La amante oculta del General Manuel Belgrano

La amante oculta del General Manuel Belgrano
Hoy, a 250 años de su nacimiento en el año Belgraniano, Manuel Belgrano sigue despertando la admiración de los que lo conocen y el desprecio de quienes siguen viendo en él a un denunciante de las injusticias y las inequidades provocados por los que él llamaba “partidarios de sí mismos”. Estos lanzaron la versión que “acusaba” a Belgrano de ser homosexual.#ManuelBelgrano #MariaJosefaEzcurra #PedroPabloRosas #MabelCrego
Mabel Alicia Crego
Vecina de Barracas
[email protected]

En sus machistas mentes aquel hecho lograba descalificar su obra. Por suerte vivimos tiempos un poco más racionales y menos hipócritas.

Para mí, fue un pionero en muchos aspectos, defensor de la mujer, promotor de la industria, protector del medio ambiente, honesto periodista, innovador en la educación y defensor de los pueblos originarios.

Muchos historiadores afirman, por apego a la verdad histórica, que Belgrano era heterosexual  y que tuvo dos grandes  amores.

Maria Josefa EzcurraUno de ellos fue con María Josefa Ezcurra,  (de quien escribiré hoy), hermana menor  de Encarnación Ezcurra, la esposa de Juan Manuel de Rosas.  

El otro amor de Belgrano (descripto en el artículo anterior), fue la tucumana María Dolores Helguera Liendo, con quien vivió un romance marcado por la guerra. Los padres obligaron a María Dolores ya embarazada de Manuel,  a casarse con un amigo catamarqueño de su padre, Rivas al que ella no amaba  y que al poco tiempo la abandonó embarazada. 

Belgrano y  su querida María Dolores volvieron a verse, pero no pudieron casarse porque, a los efectos legales, María Dolores seguía casada con su ex marido.

La  hija de ambos Manuelita a la edad de cinco años fue llevada a Buenos Aires, donde Juana Belgrano de Chas, hermana del general, su esposo  y los demás hermanos de Manuel criaron a la niña que creció con cariño y educación en la casa natal de la familia Belgrano.

Manuel Belgrano luego de concluir sus estudios de nivel medio en el Real Colegio de San Carlos (origen del actual Colegio Nacional de Buenos Aires), finalizó a los 18 años, sus estudios universitarios en España con medalla de oro. Se recibió de abogado con ideas de igualdad, libertad y fraternidad, ideales de la Revolución Francesa.

Dominaba francés, latín, italiano  e inglés. Estudió a los enciclopedistas, con Diderot, Montesquieu, D’Alembert, Rousseau, Voltaire, D’Holbach, Quesnay y Turgot.  Se interesó particularmente por la fisiocracia, que ponía el acento en la tierra como fuente de riqueza y por el liberalismo de Adam Smith, que había escrito en  1776 que la riqueza de las Naciones  estaba fundamentalmente  en el trabajo de sus habitantes, en la capacidad de transformar las materias primas en manufacturas.

Belgrano pensó que ambas teorías serían complementarias en su tierra con tanta riqueza natural por explotar.

A los 24 años de edad, con estas ideas y políticas adquiridas, regresa a Buenos Aires en 1794 para hacerse cargo de la Secretaría del Consulado.

De  regreso al país  conoció a María Josefa Ezcurra, nacida en Buenos Aires el 26 de noviembre de 1785, integrante de una tradicional  familia de la Gran Aldea.  Sus padres fueron, Juan Ignacio Ezcurra, de origen navarro de Pamplona, y la criolla Teodora Arguibel.

María Josefa tenía varios hermanos  y entre ellos,  Encarnación, figura de vital participación, en esta poco conocida historia de afectos, sentimientos encontrados y separaciones.

María Josefa acompañaba siempre a su padre, Juan Ignacio de Ezcurra, que formaba parte del grupo de comerciantes (junto con Sarratea, Cecilio Sánchez, Escalada y Santa Coloma) con quienes el secretario del Consulado, Manuel Belgrano, debía lidiar todos los días.

Así se enamoraron en 1802, cuando Manuel tenía 32 años y Josefa, 17 años.

