La Estancia “Los Remedios” en el barrio de Parque Avellaneda

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Casona de los Olivera en el Parque Avellanda
Casona de los Olivera en el Parque Avellanda – Foto: Mónica Rubio

La Estancia “Los Remedios” es una joya patrimonial
engarzada en el Barrio porteño de Parque Avellaneda

por Susana Haydee Boragno 
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Nota publicada en La Nación – Suplemento Campo
 

Quienes circulan por la autopista 25 de Mayo, visualizan un edificio que reluce en la ciudad.

Fue el  casco de estancia “Los Remedios”. Hoy cuesta imaginar que fue un  lugar muy extenso, donde había molinos, ganados, gauchos,  caballo, sembradíos etc.

Tuvo su origen en el siglo XVII, cuando se repartieron unas  “suertes de chacras” en la margen izquierda del Riachuelo que se extendía hasta el Arroyo Maldonado y estaba entre las actuales calles Escalada y Lacarra.

A partir del siglo XVIII, fue propiedad de las Hermanas de la Santísima Caridad, fundada con fines piadosos, por los padres de la capilla de San Miguel, (Bartolomé Mitre y Suipacha).

Tenían un oratorio consagrado a Nuestra Señora de Los Remedios y en 1755 crean el Asilo de Huérfanas. En 1822, fue  expropiada y pasaron a manos de la Sociedad de Beneficencia.

La Chacra fue primero arrendada y en 1828, vendida en remate público a Domingo Olivera, nacido en 1798 en Ambato, región del Ecuador, en el Virreinato del Perú. La vieja casona del convento fue adaptada como vivienda familiar.

Domingo  ocupó varios cargos políticos. Estableció en la Chacra un tambo y un molino de trigo que le permitió proveer de pan al Barrio de Flores. Fundó un patriarcado agrícola ganadero. Fue un verdadero pater familiae, y un pionero con  gran  espíritu de progreso que se lo inculcó a sus hijos..  el éxito depende del esfuerzo…“el hornero no mira al cielo, trabaja…” Debió soportar pavorosas sequías, pastos duros. Le llevó tiempo transformar el suelo pampeano y obtener ricas y nutridas praderas. Se dedicó a la plantación sistemática de árboles. El acceso al agua fue un factor importante, y realizó profundas  perforaciones para obtenerla.  Apoyó  al ing. Adolfo Sourdeaux, en la búsqueda de napas freáticas.  

Su muy devota esposa, Dolores Piriz Olaguer y Feliu, encontró entre los trastos de la casa, una imagen deteriorada de la Virgen de Los Remedios, igual a la que se venera en la Iglesia de San Miguel desde 1727. Su esposo había formado su primer tambo con 50 vacas pero como no contaban aún con alambrados, se perdieron. Ella le pidió a la virgen para que aparecieran y le hizo prometer a su esposo que si eso sucedía,  mandaría a restaurar la imagen, cosa que así ocurrió y en su casa creó un oratorio.  La chacra se cercó con zanjas y con setos vivos de añapinday. Es un lugar histórico porque en 1852, durante el Sitio de Buenos Aires, el general Hilario Lagos instaló su cuartel y  hospital de sangre.

Olivera cruzó el ganado bovino con ejemplares europeos y como resultado surgió la variedad Rambouillet Argentino. Mandó a estudiar a su hijo Eduardo agronomía en Grignon, Francia. En 1857, su hijo trae de Europa en la barca napolitana La Carolina, una majada de 26 ovejas de Chrezelitz y seis morruecos, (carnero padre). Viajaban en la cubierta  y fue un ovejero más, al cuidado de los animales que llegaron bien, a pesar de soportar un largo viaje. Los cruzó con los Rambouillet  y  produjo mejoras con obtención de  grandes masas de lana de vellón tupido y fino. Su hermano Carlos, que era un estudiante aventajado de ingeniería  construyó un galpón modelo que tenía buena ventilación, luz y abrigo para las ovejas. La chacra fue utilizada como centro de experimentación y explotación ganadera aún mucho tiempo después de pertenecer al predio capitalino (1887). Como tenía varios establecimientos en la provincia, traían a la chacra a  los animales para su preparación y terminación. Los presentaban en ferias y exposiciones, obteniendo numerosos premios y buenos precios de venta. Cuando en 1866 fallece el padre, sus emprendimientos lo continuaron sus hijos. Eduardo ocupó varios cargos públicos y fue uno de los fundadores de la Sociedad Rural inspirado  en la Royal Agricultural Society de Birminham.  Trabajó junto a sus hermanos Pablo, Luis, Nicanor, Manuel, Carlos y Ernesto  para el mejoramiento del ganado vacuno, bovino, porcino y  en 1888, fundaron la Olivera S.A.

Carlos, reparó y amplió el casco de la Estancia Los Remedios y en ese mismo predio  construyó Villa Ambato. Sobre la ruta 5, cercano a Lujan edificó el casco de la Estancia Las Acacias.

La chacra, a través de los años fue objeto de sucesivos fraccionamientos y ventas. La apertura de la avenida Directorio dividió la chacra. En el cruce de Lacarra  y J.B.Alberdi,  aún se puede observar unos añosos árboles, medio desdibujados, que señalan la entrada  a “Los Remedios”, que fuera visitada por lo más selecto de la sociedad porteña.

En 1895 perdió una parte del predio, cuando el Ferrocarril Oeste trazó un desvío desde el Km. 9, 5 (Villa Luro), hasta Ingeniero Brian en el Riachuelo. En 1951 se levantan las vías y surge la Av. Perito Moreno.

La Municipalidad adquirió por una ordenanza de 1912, una fracción para instalar un parque público. El nieto del fundador entregó el inmueble al Director de Paseos,  Carlos Thays y se inauguró el 28 de marzo de 1914 como Parque Olivera. Se lo cambió por Parque Avellaneda aunque  por muchos años, siguió  llamándose  Olivera.

En 1917, se inicia un vivero municipal. Se instala un tambo modelo con cámaras frigoríficas que podía refrigeras 1.000 lts. de leche por 30 horas. Además producía panes de hielo para refrescar a los animales del zoológico. En 1925 se inaugura un natatorio,  centro de educación física, escuela y colonia.

A partir de 1936 empezó a funcionar en forma intermitente un trencito que estuvo en el Jardín Zoológico. Recorría el Parque y se lo llamó “Expreso Alegría”.

El casco de la estancia,  debió luchar contra el olvido y el abandono. Fue saqueada e intrusada. El implacable progreso avanzó sobre la cabaña ovejera, pero no pudo borrar este patrimonio, hoy urbano. Su edificio, restaurado y adaptado  para actividades culturales,  sigue estando en pie,  como  queriendo anunciar  “aquí hubo una estancia”. 

por Susana Haydee Boragno