Jorge Nadín: Club Atlético Platense

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ALMA DE TABLÓN

Club  Atlético Platense, sentimiento de un barrio en crecimiento. La canchita de tablones de Pedraza y Cramer, domingos de futbol grande, los altavoces sonaban con si su piloto no es Acuamar no es impermeable lo puedo asegurar y salía el tense a la cancha. Nosotros con nuestros grandes 9 años nos entusiasmaba el griterío de la tribuna, aunque en realidad lo que hacíamos a veces era buscar monedas abajo de la tribuna. El olor del choripán, los panchos. Entrabamos gratis, si un mayor te hacia la pata adentro, así que nos parábamos en la boletería y esperábamos, después a la salida volvíamos a Vidal a cuidar autos y ligábamos lindas propinas, no necesitábamos la plata, pero era el sabor de ganar unas chirolas y juntar para comprar las camisetas del equipo. En la semana era distinto, había que ser socio para entrar, el cuidador creo que se llamaba julio, no te dejaba entrar. Recuerdo que después de muchas corridas y escondidas nos hicimos compinches y amigos de aquel viejo guardián y nos dejaba pasar a jugar en la cancha auxiliar a jugar partidazos, siempre eran desafíos con algunos chicos que estaban en el club, allí se albergaban los sueños de muchos de nosotros de llegar a primera, la imaginación y la ilusión volaban, un toque, una gambeta, un caño, una pisada un gol al ángulo, todo servía para ser pichón de crack. Un día como todos estábamos haciendo  un picado entre nosotros, no nos dimos cuenta que unos grandulones nos estaban viendo, uno de ellos se acerco a pelusa (Alberto Batet) y le dijo porque no hacíamos un picado entre todos. Con  el tiempo nos enteraríamos que ese había sido el partido de nuestras vidas, corríamos como locos para demostrarles a esos grandulones que éramos hábiles, no pibe me grito uno si cruzo la pelota pica al vacio, en la segunda le hice caso, pique en diagonal, era un pase mágico, quedé solo frente a Pelusa, que era el arquero, el imitaba al loco Gatti, lo mire y con un quiebre de cintura lo deje tirado en el suelo, todo el arco era mío y como si fuera la final del campeonato del mundo le pegue el zapatazo y salí como loco a gritar el gol con alma y vida, es quizás la jugada  que mas recuerdo , el resultado  fue historia, de pronto Daniel Milanessi, él era hincha de platense, y me dice que esos grandulones eran jugadores de primera, que conocía a la mayoría, Aranda, Mansueto, Togneri, la chancha Topini, Recio, Murua, Miranda, Muggione, Bulla, Subiat, medina, habían tenido la humildad de los grandes para prenderse en ese picado, había potrero, había sentido de vida. Fue el comentario de la barra durante mucho tiempo,  después ellos siguieron su camino y nosotros fuimos creciendo, cada uno tomo rumbos distintos, la vieja y querida cancha de platense desapareció como desapareció ese partidazo, pero quien no  guarda en sus retinas los colores marrón y blanco de una camiseta calamar y el sonido de un gol que aun hoy recorren las calles de Saavedra.

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