El hombre gris de Buenos Aires por Ricardo Lopa

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“… Julián Centeya; este hombre que no sé por qué se hace llamar el hombre gris de Buenos Aires, si tiene el alma azul y constelada..”… ( Boletín de la Academia Porteña del Lunfardo, José Gobello. año 1, nº 3, pág. 92. 1968)

Al igual que don José, me resisto a aceptar la autocalificación diminutiva de tu persona. De gris, la chapil nada más. De triste, la apariencia. De logi, el batimento. De porteño amigo de muchos, todo.

“En mayo de 1967, da un ciclo de 4 conferencias en el teatro “Corrientes”, en Av.Corrientes 561. Allí aborda: 1)Enrique Santos Discépolo, 2) Los reñideros; 3) Homero Manzi y 4) Calle Corrientes. En la publicidad se lo anuncia como “Julián Centeya, El hombre gris de Buenos Aires” (Galasso, pág.54)

“…Soy este gil que diplomao de nada… ( La Musa Mistonga. Centeya. “Yo”, pág. 18)

Che Julián, vos el decano de la academia de la yeca escrachado por los grandes poetas-escritores de nuestra habla. El lunfa lo mamaste de jotraba de chamuyo, taconeando veredas recorridas con un pucho en la derecha y en la del cuore una muchacha de aguante. “La Orden del Boliche” de la esquina te hizo miembro y banca. Vos “diplomado de nada”, no jodás. Vos “gil”, andá a cantarle al troesma. Vos, rana que te hacías el gil entre los gilastrunes que se creían lapio. En la cofradía de “La Orden del Boliche”, fuiste el gran maestro.

“…Una tasuer bizcocha, de clavada,
me verdgueó saliéndome de mano.

De tanto no tener ando liviano
Pero no chillo, sólo te la cuento,
pienso que me embroncás, sos un hermano,
amás yo no jotrabo de lamento…

La vas de suerte perra, pero vos y yo, yo y vos la sabemos lunga que fuiste feliz con tu cuore de porteño rante. Seco, pero feliz. Sin biyuya por vocación. Cuantos poemas a la luz de la vela, minga electricidad, minga el sope para levantar la factura. Ni hablemos del alquiler, desalojo en puerta, chau bulín, pero fuiste feliz. Y cuando la guitarra tocó; luz, gas, fono rara vez, el sobrante para que, total “ya pagué el alquiler”.

Tus gomías te conocen, y saben que no lo lamentás, fue tu forma de vivir, nada más, pues en el jotraba de la vida, sin llorisqueo, fuiste seco por vocación.

“…Me fué como me fué, total que siga,
al cuore mío ya lo tengo chanta,
con algo que le di, casi una miga
en la jaula del chope siempre canta…”

Me querés y te querés engrupir que el cuore lo tenés chanta. No te banco en esta Julián. Esta bien que lo entregaste gratarola sin pedir nada, de una. Pero fueron muchas las muchachas que pugnaban para conseguir un boleto de entrada, y aun cuando estaban agotadas siempre le conseguías un sopermi especial. El cuore apretujado por damas buscando un huequito por donde entrar, siempre ocupado nunca chanta, ah Gori con ubicación especial y abono perpetuo. Cuore que siempre ligó y desparramó afecto, siempre alegre nunca chanta.

“¿Fiolo? ¡De dónde! Cuando me atracaron.
La que vino era flaca, muerta de hambre.
En el bulín del sueño la cinchamo,
La falta ‘e mate sí que dio calambre…”

Nunca ligaste Julián. La invitada vino secolari, la tuviste que bancar. ¡justo vos! Como todo poeta, mucho sover pero de mangos escasany. En uno de los tantos metejones, el bulín pasó a ser cotorro. La muchacha arrimó cariño y no vento. Tuviste que yugarla para morfi y otras yerbas que escasearon. Muchacha zarpada, que además de amor pretendía “pucherito de gallina con viejo vino Carlón”

Después de la descarga de cariño acumulado, al Oficial de Justicia se le ocurrió intimar el pago de alquiler. De supuesto fiolo a moroso, sin mina por el piante y la zapie del convento de raje con la deuda por pagar.

“Sin una historia…con un cuore grillo…
cachuzo de golpeao…”

Nunca en cafuga por malandra, sin escrache con los tiras. Para algunos era un logro que daba dique, para vos curriculum de yeca, pero limpio por chodere. Fuiste lo que fuiste y fuiste vos Julián, el soñador del cuore rante, poligriyo, porteño por vocación, pero nunca rocho

“¿Choro? Lo bato claro y me desnudo,
ni de cuarta salí, con eso alcanza.
Yo soy un cusifai que nunca pudo
Entender el cafur o irla de lanza…
…Ni una canela en contra, te lo juro…”

Sin pianola ni prontuario. Te la mancaste en las malas, nunca saliste de furca (atacando a la víctima de atrás y con ambas manos, de modo que con los pulgares e índices quede bien ceñida la garganta) ni de lanza (robar)

En tu bulín de Chiclana (Barrio) no hacías diferencia entre tiras y choros, condición; dejar la herramienta en la entrada, el jotraba era otra cosa. Meta jaraba, pucho y chupi. En la yeca, cada cual en lo suyo. Pero vos Julián, siempre de contracara a la gorra, siempre les rajaste a los tiras, “araca la cana”, sin fichaje. Parece que fue en tu vida una asignatura pendiente, una medalla de la yeca. Parecería que para entrar al boliche había que ostentar el nerca de la taquera. Pero a vos no Tano, tenías mucha esquina acumulada para que te pidieran prontuario. Tu sola presencia era distingo de porteño al que le abrían paso sin pedirle explicación.

“ A mano todo Dios…no debo a nadie.
Sobrao en ternura sé que quise mucho.
Del faso de mi davi echao al aire
Tengo pa dos pitadas…Soy un pucho.” ( La Musa Mistonga. Centeya. “Yo”, pág. 18)

Y si, fuiste un poligriyo del cuore grillo, pero chodere con los amigos y con los otros la fuiste de tefren. Y entre novi, faso y cheno, la davi se te pianto. Le tiraste el manotón, pero era tarde, la habías consumido, y te fuiste sin patalear con el Barba Manzi a chamuyar. De bulín en bulín, fuiste “dos pitadas” un pucho, nada más.

“…Pero un poeta es, o tiene que ser un hombre…Julián era un hombre triste que sonreía. Tenía la tristeza de Don Quijote que combate con los molinos de viento…que su tristeza es la tristeza de un hombre que se encuentra ante el dilema de ser sincero en un mundo de hipócritas, valiente en un mundo de cobardes, bueno en un mundo de malvados…” (Piel de Palabra. La Musa Maleva. Prólogo de César Tiempo)

Y fuiste un tipo que venía de una familia que la yugó en la pobreza, de abajo de los de abajo, tenías tristeza acumulada. El grís del apelativo del hombre le cae justo al tipo que sonreía por fuera y sufría de melancolía por dentro. Tu lirismo chocaba con el materialismo reinante en la sociedad. Y eras aparentemente contradictorio, por un lado hombre de la yeca conocedor de las vueltas de la vida, pero, a la vez de ser un rante callejero, eras un crédulo romántico, quizás un poco ingenuo en un mundo en el “que no afana es un gil”. Nunca mejor el calificativo de “soñador del cuore rante”.

Ricardo Lopa
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