Entre mate y mate, el mate de las Morales por Mabel Crego

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Entre mate y mate, el mate de las MoralesEl hábito de “matear” traspasó el tiempo y las diferencias sociales y se convirtió en un símbolo importantísimo de la nacionalidad argentina, y de todos los paises del Plata. Está hoy en las casas y en los lugares de trabajo, compañero de charlas y de silencios, es un símbolo criollo de amistad y hospitalidad. Hay mucho para contar sobre él.

El recipiente en el que se ceba el mate, esta hecho tradicionalmente de calabaza curada, o un jarrito de loza, o madera. La infusión se toma con bombilla, y se puede cebar dulce o amargo. El recipiente que contiene el agua para la cebadura es la pava, cuya agua se considera «a punto» unos grados anteriores a la ebullición. Si el agua hierve, no sirve para el mate. Esta costumbre es bien hogareña en Argentina, aunque se ha popularizado, y actualmente hay lugares en donde se usan termos, para trasladarse con el equipo de mate, para tomarlo en cualquier lugar u ocasión.

La tierra del mate se sitúa en el Cono Sur americano, fundamentalmente en Argentina, Paraguay y Uruguay, sur de Brasil, sur de Chile.

Creo que la importancia social que tiene el mate hoy en día, es producto directo de su historia. El mate viene de los indígenas nativos de la mayor parte del territorio argentino, los guaraníes. Antes de la llegada de los españoles, los guaraníes usaban mucho el mate. Lo “masticaban o colocaban en una calabaza con agua y sorbían, usando sus dientes como filtro o por medio de un canuto de caña. Según ellos, lejos de aflojarlos, estas hojas les daban mayor resistencia, para las largas marchas o para realizar las labores diarias”.

Cuando llegaron los españoles al Nuevo Mundo, pronto descubrieron el mate de los guaraníes. Diferentes fuentes citan varios conquistadores que supuestamente “descubrieron” el mate, pero lo más común es atribuirlo a Hernando Arias de Saavedra, que en el año 1544 observó a los guaraníes usando la yerba mate.

Muy pronto, el consumo se extendió hasta llegar a ser “un intenso tráfico regular del producto, desde su zona de origen a todo el virreinato”. Luego, los jesuitas tuvieron un papel decisivo en el aumento del mate, porque empezaron el cultivo organizado de la yerba mate: “introdujeron el cultivo en algunas de sus “reducciones” o “misiones” en el noreste de la Argentina y el Paraguay. Con todo esto, el consumo se extendió más. Una nota interesante que encontré es que, “España, para competir con el té que comercializaban los ingleses, se puso a la venta la yerba mate picada, para hacer una infusión que se popularizó en Europa como, el “té de los jesuitas”. Éste dato es muy interesante para explicar cómo empezó la tradición del mate, tan similar al té inglés, a pesar de la larga enemistad entre Argentina e Inglaterra.

En 1767 el rey de España expulsó a los jesuitas de todo el imperio español, por varias razones políticas. Tras el abandono de las misiones en Argentina vino “el abandono de los yerbales cultivados por los jesuitas”. Esto ocasionó un período de decadencia para el mate, pero a pesar de todo, sobrevivía el cultivo en varios lugares. Y como se puede ver, la importancia del mate, continua hasta nuestros días.Entre mate y mate, el mate de las Morales

Para 1810 empezaron las luchas por la independencia, en Buenos Aires y por extensión, en todo el Virreinato del Río de la Plata. Fue un proceso muy largo y penoso que duró varios los años. Durante ese tiempo surgió la figura nacional del gaucho, que vive a caballo en las pampas, trabaja con el ganado, y tiene una vida muy simple y solitaria (el caballo, la naturaleza, la independencia personal, y la compañía poco frecuente de otros gauchos). Muchos eran reclutados, como soldados en el ejército de la independencia o en las guerras civiles. En general, estos relatos, como tantos otros, han hecho del gaucho un personaje mítico, que con el tiempo se fue transformando en un arquetipo de los “valores esenciales del ser argentino”. El mate, fue muy central a la vida de los gauchos. Pero los gauchos no eran los únicos que tomaban mate durante este período, sino que lo tomaban, casi todos los habitantes de la colonia.

En la clase alta, el mate tenía un papel interesante en el cortejo formal entre amantes, porque servía como un lenguaje oculto entre ellos. Muchas fuentes describen este lenguaje, pero la mayoría no describe cómo funcionaba. Se cree que era más o menos así: el hombre tradicionalmente venía a cortejar a la dama en su casa (la casa de sus padres), pero ellos nunca podían hablar solos. La novia le servía mate, y entonces se desarrolló este lenguaje, para comunicarse a través del mate.

Por ejemplo: Mate dulce: Amistad – Mate muy dulce: Habla con mis padres (sobre el casamiento) – Mate muy caliente: Yo también estoy ardiendo de amor por ti – Mate con té: indiferencia – Mate hirviendo: odio. Obviamente ya no se usa este “lenguaje del mate”, pero creo que es un fenómeno muy interesante en nuestra historia.

