas por una.

Quién recuerda a la gaseosa de mate marca Riky, las gallinitas, las galletitas Colegiales, las pastillas Picanola, los helados Laponia, las bolsitas de gofio marca Titanes en el Ring, los bloquecitos Suchard, el Licorflip o la Refrescola.

Pasaje Pereyra, cancha eterna de adoquines donde los sábados a la tarde el fútbol era amo y señor, pese a la siesta y los vecinos… En fin.

¿Quién me ayuda a recordar?

Rodolfo Piovera – [email protected]

(Visited 116 times, 1 visits today)

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.