La mimbrería de DARDO por Ricardo Lopa

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Esquina de Castro y TarijaAhí está, relativamente bajo, sin ser sotipe. Canoso, sin tener el cabello blanco, ¡qué tal!, pardo, había sido. Nunca jovato. Lucía con orgullo esa chispa de los elegidos que jamás llegan a viejos, en oposición a los jóvenes, que nunca llegan a serlo y siempre serán jovatos.

De Trenque Lauquen, el paisano, que no es poca cosa. Bonachón y servicial, como todo criollo. Para hacerla completa, le había arrimado el bochín, a una dama nacida en Pehuajó. Mirá que te estoy hablando, allá por los primeros cinco pirulos de los años cincuenta. Eran un pedazo de la pampa del oeste bonaerense afincados en Boedo; en los bajos de Tarija y Castro para más dato.
Querés saber, ¿por qué nombro la dupla? Bueno, porque justamente, ahí estaba, si, la mimbrería de Dardo, que recalaba ni en una ni en la otra, en la esquina sudeste mirando al noroeste, que si bien formalmente por numeración pertenecía a Tarija, por escrache de la barra era simplemente la ‘Esquina de Dardo”.

Sin exagerar, el tipo era un artesano del mimbre. La sabía lunga. Cuantas tardes nos habrá chamuyado de la vida, mientras sus manos virtuosas dibujaban tanto una silla como un sillón y otras yerbas. Verlo a él, era como ver a doña Paula con el telar y su incipiente pyme, confeccionando los ponchos que su hijo ayudó a liquidar. La familia ‘le hacía pata’, tanto Antonia, su esposa y Dardi, su hijo, no le esquivaban al yugo. Eran empresas familiares, que surgieron con el advenimiento de argentinos laburantes,  que migraban a la Capital.

¿Querés saber el nombre del negocio?. Te lo debo. En realidad para la muchachada, simplemente era “La mimbrería de Dardo” que le había arrebatado una esquina al barrio. ¿Dónde parás?: “en la esquina de Dardo”, con orgullo y sacando chope. En la actualidad, segurola que la identificación no escaparía de “ The Dardo’s”  o algo parecido buscando civilizarnos, como continuidad del complejo matinal. ¿te acordás del hijo civilizado de doña Paula, la  bárbara del telar?

La mimbrería era como las carteras de las damas, uno nunca sabe con que se va a encontrar.
Si te digo, que no era ajena a la venta de artículos de bazar, pinturas y otras menudencias, dalo por hecho, además, por supuesto, de las artesanías en mimbre.

La verdad que la variedad de la oferta era imprevisible. “Ojo al pomo que viene carnaval”. Si, en uno de esos carnavales que no se empardan, a Dardo se le ocurrió vender pomos. Si esos de goma, que cargados, servía a los pibes para ‘jugar al agua’, mientras los mayores usaban baldes, algo es algo, había que conformarse.  Una dama empilchada, pulenta pulenta, ‘carapintada’ que va a la guerra cuando cae el sol, supo las consecuencias del pomo de Chicho, y éste supo las consecuencias de los groseros insultos de la jovata, que a ojo de buen cubero, tendría unos treinta pirulos.

Negocio, con vivienda familiar. Pero ahí no terminó la cosa. Pues ahora viene lo insólito, por lo menos para la pebetada, dado que el inmueble incluía un sótano que abarcaba toda la esquina. ¡Un sótano¡ Sabés lo que era ¡un sótano¡ no cualquiera lo tenía. No es novedad, que a los pibes lo oculto atrae, y el sótano, por el solo hecho de serlo, lo hacia apetecible. La curiosidad se acrecentaba, por la escasa posibilidad de frecuentarlo. El misterio, que no era tal, existía en la imaginación infantil, en la realidad configuraba un simple y amplio depósito. Ante la eterna insistencia y expediciones clandestinas, Dardo, decidió blanquear la situación:
– ¿Por qué no forman un club?
Como imaginarás, la propuesta era jugosa y la aceptamos al voleo. ¿por qué mente adolescente, no pasó la idea de fundar un club?, no éramos la excepción.

– Eso si, forman un comisión directiva y fijamos día y hora de reunión “

Pícaramente, Dardo nos dio el dulce y luego nos acorraló. Club social y deportivo hubo de ser. Lunes, miércoles y viernes, reunión. Primero: Tarzán, Toddy y Radio Splendid, a tal fin la Nona, abuela de Dardi, prestó a la purretada su enorme radio eléctrica, (minga, por ese entonces la de transistores a pilas) bastante pasadita la pobre, pero cumplía la función. Orden del día, indefectible comentario de la mona Chita, el grito famoso del héroe, etc., La voz de nuestro hombre mono, César Llanos, nos alegraba la tarde, luego sí, formación de la Honorable Comisión Directiva, que no demandó mucho tiempo, ocho socios, ocho directivos, sin cargos específicos. Asociación Civil sin fines de lucro, se podría chamuyar, pero, en miniatura. Ahora viene lo jodido; el nombre. Dos posturas: “La Mimbrería” y “El Dardo”. Discusiones de alto vuelo, léase, recuerdos non santos a las madres, insultos de aquí y de allá, etc. Se optó, luego, de un largo y enriquecedor debate, por El Dardo.

