En un café de San Juan y Boedo, un escritor logra encarar a un viejo milonguero de presencia imponente: chambergo, lengue y cara de poco amigo, vestido como el Buenos Aires que ya fue. Ricardo Lopa regresa a Barriada con una historia donde el tango, el guapo y la milonga se cruzan en una tarde de lluvia.
Como todo porteño, tengo la diaria rutina de refugiarme en el boliche barrial, para más datos el de San Juan y Boedo. Me acompaña el libro de turno. El mozo del bar, sin llamar, me acerca el café cortado que suelo tomar. Son años que manyo el lugar. Los parroquianos con los que cotidianamente me suelo ver sin intimar, somos amigos sin datear, no ocupan la mesa en que me acostumbro sentar, es sobre Boedo mi lugar.
Castro, enfilo por San Juan, las baldosas me suelen saludar, amenizando el trayecto hasta Boedo aterrizar.
Si bien no la parlo en el bar, hay un fulano que quiero encarar e indagar pues me batieron que tiene prosapia de guapo y bailarín.
¿Cuántas veces, en una clase de tango argentino, o durante una exhibición, escuchaste hablar de la postura? ¿Existe una verdadera regla sobre cómo bailar tango? Es decir, ¿existe una regla para saber cómo el hombre y la mujer deben colocar los brazos, cómo debe ser el abrazo de tango o cómo la pareja de tango se debe acomodar físicamente para bailar? Y en otro orden, ¿hay que bailar todo el tiempo abrazados?
Me chamuyaron que el fulano la escolaseaba de prima en el tango y hacía pata ancha en los clubs más pesados de la Capital. Sacaba chope, inclusive en los bailongos más jodidos de Barracas al sur.
El quía paraba en una mesa con vista a San Juan, siempre solari, con cara de poco amigo. El punto tenía la particularidad de conservar el empilche del Buenos Aires que ya fue, lengue, chambergo y jetra grone cruzado. Ni alto, ni bajo, lucía una voluminosa cabellera gris peinada a la gomina. Su presencia imponía respeto.
Me preguntaba, ¿cómo encararlo?
Tenía que buscar el momento propicio; se dio un día que nos agarró la lluvia en el boliche, pues había que esperar que mejore el tiempo.
El pardo José que la iba de zomo, fue el encargado de decirle que el tipo que paraba en la mesa sobre Boedo, yo, lo invitaba con la consumición.
Un leve guiño con la del cuore en el chambergo, fue el agradecimiento.
Al rato se levanta, deja el diario que estaba ojeando, y antes de retirarse pasa por mi mesa para pispiarme de cerca, y preguntarme, por qué de la gentileza.
“Se comentan sus triunfos con las damas, maestría como bailarín y guapo de tayar, que me gustaría su historia escuchar”
“Vestido como un dandy, peinado a la gomina
Y dueño de una mina, más linda que una flor,
Bailás en la milonga con aires de importancia
Luciendo tu elegancia y haciendo exhibición.
Cualquiera iba a decirte, che reo de otros días
Que un día llegarías a rey del cabaret,
Que pa´ enseñar tus cortes pondrías academia
Al taura siempre premia, la suerte que es mujer.
La lluvia había parado, las primeras estrellas acompañando a la luna asomaban, se había hecho tarde.
“Mucho gusto, -voz aguardentosa la del fulano- que le parece, si nos juntamos el miércoles venidero 15 horas y la parlamos lunga?
Y así fue nomás, el café de San Juan y Boedo, es testigo mudo del chamuyo de dos veteranos que le arriman el bochín al tango.
- Qué tal, me llamo Abel, pero todos me conocen como milonga. Nací en 1911, Pompeya es mi cuna, ahora por los pagos de Boedo.
