Hubo un día en que los barrios lloraron por Matilde Arias

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Mural por la memoria en Misiones
Mural por la memoria en Misiones

Hace muchos,  muchos pero muchos años atrás, que sin caer una bomba ni llegar el fin del mundo,  Buenos Aires y no sólo la ciudad, mi ciudad, quedó desierta, sino otras ciudades y pueblos. Lo que se vio y no se vio, porque muchos no quisieron verlo es que se fueron personas, otras desaparecieron y con ellas se fueron perdiendo sueños, esperanzas, formas de vida, me di cuenta que ya nunca podría se una murguera, parece tonto ¿no? Pero fue así…

En esa época las comunicaciones no eran como hoy, sólo teníamos la radio, pero si recuerdo que ya estaba fresco, (no estaba el agujero de ozono, por eso el otoño llegaba en fecha). Justo ese año conseguí que mi madre me comprara un poncho montonero (no porque yo fuera montonera sino por los colores y además porque venía de la cuna montonera La Rioja), y como estaba fresco decidí estrenarlo. la única música eran los comunicados, todos estaban pendientes de ellos, había amigos o compañeros que llamaban  para saber que era lo que estaba pasando o para avisar que no se podían comunicar con fulano o mengana, que mengana no contestaba.

Me llamó la atención que la veredas cambiaban rápidamente el color, del dorado pasaban a un grosero verde oliva.

Los comunicados continuaban y los llamados también.

Tomé mi poncho, salí a la calle y comencé a pasear al ritmo de los comunicados, primero llegué a Independencia y Urquiza, a la Facultad de Filosofía y Letras, no pude entrar, estaban suspendidas las clases por tiempo indeterminado, de ahí me fui a  San Juan y Boedo, eran casi las 16.30 hs., y el bar de la esquina estaba con persiana a medio bajar y no había mucho movimiento de ahí me fui a La Boca, estábamos, el Riachuelo y los barcos abandonados, los adoquines escondieron todas las canciones y ruidos del lugar. Cuando vi  un colectivo  lo tome y llegué al  Centro, el silencio no era el de la calle Corrientes abandonada por el mundo de las oficinas, el silencio que se expandía era de las personas que caminaban, igual que yo sin rumbo, me tome el 60, llegué a Tigre, y me pregunté que hacía allí, volvía a tomar el 60 y me bajé en Puente Saavedra , caminé, si bien ya comenzaba a anochecer las veredas y las casas bajas estaban más sobrias que nunca. Tomé el 133 y cuando me bajé en Caballito la soledad me caló los huesos, recordé que mi pequeña solo tenía cuatro meses y me tomé un taxi, el tachero no me habló. Me bajé en la puerta de mi casa, mi ex marido ni hablaba, preparé una cena insulsa, como insulso se anticipaba el futuro. ¿Qué había pasado?, en un instante ¿todo había terminado? Hijos, padres, hermanos, hermanas, vecinos entraban en un largo túnel sin salida, pero no lo sabían, las calles oscurecieron, los amigos se perdieron, las costumbres se infartaron, nunca más un cafecito, ya no verías pasar al flaco corriendo para llegar al trabajo, pensé en San Cristóbal,  en la plaza Martín Fierro ¿la volvería a ver?

Acosté a mi hija, a esa hora los comunicado me ahogaban, el teléfono había dejado de sonar y volví a salir. Al llegar a Pedro Goyena y José María Moreno me paro un patrullero, me pidió documentos y me preguntaron que estaba haciendo, comenzaba el momento de saber mentir, sin dudar contesté: “estoy buscando una farmacia porque mi hija rompió el chupete”. Me respondieron: “Cruce la esquina y ahí tiene una de turno y vuelva a su casa no puede salir a esta hora”.

Recordé una película polaca: “Trenes rigurosamente vigilados”. Acaso ¿nos habíamos transformados en trenes?, ni la imaginación podría contestar esa pregunta. No había nadie en la calle, eran las 21hs., el bar de la esquina estaba cerrado. Era el comienzo de “Todo Cerrado”. Ninguno de mis amigos caminaba ni volvería a caminar por Buenos Aires… llegué a la farmacia, el farmacéutico me miró apurado y balbuceo, no podía hablar… “¿que precisas?….sin mirarlo respondí: “aspirinas”, mi hija no usaba chupete, ya nada era seguro lo seguro es que ese día los barrios lloraron…por que ellos sí sabían que sus calles no volverían a ser las mismas que los que habían correteado por su veredas ya no volverían, que sus esquinas quedarían vacías, que las risas serían llantos, no más vecinos sentados en la calle comentando porque ya no se podría comentar, porque la noche terminaba de caer sobre ellos y pronto caerían en el recuerdo, ellos lloraron y yo escondí el recuerdo….

Matilde Arias
para www.barriada.com.ar

Mural de la Memoria en el Congreso a 30 años del Golpe de 1976
artista : Mónica Corrales
mural, instalado enfrente del edificio anexo de la Cámara de Diputados “Juan Carlos Pugliese”, sobre la avenida Rivadavia al costado del Palacio Legislativo de Misiones – inaugurado el 23/03/2006