Cristina Suárez: «Barracas, barrio marginal, corralonero y pintoresco»

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Hace ya unas décadas era un barrio donde se codeaba la delincuencia, de fácil escondite para los que viven al margen de la Ley. Los favorecía su cercanía con la rivera, cafetines, edificios dudosos frecuentados por mal vivientes. Los Olivos o Pueblo de las Ranas, atravesada por el arroyo de las Pulgas, yuyales altos donde la policía que penetraba era asesinada y colgada.

Lo pintoresco se hallaba en las “barracas”, galpones para almacenar cueros que le dio el nombre al barrio.

También había corralones anchos, con pisos de arena, para proteger a los caballos, conventillos, pulperías, cafés, almacenes muy famosos donde se daban cita los cuarteadores, los compadritos y los peones de las barracas y saladeros.

Entre los cafés famosos y ya derruidos se encuentran “La Banderita” en (Montes de Oca esquina Suárez) y “La Luna” (Montes de Oca y Uspallata).

Cafés de payadas, duelos, tango donde comenzó a mostrarse el famoso Eduardo Arolas antes de triunfar en Paris.

Montes de Oca testigo viviente de carreras de sortija, cinchadas de carros, carreras cuadreras. Pocas calles guardan tanta historia como esta avenida del sur que nace en la calle Caseros donde se encuentra la Casa de Expósitos, fundada en 1779 por el Virrey Vértiz, luego Casa Cuna y actualmente hospital de pediatría Pedro de Elizalde y muere en el Riachuelo.

Tuvieron sus quintas las familias de Díaz Vélez, Balcarce, Ramos Mejía, Videla Dorna, Alzaga, Sáenz Peña, Elizalde, Montes de Oca, Guerrero, Santamarina, Udaondo y otras.

Recordando el bar “La Luna” y como homenaje al barrio de Barracas, he escrito este poema.

Esquina con sabor a cosas olvidadas 

                              Por Cristina Suárez 

Querido bar. Luna
dónde estás, qué te hiciste
hoy ya no se oyen las voces
que se escuchaban ayer;
cuando esas noches de luna
se daban cita en tu esquina
guitarras de payadores
y malevos con facón.

Esquina de Buenos Aires
de este barrio de Barracas
donde se dio cita el tango
con aquel viejo arrabal.

Al pasar Constitución
un olor a galletitas,
nos anuncia tu presencia.

Esquina de Montes de Oca
justo al llegar a Uspallata
donde un día en tu vereda
obedeciendo el impulso
de su loco corazón,
una dama misteriosa  
le robó un beso deseado
a ese ilustre poeta
que le escribió una canción.

Hoy puedo oír en un piano
acariciando el teclado,
una triste melodía
que muestra tu corazón.