Dos Amigos y un Tango por Ricardo Lopa

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Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián, además de ser uno los grandes dúos del tango, fueron entrañables amigos. Hombres de la noche porteña, llegaron a compartir el mismo edificio de la calle Talcahuano 309, separados por un piso. «Nos comunicábamos de balcón a balcón proyectando el programa de la noche» (Cadícamo). Cobián en la música y Cadícamo en la letra, fueron gestores de innumerables composiciones, una de ellas es a la que me referiré.

LA CASITA DE MIS VIEJOS:
 
«Cobián estaba a cargo de la asesoría musical de la Editorial Ricordi y un día me telefonea pidéndome que me acerque allá, a San Martín al 500, para escuchar un tango que acababa de componer. Aquella sería nuestra  primera colaboración. 
 
Llego a su despacho y luego de invitarme con café, me hace escuchar al piano una melodía, tan de su estilo que me agradó muchísimo, pidiéndole que la repitiera a fin de compenetrarme y de retenerla en mis oídos. Comencé a tomar un «monstruo» de la misma y al probar sus acentos notamos que funcionaba perfectamente dentro de la medida musical.
 
Cobián se entusiasmó con el «monstruo» y se puso a cantarlo. Al terminar me dijo muy convencido de que lo dejara tal cual estaba porque ya era una letra. Le rogué que habláramos en serio porque había que mascar mucho aquello para sacar una letra presentable.
 
Un día fui a llevarle la letra terminada de aquel tango que me había hecho escuchar meses atrás en Ricordi y cuya melodía recordaba perfectamente, por haberla ejecutado infinidad de veces con muy buena voluntad y escasa técnica en el piano familiar de nuestra casa  en Flores, con el solo propósito de no olvidármela.
 
En esa forma yo lograba que mi lucubración se produjera al mismo tempo que la música la fuera llamando. Era una fórmula para que la colaboración fuera perfecta. Soy de opinión que todo autor de letras debe saber aunque sin mucha perfección, ejecutar un instrumento a fin de recordar la melodía en el momento de escribir los versos…
 
Cadícamo había titulado el tango «La casita de mis viejos». 
 
«Cobián leyó el título y luego de una fugaz mirada se sentó al piano para confrontar muy lentamente notas y sílabas, encontrándolas al pelo con la melodía.
 
Después de volverla a leer con más detenimiento para enterarse de su contenido, me preguntó si yo había querido esbozar su biografía, ya que él hacía más de quince años que había salido de la casita de sus viejos sin haber regresado nunca más. …Juan Carlos había emigrado de su casa paterna, en Bahía Blanca, muy joven todavía. Dio vuelta por el mundo, viajó por todas partes, recaló en Buenos Aires y volvió a la casa de sus viejos ya muy mozo después de muchos años. Juan Carlos era hijo de una familia de muy buena ubicación económica y social. El primer extrañado con mis versos fue Cobián cuando se reconoció protagonista de mi historia, que yo conocía por su propio relato
 
Le respondí festivamente, como en los comienzos de las películas cinematográficas, que cualquier semejanza con seres vivientes o extintos era simple coincidencia…
 
«La casita de mis viejos» fue publicada por Ricordi.
 
El mismo fue estrenado por una cancionista llamada Itala Ferreira que actuaba en el Teatro Buenos Aires con la compañía revisteril de Jardel Jércolis.  
 
Pero había que buscar la aceptación popular a través de un consagrado.
 
«Tania se hallaba actuando en el Teatro Maipo. Una tarde fuimos a visitarla al domicilio de la calle Cangallo 1700, donde vivía con Discepolín, con el propósito de hacérselo conocer. Cobián se sentó al piano y comenzó a ejecutarlo. Discepolin era la primera vez que lo escuchaba tocar. …Cuando concluyó, sin duda impresionado por el vigor de su pulsación, Discepolín le dijo felicitándolo a su manera: «¡ Sos un caballo…!» Al salir de la casa le comenté a Cobián la ocurrencia de haberle llevado nuestro tango a Tania. Era como ir a vender naranjas al Paraguay, que Discepolín abastecía esa mercadería a su cantante.
 
Pocos días después Tania lo estrenó en el Maipú y la consagración.
 
Fuentes :
«A Buenos Aires la quiero porque fue mía, aunque a veces la abandonaba» (Reportaje por Osvaldo Ardizzone, oct/84, publicado en LA MAGA COLECCIÓN , diciembre de 1995. Seis Poetas del Tango, pág.6) Cadícamo. Memorias. pág.134. (Ed.Corregidor). Enrique Cadícamo. Cancionero (Torres Aguero, Editor)

Ricardo Lopa
contacto: [email protected]


 

 

 

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