El papel de la mujer en la vida de Sarmiento

El papel de la mujer en la vida de Sarmiento

por Mabel Alicia Crego
La idea imperante en el siglo XIX, la maternidad republicana, le dio a Sarmiento la herramienta necesaria para hacer hincapié en la educación de las mujeres como futuras madres de ciudadanos de una República. Y si las mujeres tenían la posibilidad de recibir educación con el alto fin de formar individuos dentro del ámbito de la tradición republicana, se vislumbraban para él inigualables frutos: el progreso y engrandecimiento de la Nación Argentina. #Sarmiento #DomingoFaustinoSarmiento #PaulaAlbarracín #JoséClementeSarmiento #VicentaBienvenida #Procesa #CornelioAlbarracín #AureliaVélezSarsfield #BenitaMartinezPastoriza #MaríaJesúsdelCanto #PaulaSarmiento #VicentaBienvenida #MaríadelRosario

 

Cuando todavía no se había creado el Virreinato del Río de la Plata, nació en San Juan, Paula Albarracín, el 27 de junio de 1774, hija de Juana Irrazábal y de Cornelio Albarracín.

En 1801, Paula Albarracín, se casó con José Clemente Sarmiento, el capitán de milicias que condujo a San Juan, designado por San Martín, a los prisioneros tomados en Chacabuco.

Doña Paula Albarración y su hija Bienvenida
Doña Paula Albarración y su hija Bienvenida

Desde su nacimiento, Sarmiento, recibe las fuertes influencias de su madre, Paula Albarracín de Sarmiento, y de sus cuatro hermanas: Paula, Vicenta Bienvenida, María del Rosario y Procesa. Las figuras de sus hermanas serán, a lo largo desu vida, los pilares sobre los que apoyará su labor docente.

El papel de la mujer en la vida de Domingo Faustino fue trascendental desde su nacimiento. La educación formal e informal y la activa participación de ellas tanto en el ámbito escolar como social, constituían el motor de cambio y progreso para el sanjuanino.

Las fuertes influencias de su madre y de sus dos hermanas mayores, Paula y Vicenta fueron decisivas. Así, a los quince años, fundó su primera escuela en San Francisco del Monte de Oro, San Luis. 

La inserción en la educación de Vicenta, docente por excelencia, fue impulsada tanto por su hermano como por una especial y natural vocación. Vocación que desarrolló ampliamente en el Colegio Santa Rosa, primero como maestra, ocupando una cátedra, y más tarde Vice-Directora de dicha Institución, siempre a instancias de su hermano menor. Vicenta Bienvenida Sarmiento es reconocida en la actualidad como la Educadora por Antonomasia en la provincia de San Juan.

La mujer, para Domingo Sarmiento, estaba muy lejos de ser considerada el sexo débil, un ser sumiso o meramente decorativo y sin opinión. Dijo Sarmiento: ”… mi destino, desde la cuna fue entretejido por mujeres, y puedo nombrarlas una a una, en la serie que, como una cadena de amor, van pasándose el objeto de su predilección”.

Estas palabras resumen su idea-núcleo sobre el papel principal de la mujer en un pueblo civilizado, así como el magnetismo que las féminas provocaban en él, de allí su turbulenta, apasionada y con frecuencia cuestionada vida amorosa.

La influencia de su madre y hermanas, fueron la impronta indeleble que tuvo la vida de Domingo Faustino Sarmiento.

Paula Zoila Albarracín Irrazábal fue el ejemplo de la mujer abnegada casi desde su niñez, nacida en la localidad de La Bebida, que a fines del siglo XVIII no era mucho más que un fértil llano con un par de ranchos, a mitad de camino entre el pueblo de San Juan y los Baños de Zonda. En Recuerdos de Provincia habla de su madre: “… sabía leer y escribir en su juventud(cosa no muy común ni usual en aquellos tiempos para hombres y mucho menos para una mujer), tenía una inteligencia clara y sin concesiones hechas a la vida”.

Su padre, Cornelio Albarracín, era dueño de grandes extensiones de tierra y ganado, formando una moderada fortuna que, después de una larga enfermedad terminó casi dilapidada.

Paula tuvo que hacerse cargo tanto de la casa como también de la enfermedad de su padre, durante doce años, hasta que falleció en 1801.

La enfermedad de Don Cornelio dejó a la familia Albarracín, casi en la pobreza, pero Paula con todo el ímpetu de la juventud y la fuerza interior, no bajo los brazos, hasta lograr construir una casa en el predio heredado.

