Muestra DIALOGO CON EL PATRIMONIO Ameztoy – Arellano – Zanela – Exposición Colectiva

En el marco de las Exposiciones Temporarias 2014 esta es la primera muestra colectiva en la que el Museo de Calcos y Escultura Comparada «Ernesto de la Cárcova» ha invitado a artistas de reconocida trayectoria para que realicen obras específicas, proponiendo un diálogo con el patrimonio en el mismo espacio de exhibición.

En esta oportunidad los artistas invitados son Manuel Ameztoy, quien intervendrá una sala planteando un recorte visual de algunas piezas como, por ejemplo, el David de Miguel Ángel, proponiendo con esta restricción en la mirada una relectura de las mismas.

Ernesto Arellano presentará una serie de piezas realizadas en cerámica policromada de colores intensos, inspiradas en la iconografía del manga animé, y a partir de la premisa del Museo de «escultura comparada» se propone contraponer sus obras de carácter contemporáneo con las piezas históricas del patrimonio. 

Augusto Zanela intervendrá el cielorraso de la sala con imágenes basadas en el principio de anamorfosis, utilizando figuras alegóricas al eje temático exhibido en el mismo espacio.

Museo de Calcos y Escultura Comparada «Ernesto de la Cárcova»
Elvira Rawson de Dellepiane a mts. de Av. España
Costanera Sur. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
(54.11) 4361.4419 / 3790

Los artistas, al decidir interpelar o alterarla por un lapso de tiempo, modificarán o establecerán nuevas relaciones con las piezas elegidas.  

El hall de ingreso al museo y la sala 4 dedicada a Miguel Ángel reúnen las intervenciones de los tres artistas. Concentración de propuestas que emula la densidad reinante en las diversas salas del museo y que dispara una profusión de sentidos. Así, el eje visual que se establece entre el ingreso y el David de Miguel Ángel, queda interrumpido por la voluptuosa figura femenina de Arellano, a la que se suma la instalación anamórfica de Zanela que se despliega en el cielorraso del hall y la obturación realizada por Ameztoy sobre el majestuoso David. Esta secuencia de intervenciones permite tejer una serie de relaciones entre cada una de las propuestas concebidas individualmente. Otras obras de Arellano se despliegan por las salas que concentran obras egipcias, griegas y prehispánicas generando tensiones con las piezas circundantes. 

La reunión de las intervenciones permite establecer, en sus propios lenguajes y preocupaciones, un sinnúmero de relaciones. Ante el simulacro que nos proponen los calcos de estar frente a importantes obras de la historia del arte universal, Ameztoy, Arellano y Zanela, generan con sus intervenciones nuevas formas de aproximación a este particular acervo, propuestas efímeras con las que nos interrogan y provocan nuevas relecturas tanto sobre el acervo como sobre sus propias propuestas.  

Diálogos e interpelaciones a los calcos del Museo.
Intervenciones de Ameztoy, Arellano y Zanela  
[1]Cecilia Rabossi 
 
Los calcos de grandes obras escultóricas, pertenecientes al Museo de Calcos y Escultura Comparada ?Ernesto de la Cárcova?[2], serán puestos en cuestión. Los artistas Manuel Ameztoy, Ernesto Arellano y Augusto Zanela decidieron interpelarlos o alterarlos a partir de sus intervenciones que, por un lapso de tiempo, modificarán o establecerán nuevas relaciones con las piezas elegidas. 
Pero, ¿qué son los calcos y cómo llegaron al museo? ¿Qué se busca activar en este diálogo con la producción contemporánea? 

Haciendo un poco de historia, en el siglo XIX y principios del XX se intensificó la realización e incorporación de calcos de obras clásicas, renacentistas, barrocas en instituciones como museos y escuelas de Bellas Artes. Como plantea Paola Melgarejo, los museos fueron los primeros destinatarios de los calcos ya que «buscaban completar las lagunas de sus colecciones o preservar los originales, exhibiendo sus copias. Por este motivo, los más importantes (como el Louvre de París, el Museo Metropolitano de New York, el Museo Nacional de Berlín o el Museo Británico de Londres) contaron con sus propios talleres [?] A pesar de su entidad de copias, los calcos hechos en estos museos admitían cierto grado de autenticidad, conservaban parte de un aura que se certificaba en el contacto con la pieza original?»[3]. Y esa necesidad del contacto con la obra o con su copia, llevó a las academias a emplear estos calcos en la enseñanza. Así copias de estatuas, secciones anatómicas, órdenes arquitectónicos y ornatos integraron el repertorio de modelos canónicos a trabajar.

