Jorge Nadín: Canchas de fútbol

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Jorge Nadín,nos cuenta sus recuerdos de las canchas de futbol.

Muchos son los momentos en que me sentía feliz con la barra de amigos, hoy voy a evocar un pedacito de las plazoletas de García del Río. Desde cabildo hasta pintos estaban las mismas canchas de fútbol de todo el barrio, pasaba un auto cada tanto, el primer campeonato que jugamos fue en García del Río y Vidal, como no teníamos camisetas, improvisamos unas blancas y le hicimos dos franjas verticales una azul y otra roja mas corta, el resto de la vestimenta no era uniforme, como éramos los mas chicos demás esta decir que no ganamos un partido, pero teníamos el orgullo de decir que jugamos con los mas grandes, los sábados por la tarde se organizaban campeonatos en otra plazoleta que estaba entre Zapiola y Conesa, lo organizaba la unidad básica, allí ya teníamos 14 o 15 años, y jugábamos con la camiseta del Ajax de Holanda, el equipo se llamaba Balcarce, pero no por la plaza del otro lado de cabildo. Sino porque el nombre pegaba, ese era un equipazo, y aunque era delantero fue la única vez que fui al arco. Carlos Closter era el cinco, tenia 10 pulmones, salimos campeones y lo gritamos por todo el barrio, era lindo porque hasta la gente te apoyaba, se llenaba la placita y a uno lo alentaba mas, el remate de esas plazoletas era el parque, la cancha grande, de desafíos ,los sábados a la mañana, partidos de dos horas a 12 goles, me crié saltando en esa plaza, la calesita era un escape a tierra, cuando éramos pibes y sacabas la sortija, una vuelta gratis y en ocasiones hasta un disco, la música sonaba fuerte y nos peleábamos con la pera para sacar la misma, el calesitero sabia a quien se la daba, ehh don no vale porque a ese o esa, después nos fuimos dando cuenta de que era ecuánime, que había pibes que solo podían pagar una vuelta, o que eran muy chiquitos y al sacarla hasta los padres se ponían contentos, en cosas que uno ve después de grande, hoy todavía sigue girando, creo, el bebedero del parque, la montanita que separaba los picados del otro lado a veces venían los de barrio mitre, generalmente el partido no terminaba, detrás de los arbustos era villa cariño, al caer la tarde a veces nos juntábamos para embromar, y aparecían las parejas, también juntábamos los coquitos de eucaliptos para poner en agua hirviendo, lo mas lindo era cuando terminábamos de jugar y nos sentábamos en la esquina de Cramer y García del Río a tomar una coca, estábamos palmos, se ganábamos no importa pero si perdíamos te dolía todo, a veces cuando pibe, solíamos mirar por las alcantarillas, por abajo pasa el arroyo Medrano, tirábamos piedra, papeles, cohetes, y en la imaginación creíamos ver como se iban nuestras ilusiones, ilusiones que realmente pasaron con esos seis que salíamos a jugar nuestro final del mundo.