- Un gustazo, me interesa su performance por la vida, soy un humilde escritor que deseo trabajar sobre su personalidad,
- Vea señor, cuál es su nombre, Ricardo, bueno le cuento; hice pata ancha por Pompeya y Barracas al Sur. En Avellaneda, mientras milongueaba, empezó mi fama, no como bailarín, que ya la tenía en mi barrio. Con ella a cuesta caigo a la milonga “El Ceibo” en los pagos de Alberto Abel Barceló, de ahí mi nombre.
- Cómo empezó la milonga? Efectivamente comencé a bailar con Rosa mi pareja, ahí se armó el revuelo.
-
Por qué?
-
Nos dejaron solos por como la escolaseábamos con corte. Tal baile, fue el detonante de la agresividad local. En el salón estaba prohibido bailar con corte, si lo hacíamos alguien se acercaba y nos decía: «Pase por boletería» y allí nos recomendaban o nos o nos echaban. Nos llamaban compadritos.
Bailarín compadrito…
Que floreaste tus cortes primeros,
En el viejo bailongo orillero
De Barracas al sur.
Bailarín compadrito…
Que quisiste probar otra vida,
Y a lucir tu famosa “corrida”
Te viniste al Maipú…
-
Nos empezaron a silbar y tirar botellazos.. aproveché la oportunidad y me puse la boina blanca, distintivo radical. Fue error hacer la ostentación política en un antro conservador.
-
Pero no es que le pusieron Abel por Barceló, intendente de Avellaneda.
-
Justamente, don Alberto era conservador, igual que mi padre, yo radicheta.
-
Qué hizo, se rajó?
-
Que va. Grité viva don Hipólito Yrigoyen carajo. Dos se me vinieron al humo. Pelé el facón y grité “vengan que con dos no alcanzan”.
-
Y después?
-
Se quedaron en el molde. Nos fuimos con la frente alta.
-
La fama de guapo no fue puro cuento, pues se enteraron los muchachos del comité y magnificaron el evento. A partir del hecho me identificaron como “El guapo milonga”.
-
Hazañas, muchas, la más trascendente, no fue de filo, sino como troesma e innovador en el baile. Propicié un “rotundo cambio de postura para bailar en pareja: los cuerpos derechos, las caras mirando hacia el mismo lado, los hombros horizontales al piso, los pechos tocándose ligeramente y el brazo del hombre a la altura del hombro….creée y desarrollé los giros, enrosques, los arrastres, el contrafrente y los boleos, entre muchos otros movimientos, y determiné los cambios de posturas que hablábamos antes.”
El Guapo Milonga, bebe el último sorbo de café, me mira, lo saborea y me dice:
-
Mi sueño siempre fue bailar mejor que todos. Inventé muchas figuras, transformé el tango, pero tendría que haber realizado más. Me faltó inspiración para crear el tango verdadero. Hoy lo haría distinto. Como cada tango dura tres minutos, lo dividiría en prólogo, desarrollo y epílogo.”
El recuerdo del pasado glorioso le humedecen los ojos, me estira la del cuore agradecido, la diestra siempre presta tanteando el cuchiyo que al levantarse se le alcanza ver.
¡Araca!… cuando a veces, oís La Cumparsita
Yo sé cómo palpita tu cuore, al recordar,
Que un día lo bailaste, de “lengue” y sin un mango
Y ahora el mismo tango, bailás hecho un bacán.
Pero algo vos darías, por ser por un cachito
El mismo compadrito del tiempo que se fue,
Pues cansa tanta gloria y un poco triste y viejo
Te ves en el espejo, del loco cabaret.”
Bailarín Compadrito. Tango: Letra y Música : Miguel Bucino (Miguel Eusebio Bucino)-
“El Tango nació para ser bailado, ese es su destino, porque no es otra cosa que un mensaje que se lo expresa danzando…”
El guapo milonga, me trasladó al pasado añorado, satisfecho le tiro al pardo el vento debido y algo más, enfilo por San Juan, las baldosas me reclaman, pues las vuelvo a pisar, llueve, otra vez ser.
Ricardo Lopa
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Imagen ilustración: creada con IA