Las copias se realizaban directamente de los originales a partir de moldes flexibles que permitían reproducir estas piezas en serie. El material elegido para la realización de las réplicas era el yeso, material de bajo costo, que reproducía el tamaño y las características de los originales con gran precisión.  

Hacia la década del 30 del siglo XX, los calcos entraron en crisis perdiendo su importancia, hecho que provocó que sean retirados de las colecciones de los grandes museos y que se cuestionara su utilización en los ámbitos académicos. 

Fueron los artistas Eduardo Schiaffino y Ernesto De la Cárcova, «educadores y organizadores» de la escena artística argentina los que, a partir de sus gestiones, adquirieron la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, la Afrodita de Praxíteles, el Laocoonte y sus hijos, el David, La piedad y el Moisés de Miguel Ángel, entre muchas otras, piezas que finalmente conformaron el acervo de este Museo.   

Frente a esta colección, organizada cronológicamente y en la que conviven grandes ejemplos de la escultura universal en salas densamente pobladas, Ameztoy, Arellano y Zanela se infiltran con sus propuestas. El hall de ingreso al museo y la sala 4 dedicada a Miguel Ángel reúnen las intervenciones de los tres artistas. Concentración de propuestas que emula la densidad reinante en las diversas salas del museo y que dispara una profusión de sentidos. Así, el eje visual que se establece entre el ingreso y el David de Miguel Ángel, queda interrumpido por la voluptuosa figura femenina de Arellano,  a la que se suma la instalación anamórfica de Zanela que se despliega en el cielorraso del hall y la obturación realizada por Ameztoy sobre el majestuoso David. Esta secuencia de intervenciones permite tejer una serie de relaciones entre cada una de las propuestas concebidas individualmente.   

Augusto Zanela, artista-arquitecto, lleva al interior del museo, más específicamente al cielorraso del hall de entrada, el trazado del Campidoglio de Miguel Ángel, proyecto urbanístico realizado en Roma en 1536 a partir del encargo del Papa Paulo III para reformar la plaza del Capitolio, centro político y religioso de la antigua república romana. Con esta elección, el artista remite a otro aspecto desarrollado por Miguel Ángel que es el arquitectónico y urbanístico y con los que buscaba «la creación de un nuevo lenguaje a base de formas arquitectónicas concebidas como símbolos plásticos de fuerzas vitales»[4]. El diseño original[5] de Miguel Ángel que elige Zanela, parte de un óvalo convexo que tiene en su centro una estrella que genera una serie de figuras geométricas. Las formas imaginadas por Miguel Ángel son delineadas en magenta, introducción de color que rompe con el blanco reinante de los yesos que se despliegan por doquier.

El pavimento meticulosamente trabajado, al ser trasladado al cielorraso modifica las relaciones espaciales originales y plantean una reflexión sobre lo espacial, lo proyectual y lo ilusorio. Este desplazamiento transforma el diseño del pavimento en una bóveda geométrica que se despliega sobre la obra de Arellano y que establece un vínculo visual con las formas en la trama propuesta por Ameztoy.  

Manuel Ameztoy decide intervenir con su obra el David[6] de Miguel Ángel, escultura central de la colección del Museo. Un textil no tejido, llamado Tyvek, calado cae en forma escalonada sobre la escultura cubriendo parte de la misma. La rica filigrana propuesta permite, con su juego de transparencias, revelar la silueta del David pero al mismo tiempo obturar la visión completa de la figura. La obra se despliega con diversas densidades, siendo más liviana o menos tupida, sugerentemente, en la parte inferior de la misma.  

El blanco elegido permite un juego sutil con el blanco del calco y la luz natural que atraviesa la materia calada contribuye a desvanecer aún más la presencia estelar de esta obra otorgándole cierta atmósfera fantasmagórica. Una forma, tal vez, de manifestar el pensamiento del artista sobre los calcos. Ameztoy los considera meras ilustraciones tridimensionales de importantes obras que quedan despojadas de sentido ya que al estar «todas ?traducidas? a yeso las homologa, borrando las diferencias de época, material, contexto y sentido». El artista considera que si bien, el David, guarda las proporciones originales por ser una copia directa de la obra, el nuevo emplazamiento, la falta del pedestal[7] sobre el que se imaginó, hacen que la pieza quede descontextualizada produciendo un extrañamiento ya que deja al descubierto los secretos empleados por Miguel Ángel como el uso de desproporciones para que desde la distancia el ojo del espectador reconstruya la proporción en el todo.  

