Se inaugura el Espacio de arte Billy Waller en Villa Pueyrredón (Cochrane 3140, CABA), impulsado por su hija María Waller para preservar, investigar y catalogar la obra del artista plástico Billy Waller (1964-2015). La primera muestra, «Hubo ruido y su forma aterrizó acá» (Curaduría: María Waller y Lucía Ramundo), es una retrospectiva que reúne una selección representativa de su producción. Waller fue un artista que desarrolló una obra «indómita» y heterogénea, caracterizada por la fusión de lo sensible y lo técnico en la pintura, explorando la abstracción como vehículo de fuerza expresiva. La inauguración será el sábado 29 de noviembre, 18 a 21 h. con entrada libre y gratuita.
Hubo ruido y su forma aterrizó acá
- Exhibición retrospectiva del artista Billy Waller
- Curaduría: María Waller y Lucía Ramundo
- Inauguración: Sábado 29 de noviembre de 18 a 21 h
- Cierre: 15 de marzo
- Horarios: Con cita previa: +541159767311 / [email protected]
- Entrada libre y gratuita
- Espacio de arte Billy Waller, Cochrane 3140, Villa Pueyrredón, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Nos complace anunciar la inauguración de Espacio de arte Billy Waller, dedicado a la puesta en valor y preservación de la obra del artista plástico Billy Waller.
En el año 2024, su hija, María Waller, impulsó el proyecto de construir un espacio con el objetivo de conservar su legado, llevando adelante tareas de conservación, restauración, investigación y catalogación de su práctica artística.
Este trabajo sostenido culmina con la apertura de su primera exhibición, Hubo ruido y su forma aterrizó acá, que reúne una selección representativa de su producción.
Dentro de la pintura de caballete, Waller encontró un ejercicio vital a través del cual expresó una pulsión determinante por el ejercicio de pintar, y manifestó en cada lienzo su vínculo con el entorno y con sus emociones. Lo elemental de aquello que podría parecer puramente abstracto se materializa en sus obras mediante formas gestuales y expresivas, donde lo sensible y lo técnico se funden. La producción de Waller, indómita, presenta piezas que configuran universos singulares.
Los procesos de investigación han permitido una aproximación más profunda y ordenada a su obra, lo que posibilitó rastrear continuidades y rupturas dentro de sus exploraciones. En sus pinturas se revela un artista sólido, de recorrido llamativamente heterogéneo, en cuyas búsquedas se evidencia una constante y rigurosa calidad de experimentación.
Fiel a esa búsqueda autónoma y sincera que definió su trabajo, el espacio abre sus puertas. Su intención es permitir un diálogo entre la obra y el presente, proponiendo instancias en donde la obra conviva con producciones y artistas contemporáneos.
Texto Curatorial
Hay algo de pintor moderno en el gesto de Billy Waller. Una pulsión vital orientada al hacer, al pintar por el puro placer de hacerlo. El pintor moderno es, a la vez, irreverente y disciplinado, cauteloso y excéntrico. Billy habitaba en esa contradicción con naturalidad. Coqueteó con la vanguardia y, al mismo tiempo, renegó de ella. Cuando le preguntaban qué hacía, él respondía: yo pinto.
Las obras reunidas en esta sala expresan una devoción por la pintura y por la experimentación con la forma, el color y la técnica. En su trabajo, lo espiritual y lo irreverente conviven en una misma forma plástica: contenida o estallada, insinuada o frenética, que guía el recorrido visual. El ruido de su entorno, incluso su propio ruido interior, se materializa en sus lienzos, para abrir en cada uno de ellos universos posibles de lo sensible. Invitan a acercarse a ella de manera activa, a descubrir sus recovecos y caprichos. Sus zonas de luminosidad y de oscuridad.
La obra de Billy sigue siendo, para nosotras, una perla en bruto. Sus pinturas se resisten a clasificaciones o encasillamientos estilísticos, no porque sea imposible rastrearlos, sino porque hacerlo les restaría profundidad y sentido. Pensarlas, por ejemplo, sólo como parte de una búsqueda informalista o expresionista retomada en los años ochenta resulta insuficiente frente a la densidad de sus propuestas. Sus obras atraviesan décadas de trabajo, desde sus inicios con la serie Génesis en los ochenta, hasta sus últimas exploraciones en los drippings, cercanas al 2010. En ellas se despliegan otros niveles de reflexión, más hondos, más fecundos que permiten repensar y reflexionar la convivencia de la devoción por el hacer artístico, y su práctica dentro de las exigencias en el arte contemporáneo.
Sobre el artista
Billy Waller nació en Buenos Aires en 1964. Al finalizar sus estudios secundarios, ingresó al Centro de Artes Visuales, donde se formó en dibujo, pintura, escultura y grabado. En ese período asistió al taller de Noé Nojechowicz, ámbito en el que exploró el surrealismo y produjo una serie destacada de su obra.
En 1988 continuó su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, donde fue alumno de Jorge Demirgian. Ese mismo año, junto a un grupo de artistas, formó el taller 2/17 en San Telmo, bajo la supervisión de José María Cáceres. Desde entonces, su obra osciló entre dos lenguajes: la abstracción como vehículo de fuerza expresiva, y la figuración como anclaje de lo humano dentro de esas tensiones.
Hacia 1990 instaló su propio taller que mantuvo durante más de quince años. Si bien incursionó en la escultura desde entonces, fue a partir de 2008 cuando retomó esa práctica de modo más sistemático, trabajando junto al escultor Alberto Delponti y, posteriormente, en mármol con Beatriz Sotto García. En 2006 expuso en la exposición colectiva Soho Telo Muestra, junto a artistas como Nicola Constantino, Florencia Rodriguez, Alberto Pasolini entre otros.
A lo largo de su trayectoria, Waller expuso sus obras en diversos espacios como el Centro Alfredo Fortabat, la Fundación de Banco Patricios, el Centro de Arte Contemporáneo de las Naciones Unidas, el Salón de Otoño, el Espacio Giesso y la Biblioteca Ameghino. Fue premiado con el primer puesto en dibujo por la fundación ARCHE y obtuvo también el primer premio en pintura en las Naciones Unidas y Museo de Victor Roverano. El Salón de Otoño le otorgó el segundo premio en la misma categoría.
A partir de 1995 se mantuvo alejado del circuito expositivo para dedicarse de lleno a la producción y a la enseñanza de dibujo y pintura en su taller. Su obra, extensa y prolífica, continúa revelando nuevas piezas que reaparecen ocasionalmente en manos de amigos o profesores.
En sus últimos años expuso en En contraste y en la feria BADA (Pilar, Buenos Aires). Tras su fallecimiento, en 2015, su familia organizó dos muestras homenaje, y el Museo Benito Quinquela Martín presentó una exposición retrospectiva bajo la curaduría de Yamila Valeiras. Una de sus obras forma parte hoy de la colección permanente del museo.