A los veintitrés años emprendió una obra superior, no tanto a las fuerzas cuanto a la concepción de una niña soltera, con el producto de sus tejidos y con la ayuda de dos esclavos, que le diera una rica tía Irrazábal y de La Toribia, una zamba, criada en la familia, (quien era su mano derecha, pues era la encargada de la venta de la producción doméstica de telas, ponchos y otros productos como velas y jabones), echó los cimientos de la casa para formar una nueva familia, sin ayuda de más nadie”.

Al año siguiente, 1802, contrajo nupcias con José Clemente Cecilio de Quiroga Sarmiento y Funes, apuesto hombre lleno de sueños.

Clemente, era un arriero, conocedor de los caminos de la precordillera y sus llanos y de las sierras de Córdoba y “la Punta” de San Luis, según Meglioni «un apasionado por pasear sus cabras y sus sueños de grandezas por los campos de la región«.

Después del 25 de mayo de 1810, Clemente fue un fervoroso defensor del nuevo régimen, se sumó a la “militarización” de la sociedad y colaboró con el Ejército del Norte de Manuel Belgrano y aunque no tomara parte en las acciones, colaboró en los tiempos de la batalla de Tucumán, de septiembre de 1812.

Luego se sumó al Ejército de los Andes dirigido por San Martín y tomó parte activa en la batalla de Chacabuco de febrero de 1817. Por levantar “suscripciones” (donaciones y sumas de dinero) a favor de los ejércitos independentistas se ganó el mote de “Madre Patria” con el que se hizo conocido en todo San Juan.

Procesa Sarmiento de Lenoir
Procesa Sarmiento de Lenoir

Así lo describe el historiador sanjuanino Mauricio Meglioli, “cada vez que Clemente, regresaba después de sus batallas por la independencia a su casa del Carrascal, el viajero dejaba embarazaba a doña Paula, que dio a luz, a por lo menos quince hijos en la misma cantidad de años«, de los cuales sólo sobrevivieron: Francisca Paula, Vicenta Bienvenida, María del Rosario, Domingo Faustino y Procesa.

El propio Sarmiento en Recuerdos de Provincia, cuenta que su familia estaba “tristemente marcada por la menguada herencia que había alcanzado hasta su madre”, que era la única que sostenía el hogar y que prescindía de los “accidentales aportes” de su padre.

Clemente andariego y con fina prestancia, se alejó de la familia siguiendo el rumbo de las faldas que su corazón inquieto le señalaba, con un corazón ardiente y debilidad hacia el sexo opuesto.

Don José Clemente falleció en la casa donde formó su hogar, el 22 de diciembre de 1848, cuando más se hacía sentir su presencia en el hogar, ya que su único varón, Domingo Faustino, se encontraba expatriado en Chile.

Domingo Faustino, había sido bautizado como Faustino Valentín, por haber nacido en día de San Valentín. “Domingo” fue el nombre que usó toda la vida, porque su madre adoptó para él ese nombre desde recién nacido.

De niño tenía una curiosa afición a confeccionar santos y soldados de barro, de lo cual parece desprenderse una doble tendencia, mística por un lado, inspirada por la vida de su madre profundamente católica y de sus parientes eclesiásticos, y militar por el otro, heredada quizá de su padre. Una versión, sumada, del rojo y el negro.

Al mismo tiempo se dibuja en su personalidad, como él mismo lo confiesa, una fascinación por el poder y el heroísmo, que será una de las constantes de su vida. Él mismo hace resaltar también, con aparente complacencia y suficiencia, sus méritos y prendas personales.

Paula profundamente religiosa, intentó que su único hijo varón entrara en el sacerdocio, pero muy lejos estaba esa tarea para él.

Domingo, quien admiraba a su madre por encima de todo, rechazó de plano el pedido materno, pues para él las preocupaciones y la realidad política de la época habían ejercido una atracción difícil de eludir.

Hombre de letras, amoríos y patriota, trabajará toda su vida con los consejos de su madre como directrices de su accionar, pero el destino no le dio a Doña Paula Albarracín de Sarmiento la oportunidad de ver a su hijo convertirse en Presidente de la Nación Argentina en el año 1868 ya que la muerte la había alcanzado siete años antes.

Las hermanas de Domingo heredaron la fuerza y la perseverancia de la madre

De las cuatro mujeres, Francisca Paula la primogénita, fue la primera en morir en marzo de 1899, después de haber perdido a su marido en los levantamientos de los caudillos de 1867 y de haber criado a cuatro hijos. La muerte de Paula fue una de las dolorosas pérdidas que sufrió luego de la de su madre en 1861.