Don Manuel comenzó a frecuentar cada vez más asiduamente a María Josefa, en  las tertulias o “saraos” en casa de familias amigas, o en encuentros furtivos en las misas dominicales, naciendo poco a poco  un ardiente amor, que duró varios años a pesar de los contratiempos que impedían su continuidad y cristalización definitiva.

Los padres de María Josefa no aceptaron las pretensiones de Manuel Belgrano para con su hija y  dispusieron, según acostumbrado en la época, que se celebrara prontamente su matrimonio con un primo de origen navarro, recién llegado de España, con el cual ya habían previamente acordado el matrimonio de María Josefa.

Juan Esteban Ezcurra se casó en 1803 con la niña de 18 años y  la relación duró nueve largos años.

Un castigo para María Josefa que no amaba a su esposo.

Más tarde, por razones políticas, (ya que Juan odiaba las revoluciones) y otras de carácter personal que se mantienen ocultas en la historia, se produjo la separación de los cónyuges,  Juan Esteban se volvió a España y falleció mas tarde  en Pamplona. María Josefa heredó toda la fortuna del marido.

Abandonada por su esposo tras los sucesos de Mayo de 1810, con 27 años y sin hijos, su círculo de amistades ya comentaba que Doña María Josefa era «una casada con la libertad de una viuda», libertad y arrojo que la llevó a seguir a Belgrano, su amor  de adolescente.

María Josefa Ezcurra no siguió los cánones de comportamiento que se esperaban de una mujer durante la primera mitad del siglo XIX. Se sentía libre y contaba además con independencia económica.

Reanudaron sus encuentros amorosos con Manuel, aunque en el mayor de los secretos, para que su familia y amigos  no tuvieran nada que decir.

Poco después, en marzo de 1812 en una actitud inusual para esa época de rigurosos principios  sociales, cuando Belgrano se hizo cargo del Ejército del Norte, decidió acompañarlo desafiando todas las habladurías sociales, Decididamente fue una mujer pionera, nunca se comportó como el resto de las mujeres de su época.

Tomó la “mensajería de Tucumán”, una diligencia que tardaba alrededor de 30 días en llegar a la ciudad norteña, para seguir a su amado general, asumiendo los riesgos e inconvenientes de una travesía de esa naturaleza, dado lo inhóspito del camino y la ausencia mínima de comodidades y ámbitos propicios para descansar con alguna seguridad.

Cuando llegó a San Miguel de Tucumán, el general ya había partido para Jujuy y hacia allí fue la joven porteña.

A fines de abril de 1811 llegó a San Salvador de Jujuy, luego de 45 días de un fatigoso viaje cubierto de vicisitudes desagradables e inesperadas  situaciones de peligro,  pudo reencontrarse con  su Manuel  y acompañarlo en el frente de batalla, donde siempre quedaba un ratito para el amor. 

Pronto debieron trasladarse a San Miguel de Tucumán, luego del Éxodo Jujeño ocurrido en agosto de 1812 por determinación táctica del general. Allí vivieron sus momentos de máxima felicidad, quedando embarazada en octubre de 1812.

Como María Josefa todavía seguía  legalmente unida a Juan Esteban Ezcurra, decidieron que lo mejor sería que el parto se produjera en un lugar alejado de Buenos Aires con el fin de evitar un previsible y fuerte reproche social.

Así fue que se eligieron la estancia de unos amigos, muy cercana a la ciudad de Santa Fe (probablemente una propiedad de Francisco Antonio Candioti o de Gregoria Pérez de Denis), aunque algunos historiadores  sostienen que podría tratarse de un establecimiento rural propiedad de Juan Manuel de Rosas ubicado en cercanías de la Villa del Rosario. Lo cierto es que el 29 de julio de 1813 nació un hijo varón que fue anotado y bautizado en la iglesia Matriz (Catedral) de Santa Fe como huérfano o expósito, en la partida su madre figura como madrina de bautismo.

Pedro Pablo RosasEl niño vivió en Santa Fe algunos meses con su madre. Luego María Josefa y su hijo viajaron a Buenos Aires. Al poco tiempo Pedro Pablo fue adoptado su hermana menor Encarnación,  quien recientemente  se había casado con Juan Manuel de Rosas, criado como hijo propio de la pareja.

