Ricardo Lopa: Reflexiones en los Cafés de Boedo

18

Amigo, como bien Ud. sabe, el destino, por lo general, nos depara algún hecho fortuito trascendente, que modifica la actitud ante la vida. Un antes y un después, como quien dice.

Para no defeccionar, el mío sucedió a principios de diciembre del 89’, con efectos directos hasta marzo del año entrante. ¿significativo?, ¿qué le parece? fue la primera vez, espero la única, que estuvimos ‘separados de hecho’ con la ‘señora’, ella en un hospital y el ‘quía’ en otro.

En mi caso, anduve haciendo turismo en varios ‘sanaderos’. Constitución, Avellaneda y por último Floresta. En la estancia en el segundo, sucedió el instante revelador que inclinó la balanza a favor. La cama daba justo a una ventana, ‘pispiaba’ la calle, sabe. Por la ciudad proletaria, observaba desfilar a mujeres y hombres en su labor cotidiana. Al caer la tarde, hacía la presentación estelar un señor mayor con pinta de laburante. La silla de mimbre primero, el ‘tano’, con su pulcra camiseta después. Vea, era toda una ceremonia. Por ahí aparecía ‘la patrona’ con mate al ‘tefren’. ¿Qué hacía el hombre?: contemplaba pasivamente pasar la vida, como es lógico, sentado ‘al verre’, patas al frente.

Postrado, empecé a laburar. ¿adivine por dónde? Muchas opciones no hay. La ‘sabiola’. ¿Qué suerte tiene toda esa gente? El trabajo dignifica. Ricardo, tenés que darle, pero, ¡si siempre lo hice!, ¿por qué no intentás cambiar? y metele en lo que te gusta. En realidad, de lo único que estaba seguro es que no me gratificaba mi profesión de abogado. No la disfrutaba, la sufría. Vea, por algo se comienza. Saber lo que no se desea y estar seguro. La circunstancia, dura, pero clarificante.

¿Y el jovato? Nada, el hombre simplemente hacia ocio. ¿qué tal será? Cuando salga, lo voy a practicar, pero a mi manera.
Sacando pecho, prometí, que normalizada la cosa ¡vea que fue brava!, iba a pasar, como desagravio, corriendo por la cuadra donde fichaba al jubilado, y meta y ponga, pasaba la gente.
‘La casa en orden’. En la cabeza, me seguían laburando los objetivos trazados en la cama del sanatorio. Un domingo primaveral, con la excusa de ver a mi equipo contra los Rojos, me mandé saldando la deuda que a la postre fue la más sencilla, pero la más ‘jodida’. Vea no solo troté y corrí, groseramente hice un corte de manga al sanatorio. Me sabrá comprender, era la revancha. Abundaron calificativos de los testigos del caso, faltaba que cantaran la balada de Horacio acompañados por Astor y me la dedicaran. El que me interpretó fue el ‘jovato’ que clavado en la silla fichó mi proceder, me guiñó un ojo, y con el otro, el de la ‘parla’, pareció decirme “dale nomás muchacho”. ¿Qué hice?

Castro al norte, San Juan al este, Boedo. “un cortadito”, empecé ha hacer nada, que luego se transformó en contemplación. Al tercer día estaba leyendo el “Informador Público” ¿se acuerda?, de repente me di cuenta, ¿Qué descubriste Ricardo? Que era un ignorante, ‘que ignoraba’ un ‘montón’ de cosas, y las pocas que sabía tenía que desaprenderlas, el enfoque no era el correcto, ¡sí que fue jodido!. Apareció la avidez por saber. Al tiempo, el acompañante era el broli de turno. ¿Por qué fui al “Japonés”? Simplemente era el ‘feca’ del barrio, otro no pasaba por la mente de la muchachada boedense. La identificación se había aquerenciado por tradición barrial ¿se habrá llamado así, por derivación de Nipón?, luego ¿Aeroplano?. Hoy Esquina Homero Manzi, el ‘forjador’ de ilusiones nacionales, que eligió escribir “letras para los hombres, en vez de ser un hombre de letras”, que lo fue, muy a pesar suyo.
Después de las vacaciones obligadas, era otro, y a fe que me hicieron bien. La verdad que tuve paz, de los cementerios me dirá, ¿puede ser? Pero, paz al fin. La que no me daba el ejercicio de casi treinta años de abogado. Dios, ‘la señora’ y mi esfuerzo, colaboraron para cumplir la segunda promesa.
Un día de esos que no se empardan, por esas cosas de la vida y por insistencia de la rectora, hoy una amiga, empecé a ser con orgullo el ‘profe’ en reemplazo del ‘boga’. ¿Qué me había dejado la abogacía?: profesionalidad. E aquí la disyuntiva ¿dónde me concentro? Revivió con ‘tuti’ el vicio y la satisfacción de cultivarme en los cafés, “La Perla del Once”, figura en mi currículum. El puntapié inicial, lo había dado con el reintegro al “Japonés”, pero, no era el lugar ideal, no ‘zafaba’ de la abogacía. Nuevos horizontes en busca del profesor, que sellara el nuevo rol, y así fue.
Tarija al este, Castro Barros al Norte y como haciendo un alto antes de San Juan: “Mesón de Fierro”. Café por la mañana y tarde, restaurante por la noche. Primer turno, Miguelito, más que mozo, un ‘gomía’. Me ‘bancó’ un par de años. El aguntadero del ‘profe’ comenzaba tipo 9 hs. Al mediodía concluía más por vergüenza que por necesidad. Me soportaban con un café y a lo sumo con el agregado de una medialuna, cuando se me ocurría derrochar la ‘guita’ de docente. Segundo turno, don Medina, hombre mayor el tucumano. Bonachón y discreto. La tarde, era toda mía, disfrutaba con nuestra historia. Me sentía muy bien en el Mesón, alegre con sus plantas y cuadros. Pero un día apareció el mundial de fútbol y junto con él, la molesta televisión, que pasó a ser primera figura, en el reducido lugar. Pasé guarecido, días muy felices y noches con familia y todo. No se me escapa un par de ‘morfis’ con el amigo ‘Popolizio’, ah siempre se puso. Un día se me ‘piantó’ la sonrisa. Vea que es ‘jodido’ cumplir 50, ahí fue el clic, vea recién había empezado a desandar lo mal pisado, la ignorancia persistía y la vida se acortaba. Quéjico por partida doble. Pero, quédese tranquilo, a los sesenta, arrugada y todo la alegría reaparece, como la costurerita que dio el mal paso. Condición para que entre, es aceptar ser un veterano y haber enfocado la realidad sin utopías. “No pidas lo imposible”, el 68’ fue. Bueno, Mesón había colaborado a formarme como docente y a cultivarme, pero, había cumplido una etapa. No tuvo el privilegio de ver al profesor a los 60, más placentero, pero con las ansias intactas de conocer todo lo posible antes que ocurra lo irremediable posible. ¿motivo? ¿‘qui lo sa’? ¿será que el pibe de la previa me está esperando para rendirla? Sabe, todo puede ser.

