Jorge Nadín: Todo tiene un final, todo termina…

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Todo tiene un final, todo termina, dice Vox Dei, en su canción presente. Y es cierto, allá por el año 1971, qué lejano parece ahora y pensar que está tan cerca con solo cerrar los ojos, o ver un par de fotos viejas, decía que por aquél año, o mejor dicho por marzo del 72, la heladería Venezia cerraba sus puertas, dejando oír el ultimo chirriar de sus gastadas persianas, atrás habían quedados los años de niñez sana, mis primeros amigos, mi primera bici, la querencia de todos mis seres queridos, los tenia a todos para mi, atrás quedo el año 67 con la llegada de mi hermano, Ricardo Hugo, a quien el segundo nombre lo elegí yo en honor al hermano de Daniel que se llama Víctor Hugo, hasta ese punto uno quería compartir la amistad. atrás quedaba la casa de Carlitos, el 68 con el primer campeonato de mi Vélez pasión, en fin un mundo que uno había ido construyendo de a poco. Decía en un escrito anterior que mi mundo llegaba hasta la calle Vilela y Vidal, y de golpe aprendí que después venían Besares, R. Huidobro, Correa, Ramallo, Arias, Deheza donde empecé a crecer como adolescente, las vueltas de la vida me llevaron a vivir a la vuelta del colegio donde había cursado 7 grado, el San Isidro Labrador, sobre la Av. San Isidro y Deheza, allí tuve compañeros, no recuerdo todos los apellidos, ahí si me falla la memoria, como el negro Aguirre, Aldo Varice , fue arquero de platense, el japonés Yama….., en fin recuerdo los rostros pero se me escapan los nombres. Me di cuenta que existía un puente y se llamaba Saavedra, que platense seguía existiendo del otro lado de la General Paz, vi empezar a construir la actual cancha, una plaza que se llama Vicuña Makena, sobre Cramer y Ramallo. Durante cinco años, los de mi secundario en la Asunción, recorrí cada centímetro de sus calles y veredas. Una nueva barra de amigos apareció, Carlos Manteo, Viviana Nigro y su hermana Susana, Daniel, Roberto González, Andrea, Fernando, en fin era unos de los tantos cambios que nos presentan la vida, descubrir que Saavedra era mucho más grande y más linda, allí vi crecer a la heladería Chungo, ir a cenar a El Cajón o a comer empanadas a La Pachamama, ya no había tranvías, había algunos troles, como el 30 y el 31, que pasaban por Cabildo, que con el tiempo, y aun siendo hincha de Vélez, lo tome durante todo el tiempo que Tense jugó en cancha de Atlanta en Villa Crespo. Todo tiene un final, nada puede escaparse, el llanto y la risa allí terminan ( Vox Dei ), el llanto por la parte de mi infancia, que había pasado, entre traqueteos de carros de lecheros y tranvías destartalados, la risa por el nuevo horizonte y por una libertad que en ese momento me asustaba, no entendía que pasaba a ser adolescente, que ahora iba y veían una vez y otra vez por esas calles con total libertad, como esta ultima vez que estuve en buenos aires y subí despacito por Vidal hasta llegar a Deheza, fugazmente pase por donde había vivido, Deheza 2636,y me pareció sentir la voz de la vieja que mandaba al almacén de la vuelta y Arias y Vidal, los pasos de mí viejo llegando a la madrugada de la heladería, se había trasladado a Rivadavia y Cuenca, mi hermano con sus juegos y el esperar el micro a la mañana para ir al colegio, y mi compañera la guitarra, con sus mal tocadas canciones, mis amigos los bailes. Saavedra, corazón de papel que con el tiempo se va poniendo amarillento, pero que en mi interior sigue siendo rojo como la pasión que siento por vos.

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