Existen algunas supersticiones asociadas al uso de la yerba mate, y en general tienen que ver con la posibilidad de que el mate, al ser compartido, pudiera ser vehículo de envenenamientos o brujerías. Una de estas supersticiones fue diseminada por los jesuitas, en la época en que buscaban erradicar el uso de la yerba mate. Esparcieron el rumor de que los guaraníes introducían en la yerba mate sustancias extrañas, venenos o hierbas que podían provocar males (diarreas), entre ellos el temido “mal de ansias”, o incluso provocar la muerte.

Con el tráfico de los esclavos traídos del África, los daños temidos se desplazaron del cuerpo al espíritu: el mate se presentaba como un medio ideal para las brujerías y los maleficios. La única forma de evitarlos, suspender el uso del mate no parecía ser una posibilidad, era a través de una contra-brujería que consistía en escupir los primeros tragos por encima de los hombros. Hoy se sigue escupiendo el primer mate cebado (mate zonzo).

Un ejemplo claro de esto, era el significado, por completo diferente, que se atribuía al ofrecimiento de un mate amargo: para el gaucho ser invitado con un mate amargo, era siempre una cortesía y una muestra de hospitalidad. Pero en los salones, donde la norma era beberlo dulce, que el mate ofrecido fuera amargo era una clara señal, de que el visitante no era bienvenido, o de que había llegado demasiado tarde.

A principios de siglo XIX se servía el mate en ayunas, casi siempre en la cama en las clases de elite, donde la esclava o negrito que lo servía, caminaba como correo, de la cocina a la sala o dormitorio y nuevamente de allí a la cocina. En la campaña el bajo pueblo se levantaba al amanecer y lo primero que se hacía era avivar el rescoldo del fuego y poner la pava para tomar unos “mates cimarrones” (amargos), antes de salir a trabajar al campo.

Entre mate y mate, el mate de las MoralesExiste una curiosa y divertida leyenda, que se ha trasmitido como una tradición oral, sobre el refrán “como el mate de las Morales”. A principios de la Confederación Argentina, la juventud ilustrada de Buenos Aires divulgó en su emigración, por todos los ámbitos de América, este refrán esencialmente porteño.

Cuentan que por 1836, vivían a la altura de las chacras de Escalada y Sáenz Valiente, (en el camino que conduce a San Isidro) la viuda de Don Morales y sus tres hermosas hijas casaderas. La pobreza del rancho donde vivían y la escasez de los tiempos que corrían, impulsaban a las tres muchachas a la necesidad de conchabarse con algún vecino rico, para poder afrontar los gastos del mate y de un cigarro (que en esos tiempos acostumbraban las campesinas o puebleras).

A una distancia de 25 varas del rancho (casi 21 metros), se alzaba un frondoso ombú (que parecía colocado allí oportunamente) tan cerca del camino real por donde transitaban numerosos viajeros, que diariamente cruzaban a caballo, hacia los pueblitos de la costa.

Era moda en ese entonces ir de cabalgata y paseo a San Fernando y San Isidro, puesto que la juventud porteña, como Cané, Fidel López, Alberdi, Gutiérrez, Tejedor y tantos otros, no podían reunirse en Buenos Aires, aprovechaban los paseos para reunirse solitariamente en el campo, para hablar de Rosas y la mazorca y divertirse sanamente. Ellos cuentan que, detenida la cabalgata bajo la sombra fresca del gigante ombú, se veía salir del ranchito a la viuda de Morales o a alguna de sus lindas hijas, acercárseles con gesto bondadoso saludar y ofrecer un rico matecito que ellas mismas les traerían y servirían con gusto. Ante tan incitante invitación, por supuesto nadie se negaba, pero el gustoso mate nunca llegaba, después de una larga espera, y ya refrescados los caballos, continuaban la cabalgata, con la ilusión del prometido mate de las Morales. Ninguno de aquellos jóvenes que a diario se detenían al pie del ombú, llegó a recibir el ansiado mate y como fueron muchos los chasqueados, el asunto de “el mate de las Morales” llegó a convertirse en refrán o frase picaresca, que se aplicaba a las promesas no cumplidas y a las cosas que no llegan, ni temprano ni tarde.

El mate es parte de nuestra rutina diaria, de nuestra cultura, no se reduce a una calabacita que nos brinda su agradable sabor, nos estimula en una conversación, nos inspira alegría, comunicación y confidencia. Todo esto nos hace reflexionar acerca del motivo por el cual no sólo hemos rescatado su sabor, sino sus componentes simbólicos.

La infusión es la bebida más tomada del país y está presente en el 92% de los hogares, sin distinción de clases sociales ni edades. El Senado de la Nación aprobó el proyecto presentado por le senador misionero Eduardo Torres que establece la declaración del mate, como Bebida Nacional y parte de la historia y cultura de los argentinos.

Mabel  Alicia  Crego – Maestra   Secretaria email
Docente JIC 4 d.e. 6º

FUENTES:

  • “La sociedad de antaño” de Octavio C. Ballotta   Edit. Emece
  • “Buenos Aires desde su fundación hasta nuestros días” de Manuel Bilbao (1902)
  • “El mate el arte de cebar “Amaro Villanueva

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