La Paternal y La Paternal por Leandro Caplan

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Emblema La Paternal
Emblema La Paternal

Cualquier vecino sabe que existen dos paternales. Uno, aledaño a las avenidas San Martín y Juan B. Justo, donde se localiza la tradicional confitería Torino, siendo una zona de intenso tráfico y actividad comercial. Su zona limítrofe con el barrio de Villa Crespo, donde se encuentran gran cantidad de talleres mecánicos y locales de repuestos automotores, nos trae al recuerdo a su vez uno de los personajes, ya fallecidos, mas conocidos del barrio, cuyo monumento y cenizas se encuentran en la plaza Roque Sáenz Peña, mas abajo sobre Juan B. Justo (en su intersección con Boyacá), cerca de la zona donde vivía y tenía su propio taller mecánico[1]. Este Paternal, situado sobre el eje de varias de las arterias más importantes y transitadas de la ciudad, es el que le da su identidad más fuerte al barrio en todo el imaginario porteño.

Sin embargo, muchos se olvidan incluso de la existencia del otro Paternal. Si uno camina por el sector conocido como “La Isla de La Paternal”, se encuentra con uno de los barrios mas abandonados y olvidados de la ciudad, como si en esas veinte manzanas se hubiera congelado el tiempo desde hace unos cincuenta o sesenta años. Y es que, en efecto, no cambió mucho el panorama de la región desde aquellos años. Su propia situación geográfica, es lo que lo preserva tal como era, ya que existen pocos accesos a la zona, de ahí su mote de “isla”. Se trata de la región delimitada al sur por las vías del FF.CC. Gral. San Martín, en la zona del viejo playón de maniobras de la estación La Paternal, al norte por las vías del FF.CC. Gral. Urquiza, entre las estaciones Arata y Artígas, al este por un costado del Cementerio de la Chacarita, detrás de las avenidas Del Campo y Garmendia, y al oeste, por la Av. Chorroarín, que la separa del complejo de Agronomía.

Situado entre las dos líneas ferroviarias que lo delimitan,  el lado norte de la estación “La Paternal” del entonces Ferrocarril al Pacífico (hoy San Martín),  se pobló originariamente, a principios del siglo XX, sobre la base de empleados y obreros del propio ferrocarril. La estación de tren, además, contaba en sus instalaciones con un taller ferroviario, y con galpones de almacenamiento para vagones y locomotoras. Asimismo, al tratarse de un barrio emergente y en ese entonces, periférico, de la ciudad en expansión, fue un lugar propicio para la locación de la actividad industrial. La combinación de estos dos factores, la presencia de los talleres ferroviarios y la cantidad considerable de industrias instaladas en la zona, le dieron al barrio, desde un comienzo temprano, su perfil de “taller” de la zona norte de la ciudad.

Siempre se trato de un vecindario humilde, pero es a mitad del siglo XX donde comenzó su verdadero período de decadencia. Dos hechos fundamentales fueron la causa del progresivo deterioro y abandono de la zona. El primero de ellos, fue la pérdida de importancia del ferrocarril, en favor del desarrollo e impulso del transporte automotor. El centro comercial de La Paternal se trasladó así hacia las avenidas más transitadas, en particular San Martín y Juan B. Justo. Se separó entonces, su centro comercial de su centro histórico. Es a partir de este momento cuando se comienza a conocer como La Paternal toda la región que rodea a la avenida Juan B. Justo, pasando de ser una zona marginal y anegable sobre la orilla del arroyo Maldonado, a ser uno de los lugares de mayor actividad comercial e inmobiliaria del barrio, consecuencia del crecimiento en importancia de la arteria urbana*.

El segundo hecho, y el más importante, fue la construcción y el ocupamiento del Albergue Warnes, como lo recordará cualquier persona que haya conocido el barrio hace más de dos décadas. Es bastante conocida la historia de su construcción: en el año 1950, el primer gobierno peronista, a través de la Fundación Eva Perón, encaró uno de sus proyectos mas ambiciosos: la construcción del hospital de pediatría de mayor tamaño y complejidad de todo el continente. Fue así que declaró de utilidad pública y expropió los terrenos situados entre Constituyentes, Warnes, Chorroarín, y Gutenberg, que hoy ocupan el parque “La Isla de La Paternal”, y los centros comerciales de Easy y Carrefour. Si bien su construcción avanzó con bastante rapidez, fue interrumpida por el golpe militar de 1955. Quedaron así, los cimientos del predio abandonados, y los terrenos, en manos del estado. Es amplia la discusión acerca de las causas y consecuencias del abordaje del proyecto, y de su posterior interrupción por parte del gobierno de facto. Lo cierto es que, una vez suspendida su construcción, el edificio, aunque incompleto, fue ocupado por una gran cantidad de familias sin hogar. Así, el albergue se mantuvo ocupado hasta su desalojo y demolición en el año 1990, durante el primer gobierno menemista. Es posible encontrar en la red el video de su demolición, que fue transmitida por televisión abierta a escala nacional.

