El JOROBETA del Tango por Ricardo Lopa

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A pesar de todos los detractores, y de la falta de difusión de la mayoría de los medios de comunicación, el tango sigue vigente. Por eso a pesar de los malos momentos vividos, el tango resurge de las cenizas, pues está en las raíces de cada una de las ciudades de esta bendita patria. La génesis de la perduración hay que buscarla en hombres y mujeres de diversas profesiones, pero todos unidos en pos del 2 x 4 y su longeva existencia.

El tango es popular no se puede negar. En todos los sectores y estratos sociales se introduce, se filtra como el agua en busca de su cauce natural. Y claro, es natural que nuestra música ciudadana se involucre en profesiones diversas. E aquí un caso que le toca a la justicia, pues nos referiremos a un abogado que ejerció la magistratura, es decir fue Juez, y para el caso de Instrucción en los tribunales de la Capital Federal, que además, al unísono, era letrista de tango.

Su experiencia en el ejercicio de la abogacía y como Juez, la supo volcar en varios libros, ¿Será Justicia?», «Claudio Fojas y Yo», «Hágase saber» y «Como se pide», de 1935. Además fundó la revista de «Legislación y Jurisprudencia», y editó las obras «Diccionario de Legislación» y «Recopilación de Fallos, 1910-1916».

Me estoy refiriendo a la persona que como Juez usaba su nombre verdadero, Carlos Raúl Attwell Ocantos, (Buenos Aires, 8/6/87 – 20/3/42) y como autor de letras, mayoritariamente de tango, el seudónimo Claudio Frollo.

Con el seudónimo mencionado firmó varias obras que cobraron notoriedad en el ambiente musical, tal es el caso de los tangos  «¡Sólo se quiere una vez!» (1930) que le grabó Carlos Gardel, música de Carlos V. G. Flores «Escúchame Manón» («Indiferencia-b), co- autoría de Roberto Chanel y música de Francisco Pracánico. «Rubí (b)», música de Juan José Guichandut.  «Danza Maligna»,  música de Fernando Randle. El vals «Marisabel» con música, nuevamente, de Carlos V. G. Flores. Escribió también una tonada, «Mi buena estrella», música de Alberto Acuña, y una ranchera «Arroz con leche» con Francisco Lomuto en la música, entre otras creaciones.

Pero ahora me referiré especialmente al tango que da nombre a la nota «JOROBETA», música de Magaldi-Noda, interpretado con gran éxito por Agustín Magaldi. Veremos que de este surge el seudónimo del abogado-juez-letrista de tango, de referencia.

Veamos la letra: 

«Lustraba los botines, estaban las propinas, un peso nunca dos/ Dejábanle ganarse la vida más o menos/de lástima, decía, hipócrita, el patrón/Lo cierto que el muchacho, mascota de la casa,
poeta y jorobado, llamaba la atención/Al verlo en los umbrales, el trapo sobre el hombro,»¡La Grande!» pregonaba a fuerza de pulmón.
Aumentaba la clientela,/se vendían las decenas sin cesar,/daba gusto aquel negocio,
cuya suerte residía en la giba del muchacho nada más./Menudearon las propinas y el paciente jorobeta/se prestaba dócilmente y sin doblez/a que algún supersticioso le pasara por el lomo/aquel número elegido por la humana estupidez.
Los años transcurrieron, sin otras novedades; el dueño envejeció/con la sua signora, la bolsa bien repleta,/la proa verso a Nápoles un barco los llevó./Las cosas del destino. El pobre jorobeta,/ante el asombro unánime y el lógico estupor/después de ahorrar juicioso moneda tras moneda,/al frente del negocio de dueño apareció…»

La letra del tango, habla de un muchacho de poca cultura, empleado en una agencia de lotería. No se ganaba la vida detrás de un mostrador, sino en la puerta mostrando su joroba que los clientes iban a tocar para sacar la grande y ganar. Así el negoció floreció, los dueños, cargados en años, a su patria natal volvieron. La agencia, ahora, a cargo del jorobeta, con el éxito prosiguió.

«…La clientela interminable con sus sueños desfilaba sin cesar,/el muchacho ya era un hombre, un señor muy respetable,/como aquellos que se han hecho un capital./La fortuna perseguía como sombra al jorobeta,/como esclavo ya jamás la abandonó

Si bien al muchacho, ahora señor, estudio la faltaba, pero viveza no.

/Y el giboso se reía, se reía a carcajadas al quitarse por las noches la joroba de algodón…»

Claude (Claudio) Frollo es un personaje ficticio de la novela de Víctor Hugo, Nuestra Señora de París (El Jorobado de Notre Dame – 1831). Frollo es el archidiácono de la Catedral de Notre Dame de París. Es el personaje malvado de la novela.

Ricardo Lopa
contacto: [email protected]

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