La Casa Mínima

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La Casa Mínima en Pasaje San Lorenzo 380, barrio de San TelmoReproducimos, a continuación, la Conclusión del trabajo realizado por el Arq. Pablo López Coda, que se puede consultar en este enlace, sobre la Casa Mínima, ubicada en el Pasaje San Lorenzo.

«La esquina noroeste de Defensa y San Lorenzo fue ocupada por los hermanos Francisco y Andrés de la Peña Fernández desde fines del S XVIII, quienes la alquilaron a Sebastián Lezica. Desde entonces, su uso siempre fue para locales y piezas de alquiler y, por ese motivo, tuvo
distintas remodelaciones en la primera mitad del S XIX. Se demolieron las construcciones de madera y cubierta de tejas, para reemplazarlas por otras de material y con azotea. En esos años de 1840, se debió construir una habitación más, en altos, con vista al riacho de San Lorenzo, para que doña Ventura Lezica de Peña pudiera vivir mejor de los alquileres que le producían esos cuartos, aunque sin tener título de la propiedad.

En 1861 la finca pasó a manos de José María Peña y, por la habilidad administrativa de su hermano Juan Bautista, fue comprada en remate por menos del valor con que había sido tasada. Durante los siguientes treinta años, don José María la siguió alquilando y, probablemente haya mandado a hacer mejoras en los interiores. Tal vez por ese motivo, alrededor de 1880, se hizo una profunda reforma en el frente de toda la finca. Se cambió que el antiguo revoque encalado por otro símil-piedra, más acorde con la época. Para ese entonces José María Peña, con setenta y cinco años de edad, debió delegar las reformas su hijo Enrique Peña, heredero de la finca y amante del pasado colonial. Por ese amor o por simple economía, dejó unos escaso tres metros de frente sin demoler, dando la forma exterior de una casa pequeña a lo que en realidad era el zaguán de una vivienda mas amplia y con habitación en altos. Mandó arreglar algunos elementos de la pequeña fachadita, pero mantuvo casi intacto su interior. Cien años después, el abandono hizo que un respetable intruso la habitara y cuidara, transformándola en una curiosa casa, que Baldomero Fernández Moreno bautizara como mínima. A partir de allí, la fantasía popular y la culpa no asumida respecto del exterminio de los afroargentinos es esta tierra; cuajó en una curiosa leyenda, parida, corregida y aumentada por la prensa, que aseguraba que fue la vivienda de hombre libre de un esclavo liberto. He buscado, y encontré otras historias. Pero, la verdadera historia de esta casa es que, por más de ciento sesenta años, fue cobijo de viajeros, nativos y extranjeros, blancos y morenos. Y, en los últimos meses; por estar deshabitada, poco a poco, se está cayendo.».