El  futuro gobernador de Buenos Aires aparecerá en la historia como padre de la criatura, el niño se llamaba Pedro Pablo Rosas, los tíos se convirtieron en sus padres y la madre pasó a ser la tía. Asimismo, tuvo dos hermanos que en realidad, eran sus primos: Manuelita y Juan(quien murió muy joven).

Tiempo después  en 1837, don Juan Manuel cumplió con su promesa de contarle a aquel hombre de 21 años, (que ya era un estanciero y que sería nombrado  juez de paz de Azul  y comandante militar interino de Azul, ciudad donde tenía sus intereses privados), su verdadero origen familiar.

Siempre hubo una muy buena relación entre los dos hijos de Belgrano, lo demuestra la frecuente correspondencia que mantenía Pedro Pablo con su hermana Manuela Mónica.

Conforme a los datos históricos más aceptables, fue criado por los Ortiz de Rozas y se hizo hombre junto a esta familia. Estanislao  S.  Zeballos afirma que era “sobrino de don Juan Manuel y de conocida familia de Buenos Aires”.

Pedro Pablo Rosas y Belgrano se casó en 1851 en la iglesia de Azul con Juana Rodríguez. La madrina de la boda fue su madre, María Josefa Ezcurra. De la unión nacieron dieciséis hijos. Llegaron a la mayoría de edad;  Pedro, Dolores, Juana Manuela, Braulia, Melitona, María Josefa, Manuel, Juan Manuel, Francisco y Emiliano.

María Josefa estuvo siempre al servicio del proyecto político de su cuñado.  En 1838 cuando falleció Encarnación se hizo cargo del cuidado y la tutela de su joven hija, Manuelita.

Casa de la calle Alsina de Maria Josefa EscurraEn su casa de la calle Alsina, a pasos de la iglesia de San Ignacio, hoy casco histórico de Buenos Aires, concurrían los jueves, los criados de todas las familias porteñas.  La dueña de casa les ofrecía grandes tazas de chocolate o café con leche más algunas compensaciones monetarias.  Los unitarios que evocaban aquel tiempo, aseguraban que la matrona recibía información sobre lo que se conversaba en las tertulias,  de los opositores y todos los movimientos en esas casas.

En esa casona, antes pintada de rojo el color federal (según algunos historiadores) se manejaban muchos de los resortes más importantes del poder rosista, se realizaban reuniones retratadas en Amalia, de José Mármol, quien la describe como una mujer insensible, obsecuente y una fervorosa partidaria del régimen rosista.

Sin embargo, su relación con Rosas fue zigzagueante y se habría alejado de él hacia el final de su gobierno.

María Josefa vivió en esa casa hasta su muerte, el 6 de septiembre de 1856 a los 70 años de edad.

Carmen Verlichak, autora del libro “María Josefa, El amor prohibido de Belgrano”, la describe como mujer de espíritu sensible y apasionado, una heroína víctima de las convenciones sociales de la época de la colonia.

Para otros, en cambio, era un personaje frío y ambicioso, que abandonó la crianza de su hijo para estar al servicio de los fines políticos de su cuñado, Juan Manuel de Rosas, a quien solía recibir en su casona de la calle Alsina.

Más allá de estos retratos, tal vez disímiles, tal vez complementarios, es imposible negar la importancia de María Josefa en aquellos duros momentos de enfrentamientos entre unitarios y federales, lucha descarnada que tuvo a Los Altos de Ezcurra como uno de sus escenarios.

Mabel Alicia Crego
Vecina de Barracas
[email protected]
Fuentes:
  • Manuel Belgrano, vida y pensamiento de un revolucionario Felipe Pigna(Editorial Planeta)
  • Pedro Rosas y Belgrano (2007).
  • Belgrano reconstruido Ayala, Juan Neo. Ed. Perfil.
  • Iconografía de Rosas Chávez, Fermín Buenos Aires (1972).
  • María Josefa Ezcurra Alejandro Jasinski
  • El amor prohibido de Belgrano Carmen Verlichak sudamericana 1999
(Visited 750 times, 1 visits today)

1 Comentario

  1. María Josefa Nooooooo fue amante de Manuel Belgrano!! Dejen de mentir

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.