– Se imaginan, ahí viene “La Mimbrería”, ¡feminoide!, suavecitos; juntando las manos en la boca, gritó Coqui.
– Cierto, afirmó Chicho “El Dardo”, da sensación de hombre dañino, de prima.
– Eso no quiere decir nada, bueno, pero ayuda a fortalecer la imagen, completó Luisito
– ¡ Qué no !, esta vez Dardi, “los ensartamos”. La risa colectiva, fue la confirmación del nombre.

Luego fue el carnet de cartulina, con intento de foto. Jeta de traste de los viejos, cuando intentamos que nos llevaran a San Juan y Boedo, donde reinaba Fermosaille; la casa de fotos del barrio. La araca era por la mosca que tenían que poner, no cualquiera se sacaba fotos. Circunstancia excepcionales, casorio, comunión, la ameritaban. Pero, para el caso, según los drepas, no había mérito que testimoniar. Consecuencia, pulgar ajoba y vuelta de página.

“Club Social y Deportivo El Dardo”, que no era poca cosa. Se organizaron un par de eventos sociales; embellecer Castro, de Tarija a Pavón, ahí estaba el yeite Guirnaldas azules y blancas de árbol a árbol en fiesta patria, haciendo juego con los colores nacionales, que eran, también, los del club. Complementaba la joda, leche al chocolate, en mesa a la calle a media tarde, cuando febo entra en decadencia. El piberío, agradecido.

Función importante cumplió “El Dardo”, cuando la epidemia de poliomielitis. En tren de desinfectar se lecharon con cal árboles y cordones de nuestra Castro, previa colecta vecinal. No creas, que todo era tan dulce y romántico. ¿Qué sucedió? El primer acto de corrupción, para el barrio, algo así como la de Rivadavia en la Baring Brothers. Luego del rejunte de la guita, los muchachos mayores, mejor no los nombro, se ofrecieron a efectuar la compra de los elementos; cal, brochas, y acaroina. El laburo se realizó, ¡oh casualidad! domingo a la tarde, solari y a piachere de la banda. Soledad y silencio de los cementerios en Castro. El rrioba entero, ¿adonde podía haber ido? Era el día del Señor, pero a la Iglesia, no. A la cancha, sí. Unos enfilaban para Av. La Plata, otros, para la Amancio Alcorta. Observarás, que para los cincuenta, el tranway tenía pocos clientes para La Boca y Belgrano. Bueno, a la vuelta del partido, estábamos ansiosos por ver la obra de arte. A la distancia, nada. Al acercarnos, observamos un tenue, pero bien tenue, color blanco en árboles y cordón.

¿Qué había sucedido?; los mayores de la escuela media, no integrantes de El Dardo, había retenido parte de la mosca, e invertido un puchito, ‘clín caja’. Por supuesto, como no alcanzaba la pintada, le agregaron tanta agua, con resultado previsible. Además, los pelos pegoteados en los árboles, de las brochas viejas de favor, fueron también testigos de la infamia; era como un resabio de la Década del Treinta. Se corrió la bola  “El Gran Choreo de Castro” y  ¡Papelón de El Dardo! Solución, los drepas de los directivos pusieron, compraron y nos ayudaron a blanquear, y a blanquear la situación de los infames traidores al Dardo.

Es el día de hoy, que perdura en mi olfato, el saludable olor a acaroina.  La cuestión que “El Dardo”, lavó su honor y chau la polio.

En realidad, lo que más nos interesaba era la faz deportiva. No escapó a la misma, la carrera pedestre, de Castro a Pavón. Lo novedoso, es que se dividió en tres: para varones altos, bajitos y las damas. ¿qué me decís? Toda una innovación. El reglamento, no especificaba límite de edad. Pero, quedate tranquilo, no hubo otra corruptela, sólo se mandaron los pibes. En la primera, Luisito, alias ‘biyiyi’, se anotó. En la segunda, Ricardito, alias ‘Chicho’, fue el triunfador. Premios: libros. Títulos, el de los grandotes, no recuerdo, El de Chicho, “Una Excursión a los Indios Ranqueles”, de Lucio V. Mansilla. Con la cuestión del evento, ¡qué fomento a la cultura nacional! Todavía hoy me pregunto ¿cómo zafamos de Sandokán, Robin Hood, etc?  y me pongo ancho. Ah, las damas no participaron, la prueba vacante, la falta de stock por arrugue de minas, se hizo sentir y la novela rosa de Corin Tellado, se sorteo entre las presentes, la Carmelita fue la agraciada.  

Pasaron años, se está yendo la vida. ¿A dónde vas? Para la ‘mimbrería de Dardo’,  es la respuesta a flor de labio de los jovatos del barrio, que alguna vez fueron pibes y pararon en la ´esquina’ sudeste mirando al noroeste de Tarija y  Castro, donde supo haber en el sótano, un club, con sello y todo, donde se leía  “Club Social y Deportivo El Dardo”.

Ricardo Tito Lopa
contacto: [email protected]
Castro y Tarija, Boedo

Boedo, abril 23 de 2009