Vicenta Bienvenida dominó con destreza las enseñanzas maternas en el uso del telar y las labores domésticas, pero su corazón docente la llevó a acompañar a su hermano en la fundación del Colegio de Santa Rosa en la provincia de San Luis.

El ejercicio de la docencia ocupó más de cincuenta años de su vida en pos del progreso cultural del país a través de la educación, tal como era la idea de su hermano. El empuje de Vicenta la llevó a cruzar Los Andes cuando Domingo Sarmiento estuvo exiliado en Chile. Durante su estancia en el país trasandino, Vicenta, junto a su hermana Procesa fundaron un nuevo Colegio que les permitió no sólo ocupar útilmente el tiempo sino, además, ayudar en el mantenimiento económico de la familia que no había titubeado en seguir al hijo y hermano desterrado.

Vicenta Sarmiento Albarracín continuó la docencia, tiempo más tarde, en su San Juan natal al ser nombrada Directora de la “Escuela Central de Señoritas” en 1863 y ya en 1865 pasa a integrar la Sociedad de Beneficencia Provincial durante el gobierno de Camilo Rojo.

Una nota de ironía en esta vida dedicada a la educación, Vicenta nunca pudo recibir jubilación alguna del Estado pues jamás había cobrado por su trabajo.

La hermana que sigue a Domingo Faustino fue María del Rosario, quien siempre se mantuvo al lado de su hermano como confidente y colaboradora sin par.

María del Rosario estuvo junto a Domingo Faustino en todo momento, en la fundación del Colegio Santa Rosa en Chile y durante su estadía en Buenos Aires, se desempeñó como ama de llaves entre 1868 y 1874 mientras su hermano mayor ejercía la presidencia de la Nación.

Fue, de las mujeres Sarmiento Albarracín, la de carácter más impetuoso pero a la vez la que más se dedicó a cuidar al único varón de la familia.

Procesa la hermana menor tenía don y vocación por la pintura, característica que la llevó a ser Profesora de Dibujo del Colegio Santa Rosa primero y luego, destacada retratista durante la mudanza familiar a Chile. En dicho país, tuvo como maestro al afamado pintor francés Raimund Monvoisi, sin dejar de destacar que al igual que sus hermanas fue también maestra de escuela.

Sarmiento fue un hombre apasionado, débil frente al sexo opuesto

Ana Faustina Sarmiento
Ana Faustina Sarmiento

La primera relación en 1831, la mantuvo con María Jesús del Canto, una joven de veinte años, nacida en Valparaíso, Chile, con quien tuvo a su primera hija Ana Faustina. Pero este hombre tan comprometido en la causa educativa no era igual de comprometido en su vida privada y con la muerte de María Jesús en el parto, se dedicó a criar a la niña, la llevó a San Juan en 1840 y la dejó al cuidado de su madre y sus hermanas.

En 1845, Sarmiento conoció a Doña Benita Martínez Pastoriza, argentina, casada con Don Domingo Castro y Calvo, unión de la que nació Domingo Fidel. Por el nombre del niño podemos inferir que el romance entre ambos ya se había iniciado. Se casa con Benita, cuando ésta queda viuda y adopta a Dominguito.

La debilidad de Sarmiento por su hijastro, Domingo Fidel, no conoció límites, de allí que lo adoptó, le dio su propio apellido.

Benita Pastoriza
Benita Pastoriza
Domingo Fidel Sarmiento
Domingo Fidel Sarmiento

Cabe destacar que Benita Martínez Pastoriza había permanecido en Chile mientras su esposo desarrollaba las tareas políticas y educativas en Buenos Aires, pero al poco tiempo se divorcia de ella.

En 1853, un nuevo amor toca su corazón, Aurelia Vélez Sarsfield. La había conocido en 1840 en Montevideo siendo ella una niña de nueve años pero en 1850, la niña ya era una mujer hermosa, culta, inteligente y de gran interés por la política, ¡Era la mujer ideal, la siempre soñada!.

El amor por Aurelia era muy profundo, pero la diferencia de años y la férrea negativa del padre de Aurelia (el renombrado Dalmacio Vélez Sarfield) eran obstáculos insalvables.