Frente a este acervo de esculturas, las figuras de cerámicas esmaltadas de Arellano irrumpen en las diversas salas del museo generando un buscado y fuerte contraste con los calcos que allí se albergan. No solo por el color y el brillo sino también en la concepción de la obra. Ante la precisión que detentan los yesos expuestos tomados directamente de los originales, Arellano expone sus cerámicas que, más allá del excelente dominio técnico, siempre al enfrentarse a la acción del fuego, algo de lo azaroso debe incorporarse, ya que la pieza puede deformarse mínimamente o modificar el color elegido[8].  

Tanto sus figuras como sus seres fantásticos, sus robots recuerdan la figuración de la animé japonesa que estallan en color y brillo y generan inmediatamente un cierto planteo ficcional. Sus obras surgen claramente de los dibujos animados y precisan corporizarse en el espacio del espectador generando presencias que provocan sorpresa y extrañamiento, fundamentalmente, por el cambio de escala que adquirieren en dicho proceso. Más allá de que el dibujo del manga se caracteriza por ser un dibujo escultórico, el artista necesita la presencia corpórea de los personajes que imagina o toma del mundo de la animación y que presenta sobre importantes pedestales tanto desde las formas como desde el color. 

Arellano realiza sus piezas en forma fragmentada y en el trabajo de ensamblado recobran la unidad. Una de sus figuras desmembrada invade la vitrina de la sala egipcia conviviendo con bustos y pequeñas estatuillas del museo. Fragmentos que remiten, tanto a las partes halladas en las excavaciones, restos sobrevivientes de antiguas esculturas como a los calcos utilizados para la enseñanza que reproducían alguna parte anatómica y revelan, al mismo tiempo, su forma de trabajo.  

Las facciones de las figuras de grandes ojos, narices y bocas pequeñas, características del animé, parecen veladas con el esmaltado que recibe la superficie proponiendo formas imprecisas que aparecen como vestigios de ese antecedente. Estas huellas fisonómicas contrastan con la fuerte expresión del rostro del David, fundamentalmente, con la profundidad y concentración de la mirada.

La reunión de las intervenciones de estos tres artistas permite establecer, en sus propios lenguajes y preocupaciones, un sinnúmero de relaciones. Ante el simulacro que nos propone los calcos de estar frente a importantes obras de la historia del arte universal, Ameztoy, Arellano y Zanela, generan con sus intervenciones nuevas formas de aproximación a este particular acervo, propuestas efímeras con las que nos interrogan y provocan nuevas relecturas tanto sobre el acervo como sobre sus propias propuestas. 
  
Currículum Abreviado  

Manuel Ameztoy. La Plata, 1973. Egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón en 1997. Ha realizado estudios de grabado experimental en la E.N.A.P, San Carlos, en México DF. 1995. Desde 2001 ha presentado sus trabajos en Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca, Miami, Los Ángeles, Milán y Santiago de Chile. Su obra forma parte de colecciones privadas en la Argentina, Brasil, Estados Unidos (Miami, Nueva York, Washington, Nashville, Los Ángeles) y en Europa (París, Londres, Ginebra, Lisboa, Marsella y Milán). En el ámbito público forma parte de las colecciones del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario y el Museum of Latin American Art de Los Ángeles. Desde 2003 es profesor adjunto en la cátedra Proyectual I-V, de la profesora Elsa Soibelman en el Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA). Forma parte del equipo docente de la Escuela de Proyectos de la Galería Isidro Miranda. Entre 2002 y 2005 estuvo a cargo del Departamento de Educación de la Fundación Proa. Actualmente vive y trabaja en Buenos Aires.  

