La Moda en la Revolución de Mayo por Mabel Crego

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óleo sobre tela de Pedro Subercasseaux La forma de vestir  en 1800 de acuerdo a un análisis socio-clasista sugiere 3 clases de vestimenta:

1- grupo de elite
2- clase incipiente (clase media)
3- la clase baja, sirvientes, esclavos.

1 – Los hombres de la elite, burgueses comerciantes, se vestían con calzones, medias, zapatos, chaleco y casaca y una gruesa  capa de paño color pasa en invierno. 
En el Museo Histórico Nacional se puede observar el traje del alférez real, Francisco Antonio de Escalada, (tío de Remedios de Escalada de San Martín) es uno de los trajes civiles más antiguos que aún se conservan, consta de un chaleco con “faldillas” que se llamaba “chupa”, un calzón (especie de pantalón corto ajustado desde la cintura hasta las rodillas), medias largas (hasta cubrir la rodilla), zapatos de cuero negro con importantes hebillas de plata, y por último casaca con grandes faldones que caían por detrás, como detalle complementario un espadín.
Las damas al igual que los hombres seguían la moda española, grandes faldas anchas y largas de seda clara, que cubrían a varias enaguas realizadas, según la condición social, en lienzo blanco  o con gran cantidad de puntillas y encajes, chaqueta de rico terciopelo abrochada adelante y camisa. El complemento infaltable era  la finísima mantilla andaluza que deslizaban sutilmente sobre sus hombros como símbolo de elegancia y distinción. Se trenzaban o  rizaban los largos cabellos con una tenacilla de rular que apenas sujetaban con pequeñas peinetas “teja” española y el ineludible abanico.
Según nos cuenta Octavio Battolla “había abanicos de verdadero mérito, con los países de encaje de Inglaterra, de cabretilla blanca pintados, bordados con lentejuelas, con varillas de marfil y nácar, labradas con incrustaciones de oro y también los había de plumas riquísimas.”  
Thomas Love dice  “nunca falta un abanico en manos de una dama, sea en el teatro, en la calle, en el baile  o en el salón.
La manera de manejarlo es singular y graciosa. Los abanicos son casi joyas que lucían muy bien en las manos porteñas ya que eran muy hábiles en su manejo, sabían imprimirle elegancia y sutileza con sugestivos movimientos, a veces con cierta picardía, en los que no faltaba un expresivo lenguaje”.
Era muy común que las señoras hicieran ellas mismas sus zapatos, casi siempre de raso negro, mandaban a preparar las suelas y los cabos a su s zapateros, como no se usaba taco , los terminaban con bastante perfección. Los vestidos dejaban ver la rica media de seda. Bastaba ver el pie de una dama para saber si era distinguida o no,  pues la gente de segunda clase o de servicio nunca usaba calzado semejante.

Tertulias en Buenos Aires2- Los hombres y mujeres de la clase “media”, procuraban asimilar su forma de vestir a las costumbres de la elite, pero se diferenciaban de esta por la cantidad y calidad de sus ropas. Los hombres usaban fraques, chalecos y corbatas, llevaban sombreros y guantes.
Las  mujeres usaban rebozo, realizado con bayeta clara. Otra tela de inferior calidad era el picote de color blanco. Para Susana Saulquin  “casi todas las porteñas sin distinción de clases sociales usaban en esa época el traje de origen español”.

3- En cuanto a los miembros del pueblo bajo, se vestían con lo que podían, o le daban los amos y sus ropas eran similares a las que se usaban en el campo. Los hombres usaban chiripá, calzoncillos largos, botas de potro, ponchos, gorros de manga y pañuelos con los que protegían la parte de atrás de sus cabellos (generalmente largos).
Las sirvientas o criadas usaban un rebozo de bayeta con mucha frisa color pasa que medía como dos varas y media por una y se empleaba igual que la mantilla (esta solo era usada por las señoras de la elite).
Como los zapatos eran muy caros iban descalzos, cuenta Mariquita Sánchez de Thompson  que “los ricos daban sus zapatos usados a los criados y como estos no podían calzarlos bien, los “chancleteaban” pisándolos por detrás.

Después de las Invasiones inglesas se expandió en Buenos Aires la ropa fabricada por la industria textil británica, asimismo los estilos de vestimenta europeos y cambios de costumbres por la revolución francesa y en  particular por el imperio napoleónico. La influencia cultural francesa impactó en la forma de vestir de las mujeres de elite.

Se difundió la forma de vestir estilo imperio, con la desaparición del miriñaque que ensanchaba las caderas, debía destacarse otra parte del cuerpo femenino, el busto.
Para 1811 la moda era  como un traje griego sin mangas y muy escotado. Las telas eran muy finas y delgadas y dejaba traslucir la figura femenina. Los peinados recogidos adornados con collares y brillantes era la última moda. Dice Susana Saulquin “ de los grandes escotes, generalmente cuadrados partían frunces que eran recogidos por una cinta de raso debajo del busto, resultando vestidos angostos llamados de “medio paso” sencillos y de gran refinamiento impuestos definitivamente en Francia por Josefina Beauharnais. Llegaron al Río de la Plata en 1820.

Emerix Vidal comenta “en los últimos años las damas de Buenos Aires han adoptado un estilo de vestir que tiene algo de inglés y de francés, pero conservando el uso de la mantilla que le da un carácter muy particular”.

El atuendo masculino cambió radicalmente, los porteños ya no usaran el pantalón ajustado a la pierna, a partir de allí serán anchos y se incorporará una novedad: Los tiradores. 

En síntesis para la época de la revolución de mayo imperaba la moda española, pero los cambios sociales y económicos promovidos por la revolución, permitieron la introducción en el vestir de elementos ingleses y franceses sin que por ello desapareciera totalmente las costumbres de la influencia española.

Otra  novedad llegada de Europa fue, el vestido de novia.   

Mabel Alicia Crego – Maestra Secretaria email
Docente JIC 4 d.e. 6º

Fuentes:

  • “La sociedad de Antaño” de Octavio Ballotta
  • “Recuerdos del Buenos Aires virreynal” de Mariquita Sánchez de Thompson
  • Aportes de Prestigiacomo y Uccelo
  • Aportes de Miguel Ruffo
  • Aportes de Susana Saulquin

Imágenes

– El Himno Nacional en la sala de Mariquita Sánchez de Thompson, donde se cantó por primera vez en 1813, óleo sobre tela de Pedro Subercasseaux (reconstrucción histórica). Museo Histórico Nacional, Argentina. Fotografía: Esteban Widnicky (Archivo educ.ar).
– Tertulias en Buenos Aires

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