A partir de la mitad de la década del 70, durante el último gobierno militar, comenzó un período de fuerte desindustrialización a lo largo de todo el país, con consecuencias nefastas para todos los sectores populares de la sociedad. También se intensifico a partir de entonces, la decadencia del ferrocarril, que se reflejó también en una fuerte caída de actividad en los talleres y galpones ferroviarios de La Paternal. La intervención y persecución sindical fue especialmente intensa no solo en el rubro ferroviario, sino también en el automotriz. Estas acciones del terrorismo de estado buscaron, con éxito, desarticular toda la construcción sindical y política de vastos sectores, mediante el secuestro, la tortura, y la desaparición forzada de militantes y dirigentes, entre otros métodos. De esta forma, lograron reducir considerablemente (casi a la mitad), los costos de la producción de vehículos automotores en el territorio nacional, gracias al fuerte abaratamiento de la mano de obra. Esto implicó, a su vez, un aumento considerable en las ventas y en la circulación de automóviles, intensificándose así el desarrollo del nuevo centro de La Paternal, sobre las avenidas principales, cada vez más transitadas y bulliciosas.

Sin embargo, el barrio se supo adaptar a los cambios de los tiempos. A partir de la década del 60, se multiplicó en su territorio la cantidad de talleres mecánicos, muchos de los cuales funcionaron previamente como galpones comerciales o pequeñas industrias. También, acompañando el crecimiento de la actividad automotriz, aumentó el número de locales de venta de repuestos y autopartes. Aunque el grueso de los negocios de comercialización de autopartes se situó sobre la avenida Warnes, más bien en Villa Crespo, La Paternal recibió buena parte de la afluencia del nuevo mercado, conformando así una unidad comercial con el barrio vecino, y reforzando su nuevo epicentro, cada vez más desligado socialmente de su casco histórico.

Pero a pesar de todo, la peor consecuencia de la desindustrialización masiva, en el marco del programa de ajuste neoliberal encabezado por el proceso, fue el fuertísimo deterioro de la calidad de vida experimentado por las clases bajas. La vida en los barrios trabajadores se volvió especialmente mas dura, multiplicándose el hambre, la desocupación, la precarización laboral, el hacinamiento y también la violencia. Si bien el Albergue Warnes fue demolido en el año 1990, la región continuó siendo una isla de pobreza, sorprendentemente inmersa en el próspero norte de la ciudad. Durante la década menemista, se multiplicó la cantidad de personas sin hogar, y eso se hizo notar con fuerza en el barrio. Gran cantidad de galpones y talleres abandonados fueron ocupados por familias en situación de calle. En los terrenos de la estación de ferrocarril, venida a menos, se instalaron casas de compra y venta de cartones y materiales, en la medida que se extendía la práctica del “cartoneo”, cuando aún existía el llamado “tren de la basura”. En el año 2001, en los meses previos al estallido de la crisis, se instaló sobre el costado sur de la estación, la villa de emergencia denominada “La Carbonilla”, albergando a la comunidad cartonera que existía en el lugar. Su nombre se debe a los depósitos de carbón al aire libre situados en la zona del asentamiento, en el ex playón de maniobras de la estación de tren. Este asentamiento no es el único de su tipo, ya que es frecuente encontrarse con barrios informales localizados sobre terrenos abandonados del ferrocarril. Un ejemplo muy cercano es el de la villa La Fraga: un asentamiento situado unas cuadras más al norte, sobre la terminal ferroviaria de Federico Lacroze, en el barrio de Chacarita. Pero La Carbonilla, a diferencia de este último, se encuentra en muchas peores condiciones, ya que sufre serios problemas de contaminación ambiental, producidos por una serie de factores, que también son comunes a todo el sector norte de La Paternal. El primero de ellos, son los propios depósitos de carbón que le dieron nombre al asentamiento. Al día de la fecha, y a pesar de las denuncias realizadas por los vecinos, siguen funcionando, aprovechados por una fábrica de la zona que los utiliza para volcar sus residuos de carbón. Desde que comenzaron las denuncias, la fábrica vuelca los residuos de forma clandestina, y si bien la prensa mencionó la situación de los vecinos, no hizo hincapié en investigar a los responsables del desastre. También, en el proceso de trabajo de los cartoneros, se produce la quema de cobre, cuyas emanaciones son especialmente contaminantes para los propios vecinos.

Del otro lado de las vías, en las manzanas de “la isla”, la zona recibe constantemente emanaciones del crematorio del Cementerio de la Chacarita. Este problema existe desde hace más de 100 años, y nunca se busco una solución. La contaminación aquí es un problema menor comparado con los barrios del sur, aledaños al Riachuelo, pero no deja de arruinar la calidad de vida de los vecinos de un barrio que alguna vez fue pujante y próspero. Tampoco sería un gran desafío, abrir accesos para romper el aislamiento de la isla, urbanizando a la vez la villa de emergencia y devolverle a La Paternal su brillo de antaño, es una deuda pendiente que queda con los vecinos y con la ciudad.

29/06/2013 Leandro Caplan email[1]  En el futuro, me propongo realizar otro artículo extendiéndome sobre los límites geográficos, legales y culturales, del barrio de La Paternal.