Ernesto Arellano. Buenos Aires, 1971. Autodidacta. Expone desde 1990; ha realizado muestras individuales en el Centro Cultural Ricardo Rojas (1998); en la Galería Ruth Benzacar, «Cuatro Fábulas» (2003); en el Centro Cultural San Martín donde presentó su serie escultórica «Fandom» (2005). Participó en las muestras colectivas «Balance ?98» (1998) y «Panoramic» (2000) en la fundación Proa. Como también de la muestra «Civilización y Barbarie. Argentinos contemporáneos», con curaduría de Sonia Becce, muestra itinerante que se desarrolló en Espacio Cultural Renato Russo Brasilia, Museo de Arte Moderno Carlos Mérida Guatemala, Museo del Canal Interoceánico Panamá, Museo Nacional de Arte Contemporáneo Santiago de Chile (2004, 2005), Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (2006). Ha sido curador del ciclo «La Línea Joven Plástica», Fondo de Cultura del Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Centro Cultural Recoleta (2004-2006); y de la muestra «Visiones Líricas: Mirada real e ideal del entorno público y privado en la obra de los artistas porteños de finales del sigo XIX y primera mitad del siglo XX», Patrimonio del Museo Sívori en el Complejo Cultural Chacra de los Remedios, Buenos Aires (2005).    

Augusto Zanela. Buenos Aires, 1967. Arquitecto egresado de la Universidad de Buenos Aires. Cursó estudios y seminarios en fotografía, dibujo y estética. Creó y dirige actualmente el Taller de Fotografía de la Facultad de Arquitectura (UBA). Es docente de las universidades de Belgrano y Tres de Febrero, y del Centro Cultural Ricardo Rojas. Ha sido reconocido por el Fondo Metropolitano de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, la Asociación Argentina de Críticos de Arte, el Salón Nacional de Artes Visuales, la Asociación Argentina de Galerías de Arte, el Centro Cultural Borges, la Fundación Antorchas, el Fondo Nacional de las Artes y la beca Guillermo Kuitca. Realizó exhibiciones en Il Arsenale (Venecia), Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Museu da Imagem e do Som (San Pablo), Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, El Museo del Barrio (Nueva York), Westport Art Center (Connecticut), Local Project (Nueva York), Grande Arche De La Defense (París), Museo Nacional de Bellas Artes, Secretaría de Cultura de la Nación, Centro Cultural Borges, Fundación Proa, Fundación Praxis (Miami, Nueva York, Buenos Aires), Centro Cultural Recoleta, Centro Cultural Ricardo Rojas, Centro Cultural San Martín, Palais de Glace, Correo Central, Centro Cultural de España en Córdoba y Buenos Aires, MARQ – Sociedad Central de Arquitectos, Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, Fundación Telefónica (Madrid, Santiago de Chile y Lima), Museo de Arte Moderno (México, DF), Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, Colegio Fonseca (Salamanca) y MEIAC (Badajoz), entre otros. Vive y trabaja en Buenos Aires.
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[1] Texto Reproducido en el Catálogo Diálogos con el Patrimonio. Ameztoy / Arellano / Zanela, que acompaña a la exhibición
[2] El Museo se inauguró en 1928. Su misión era didáctica, ya que debía guardar y exhibir las réplicas de grandes obras de arte que servían de modelo para los alumnos de la Escuela Superior de Bellas Artes. Actualmente es un museo universitario, ya que depende del Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA).
[3] Paola Melgarejo, «Los calcos del Museo Nacional de Bellas Artes. Nostalgias de un lejano resplandor», en Cat. Memoria de la Escultura, Los inicios de la colección de Esculturas del Museo Nacional de Bellas Artes  (1895-1914), Buenos Aires, Asociación Amigos del Bellas Artes, 2013, pp. 33.    
[4] Charles de Tolnay, Miguel Ángel. Escultor, pintor y arquitecto, Madrid, Alianza Editorial, 1985. 
[5]  Proyecto preservado por el grabado de Etienne Dujerac realizado entre 1569 y 1575. 
[6] El David de Miguel Ángel se realizó entre 1501 y 1504. Fue emplazado originariamente en la Piazza de la Signoria de Florencia frente al Palacio Vecchio. En 1873 es trasladado a la Academia de Florencia y una copia es colocada en su lugar. Interpretado como el símbolo de la libertad de la República de Florencia.[7]
Pedestal de mármol de 2 mts. de alto.
[8] Es interesante recordar que en el siglo XIX, existía la posibilidad de hacer calcos de esculturas clásicas en terracota ya que era un material resistente y las pátinas obtenidas permitían una mayor proximidad a los materiales originales. Sin embargo era un material resistido ya que la mínima deformación que produce el fuego era inadmisible para la calidad de un calco que se preciara.

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