No se ponga contento, todavía no terminaron las reflexiones por los cafés del barrio. La cosa viene más sencilla; Castro al norte y San Juan: “Tobago” Por supuesto, el lugar no era desconocido. Había crecido. Ideal, se notaba menos mi presencia, ‘allá en el fondo’.
Hace más de una década que frecuento ‘el boliche’, y se agradece. Humberto y su “arriesgue tordo”, Vicente, mozo de categoría. Pero si ambos dos ayudan a la estancia, los que la hacen verdaderamente más confortable, son los anónimos compañeros de mesa. Gauchos los ‘tacheros’, ojo, y esto téngalo bien presente, si los laburantes del volante no te aprueban, consejo; tomátela.
Consultor, de los infaltables jubilados, que se creen que uno la sabe todas por ser docente, sumado al secreto a voces, ‘el boga’, que con respeto, hacen que ignoran.
Mire, hasta donde llega la distribución de oficio, que cada uno tiene su lugar y mesa, es un secreto a voces. Ricardo, ‘la del fondo’. Para hacerla completa, cualquier día de estos, la identificamos, ‘el profe’ y cartón lleno. Preparándome para el raje, tipo mediodía, aparece primero ‘Numerito’, y al rato su discípulo; ‘Pani’, ambos aficionados a tirarse unas ‘chances’, previo estudio del ‘Popular’. El último, un ejemplo de vida, aún en la malaria.
Por la tarde, como excepción, Antonio, como ‘zomo’ paso a ser el consultor futbolístico de los veteranos. Fui descubierto en tal faceta, por ‘Pichi’ el interlocutor de la barra, que nos dejó sin avisarnos.
La vida transcurre apacible en Boedo, aunque se empeñen en hacernos creer lo contrario. Ricardo, lee, reflexiona, medita, personas vienen y van, y reflexiona, ¿es tarde? Si, pero no tanto para que me pongan ausente, y reflexiono. Sabe, se dice, que por el lugar, se pudo ver a Cátulo, “rumbo al taller”, “silbando”, bajo el “aguacero”, seguro que no era en un ‘descanso dominical’.
“Che Vicente, ¿por qué el nombre?” “El primer dueño, en viaje de bodas enfila para Trinidad y Tobago, contrae amistades, y por gratitud viene la denominación”
Vicente, oriundo del Chaco, tiene historia propia en el boliche: “Si quiere, se viene tipo 16 hs. al ‘morfi’ y le tiro todo sobre la mesa” “ Dale viejo, lo dejamos para fines de noviembre, cuando las obligaciones docentes declinan” “Listo, mire que aparecí en Buenos Aires a los 18 años y siempre rondando con los mismos trompas”
Al parecer el hombre tiene ganas de contar su paso de la juventud a la madurez, con Tobago de testigo, y yo de enterarme de la historia del boliche que me tolera afectuosamente. Bueno, para el caso habrá que esperar a la fecha convenida, de seguro va a haber novedades, lo prometo, pues el ‘feca’ lo amerita, Vicente y Ricardo también. Chau, nos vemos.
“Amigo, como bien Ud. sabe, el destino, por lo general, nos depara algún hecho fortuito trascendente, que modifica la actitud ante la vida. Un antes y un después, como quien dice”. Sino vea, de abogado, a docente en ejercicio, con carrera cursada y todo, además ya ve, escribo, hago lo que me gusta, como puedo, cuando puedo y lo mejor que puedo, ¿quizás me dirá que no le agrada?, es posible. También, que fui un gil al cambiar la abogacía por la docencia, pero ¿sabe? encontré mi lugar en el mundo, que no es poco.

Ricardo Lopa
Boedo, noviembre de 2006