Aurelia Vélez
Aurelia Vélez

Con setenta y siete años, Sarmiento instalado en el Paraguay le escribe a Aurelia y le pide que vaya, “juntemos nuestros desencantos para ver sonriendo pasar la vida”. Aurelia viaja al Paraguay pero tarde, los ojos de Domingo Valentín Quiroga Sarmiento se habían apagado para toda la vida.

Nos cuenta Sarmiento una anécdota interesante en “Recuerdos de Provincia”.

Se trata de los ardides inventados por las hermanas de Sarmiento, para que desapareciera el viejo estrado (sitio de honor, algo elevado reservado a las mujeres por una vieja tradición oriental).

Doña Paula Albarracín en el Museo Sarmiento
Doña Paula Albarracín en el Museo Sarmiento

A doña Paula le gustaba sentarse en un extremo a tomar mate por la mañana, con su brasero y pava de agua colocados enfrente en el piso inferior, o a devanar sus madejas de lana, o bien a llenar sus canillas de noche, para la tela del día siguiente. 

Pero sus hijas querían destruir la tarima que ocupaba todo un costado de la sala, con su chuse y sus cojinetes en el diván, tradición venida de los árabes, un lugar privilegiado en que sólo era permitido sentarse a las mujeres, y en cuyo espacioso ámbito, reclinadas sobre almohadones, recibían a las visitas donde la dueña de casa y sus hijas, juntas en bulliciosa charla, cosían y bordaban alegremente.

La intención era sustituirlo por sillas, como lucían en las salas modernas.

Casa Museo de Sarmiento, con su escultura recibiendo a los visitantes
Casa Museo de Sarmiento, con su escultura recibiendo a los visitantes

Pero aquel estrado revelaba que los hombres no podían acercarse públicamente a las jóvenes, conversar libremente, y mezclarse con ellas, como lo autorizaban las nuevas costumbres y fue sin inconveniente repudiado por muchas damas, que lo habían aceptado como un privilegio adquirido y personal.

Finalmente el estrado cedió su lugar, a las sillas pese a la débil resistencia de doña Paula.

Lamentablemente no pudo habituarse a trabajar sentada en alto y tuvieron que adoptar el uso de una alfombra, para suplir la irremediable falta del estrado, lo cual lamentó largos años.

La casita tomaba un nuevo aspecto de modernidad y de elegancia renovada, porque bajo la seductora forma del buen gusto se introducía en la casa, la iconoclasta del siglo XVIII.

Podemos decir, que el ambiente femenino en el que Domingo Faustino Sarmiento se educó dejó una huella imborrable en su crecimiento y desarrollo, ocuparon un espacio vital y trascendental.

La firmeza, la energía y la dedicación de las mujeres de la familia lograron que el futuro presidente de Argentina forjara en su interior una imagen diferente al resto de los hombres, sobre la importancia de la mujer en el desarrollo cultural de un país.

Casa Natal de Sarmiento - Monumento Nacional
Casa Natal de Sarmiento – Monumento Nacional

La casa Natal de Domingo Faustino Sarmiento, es hoy monumento histórico nacional desde el 7 de septiembre de 1910. Abrieron sus puertas el 4 de abril 1911 como Museo Casa Natal de Sarmiento en la ciudad de San Juan.

Esta casa levantada por la madre del prócer, fue construida con los materiales de la época en esa zona: techo de cañas apoyadas sobre rollizos de álamos y muros de tapia y adobes. Se encuentra en pleno centro de San Juan.

Esta casa, sufrió modificaciones, atendiendo a las necesidades familiares, pero nos muestra el profundo amor a la madre, a la tradición casera, la total identificación con la familia y un pasado idealizado que inspiraron a Sarmiento modelos a seguir.

Considero que la mujer, la educación, el amor, la civilización, el progreso y la pasión entretejidos, formaron los horizontes de la vida de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888).

por Mabel Alicia Crego
Docente jubilada
Fuentes:
  • “Sarmiento y las mujeres: Horizontes de amor y educación” Claudia Gabriela Curi Azar Universidad Nacional de Cuyo
  • “Recuerdos de Provincia” D.F. Sarmiento
  • “Sarmiento y los feminismos de su época: una visión novedosa de la participación femenina en la educación y la cultura” Belucci, Mabel (1997)
  • “Mujeres en la educación” Graciela Morgade,
  • Epistolario íntimo de Sarmiento, San Juan, Universidad Nacional de San Juan, Editorial Fundación.
  • “Viajando con Sarmiento” Todo es Historia, Buenos Aires, XIII, 362, septiembre, 8-24.
  • “Sarmiento y la situación de las mujeres de su época” Karina Felitti (2004),
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