Jorge Katz: para Jorge Nadín

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Jorge Katz, a 12000km de distancia, reconoce a Jorge Nadin y sus relatos y comienza a aportar los suyos.

Buscando fotos de mi barrio fui a parar a la página web de los mensajes de www.barriada.com.ar y me leí tus 5 relatos, la fidelidad de ellos me produjeron una emoción que me indujo a escribir estas líneas. Creo acordarme de vos, haberte visto alguna vez de chico sentado en la heladería de tu viejo, que como coincidencias de la vida hace 3 días le preguntaba a mis viejos si se acordaban de cómo se llamaba la heladería de Republiquetas, creo llevarte unos años (1953) seguramente nos habremos cruzado mil veces. Vivía a mitad de cuadra de Jaramillo entre Cramer y Conesa, mi nombre es
Jorge Katz, hijo de Günter (el alemán, como lo conocen los que quedan en el barrio) y doña María como le llamaban a mi madre. Mis recuerdos de infancia y juventud están unidos al barrio Saavedra, a la heladería Venezia, helados de verano a la tarde y a la noche, tengo un enorme recuerdo de ella, con su máquina de hacer helados a la vista, su bebedero de agua fría, el parque Saavedra, su calesita de colores vistosos, donde nos desesperábamos por agarrar la anilla del calesitero y dar una vuelta gratis. Remontar los
barriletes en la plazita de Garcia del Rio, hechos con engrudo, cañas, papel de diario o papel cebolla de colores. Partidos de futbol en Jaramillo, donde pasaba un coche cada quince minutos o media hora, donde el vecino de enfrnte el austríaco y su esposa Doña Mónica, nos echaban la bronca cada vez que se nos iba la pelota de goma (Pulpo, la fabrica estaba en Pinto entre Manzanares y Jaramillo) dentro de su pequeño jardín.
Capitán Galán donde los domingos hacías unas colas hasta la calle para comprar el pan, y en su puerta el buzón rojo donde nos trepábamos para sentarnos encima, a 5 metros sobre Cramer, el diariero que abría a las 5 de la mañana en la misma parada del 151.
En la esquina de enfrente estaba la fiambrería de Julio, que luego la llevaba Tito, su hijo (de mi edad o un par de años mayor). Recuerdo cada baldosa rota sobre Cramer, que tenía que esquivar con la bicicleta, que de tanto subir y bajar los cordones le rompí el cuadro. Llegué a viajar en el tranvía que venía por Republiquetas, daba la vuelta en Cramer, que creo que llegaba hasta Monroe, se subía por la vereda, mejor dicho un trozo que había entre la vereda y la calle, frente al Bodensee. Mi infancia y juventud multicolor se la debo indudablemente al barrio de Saavedra. Tengo tal cúmulo de imágenes que ocuparían muchas hojas relatarlas todas. Me las reservo para ir contándolas en próximos correos. Solo decir que vivo a 12000Km de Bs. As.
           Un saludo
                  Jorge Katz

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