Mabel Crego: Instituto Félix Fernando Bernasconi

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Todos los barrios de Buenos Aires tienen una historia especial pero, los barrios del sur, Barracas, San Telmo, Parque Patricios, tienen algo muy particular, nos remiten a un pasado común de acontecimientos históricos trascendentales.
En Parque Patricios, uno de los aspectos más relevantes de la zona (entre otros), fue la figura de Francisco P. Moreno, que nos representó frente al parlamento inglés en el tratado de límites fronterizos con Chile.
Su casa quinta paterna de ocho hectáreas, desde Brasil hasta Caseros y Catamarca hasta Deán Funes, fue un maravilloso casco de estancia llamado “El Edén” con  numerosas especies de frutales, donde el perito Moreno creció y se formó en contacto y amor por la naturaleza.
Cuentan que en las tardes de verano Don Francisco abría los portones de rejas de su quinta para que los niños humildes del  “barrio de las latas”  pudieran deleitarse con los manjares de frutas frescas.
El Perito decía: “ donde el trabajo y la escuela reinan, la cárcel se cierra”.
No es casual que en ese lugar esté emplazado hoy un hito en la historia de la educación argentina:  el Instituto Félix Fernando Bernasconi.
Félix F. Bernasconi, hijo de inmigrantes suizos nació en Buenos Aires en 1860  y a pesar de haber pasado gran parte de su vida en Europa dirigiendo la fábrica de calzados de su padre se enamoró del barrio, de su gente y de las carencias de los niños del Sur.
Adquirió varias propiedades, entre ellas la quinta del Perito Moreno.
En su testamento aclara que esas tierras, y gran parte de su fortuna, son donadas al Consejo Nacional de Educación con el único propósito de construir un “Palacio-Escuela” gratuito y obligatorio, para todos los niños humildes del Sur.
El establecimiento nace precisamente a cinco años de producirse un acontecimiento significativo en la vida de nuestro país: asciende al gobierno Hipólito Irigoyen, primer presidente elegido a través de la ley Sáenz Peña que  instaura el voto secreto, universal y obligatorio.
Años de fuertes discusiones en torno de la Educación, al calor de la ley 1420 constituida entonces en un eficaz instrumento de defensa de la escuela pública, gratuita y obligatoria.
En este contexto socio-cultural el 26 de septiembre de 1921, se coloca la piedra fundamental que genera el Instituto Bernasconi en los altos de la quinta del Perito Francisco P. Moreno, en un acto apadrinado por el presidente Irigoyen.
El sueño de Bernasconi se concreta en 1929 con la inauguración de este “palacio- escuela”, que es el único en el país y de los países del Mercosur.
Recorrerlo hoy causa una mezcla de emoción y tristeza, porque a cada paso se descubren las huellas de aquél “sueño”.
Aquél sueño que aseguraba por medio de la educación un porvenir grande para todos los chicos, el mismo capaz de convertir sin amedrentarse el decimonónico “barrio de las latas” (llamado así por tener el privilegio de albergar a la primera villa de emergencia que tuviera la ciudad, compuesta por casas de cartón latas y chapas) en el espacio ideal donde edificar una imponente “escuela modelo”.
Este edificio arquitectónicamente monumental, diseñado por el arquitecto Juan Waldorp, está emplazado sobre una “lomada” rodeado de un amplio parque (que aún conserva un hermoso “aguaribay” plantado por el Perito Moreno en 1872 y fue declarado en árbol histórico Nacional en 1840),   que permite admirar su composición arquitectónica.
A ambos lados de la entrada principal de la calle Catamarca, hay dos esculturas basadas en la mitología griega del escultor argentino Alberto Lagos, sobre el capitel se observa “el reloj de la torre” que durante años el carrillón despertó a los pobladores de Parque Patricios.  
El Instituto fue dotado de su propio museo, (creado por Rosario Vera Peñaloza), 2 piletas de natación con agua caliente en su subsuelo, amplias aulas y un majestuoso auditorio.
El extremo contraste entre ésta edificación y la humildad de las construcciones circundantes lograba transformar las subjetividades infantiles estimulada por el sencillo acto de ir cada día a la escuela a recibir la educación que les estaba destinada , ascender a las aulas por escaleras de mármol de carrara donde más de una niña se sentiría una princesa, atravesar los pasillos encolumnados, asistir a la gran biblioteca con atriles y luz dirigida para cada lector,  escuchar conciertos en butacas aterciopeladas del auditorio, estudiar los mamíferos y las aves  frente a vitrinas del museo escolar.
Hoy alberga cuatro escuelas primarias en diferentes modalidades, jornada simple y completa con una matrícula de mas de 3600 alumnos y dos jardines de infantes también en jornadas simple y completa con mas de 580 alumnos.
Cuenta con  una escuela de Coro y Orquesta, un Centro de orientación vocacional y educativa, un departamento especial de Educación  y Perfeccionamiento docente, (que tiene a su cargo el dictado de cursos de perfeccionamiento destinado a supervisores, directores y maestros de la Capital e interior del País), Sala de computación, Gabinete de medios audiovisuales, Pinacoteca,  un complejo museológico ( Museo Geofísico Juan B. Terán y el Museo de Ciencias Naturales Angel Gallardo)  entre otros.
Desde su historia hasta el presente este “palacio-escuela” realiza una obra de formación intelectual constante, logrando el objetivo para lo cual fue creado: la educación, formación e integración de  “la familia-escuela”.

Foto: busto de Félix. F. Bernasconi, ubicado en el hall de entrada al auditorio.