Club Fulgor de Villa Crespo – Parte 2 de 2 por Susana Guaglianone

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Reportajes en la revista «Días de Barrio»

Las revista Días de Barrio, publica en noviembre de 1998, un reportaje efectuado a Luis Vicente Guaglianone y al mes siguiente, diciembre de 1998, una nota sobre un evento de fotografía, de los cuales aquí constan las imágenes:

– haga doble click sobre las mismas para ampliar –

noviembre de 1998, nota a Luis Vicente Guaglianone, revista Días de Barrio

Revista Días de Barrio, reportaje a Luis Vicente Guaglianone

Revista Días de Barrio, reportaje a Luis Vicente Guaglianone

diciembre de 1998, nota sobre una muestra fotográfica en el Club Fulgor,

publicada en la revista Días de Barrio

Dias de Barrio, nota sobre muestra fotográfica en el Club Fulgor

Fotos

Cena homenaje a Don Juan Baggeta, primer presidente, sobre la derecha, sonriendo

Las dos señoras sobre la izquierda -precisamente en el ángulo- son: la primera sobre el lateral, mirando (ella) hacia un costado es Irma de Guaglianone, la madre de Susana y la otra es Antonia de Guaglianone, esposa de Luis, que aún está viva.

Ernesto M. Guaglianone (micrófono), en el Club Fulgor, homenaje a Juan Baggeta

Ernesto Mario Guaglianone (micrófono), Club Fulgor, durante su presidencia

Ernesto Mario Guaglianone, Club Fulgor, durante su presidencia

Festejo en el Club Fulgor. En la cabecera de la mesa: Ernesto Mario Guaglianone y a su izquierda, sentado, Luis Vicente Guaglianone

Foto tomada en el bautismo de Susana Guaglianone, con los hombres de la familia y amigos del club, en una casa donde vivieron al comienzo, entre Villa Crespo y Palermo Viejo. En el centro: Ernesto Mario Guaglianone, es sus brazos Susana B. Guaglianone (1 año).

A su derecha: Luis V. Guaglianone, en el suelo Carlos Guaglianone (6 años) hijo de Luis. A la izquierda de Ernesto Mario Guaglianone: Don Ernesto V. A. Guaglianone (el abuelo), en sus brazos: Eduardo Guaglianone (2 años, hermano de Carlos) y a su derecha está Humberto Guaglianone, sujetando a su hijo, Virginio Guaglianone.

A la izquierda del abuelo: Humberto Guaglianone (el otro tío de Susana). Los nenes más grandes que están sentados en el suelo son dos hermanos, hijos de Bové, que está detrás del abuelo (otro socio del club). Todos los demás, exceptuando los dos señores mayores – tíos del papá de Susana – son amigos y socios de Fulgor. La mayoría pertenecen a la fundación.

Epílogo

En los cimientos del Club Fulgor de Villa Crespo palpitan los corazones de los Guaglianone; de aquellos, nuestros viejos, que junto a otros pibes levantaron las paredes del refugio de sus sueños, así como el eco de sus voces vibrando en las anécdotas de su  club querido, contadas en las fiestas en familia. Ellos, hace casi 80 años, pintaron ese romántico paisaje en Loyola y Serrano con la pasión de los artistas. Nosotros, simplemente éramos llevados de la mano paterna hacia las instalaciones de ese pedacito de Villa Crespo, así como cuando nos llevaban a la escuela, o a la casa de cada uno de los tíos. Aquellos Guaglianone encendieron el rescoldo para que el Fulgor de aquel fuego de fogata de barrio les dé calor y energía a quienes luego continuaron esa romántica obra. Estos Guaglianone, nosotros,  simplemente guardamos esa historia con respeto  y ternura para contársela a nuestros hijos con algo del destello que iluminó nuestra infancia. La historia es de los viejos, les pertenece por derecho; la memoria es nuestra, nos pertenece por legado; la actitud ejemplificadora se desprende de esa historia (la de ellos), se refugia en la memoria (la nuestra) y trasciende a los caminos inciertos de los días de hoy que transitan nuestros hijos… y surge como esperanza, para gritar que aún es posible hablar de ideales cumplidos.

Con  añoranza de los tiempos idos y con el sentimiento entrañable de familia que nos supieron transmitir, nuestro reconocimiento y nuestro orgullo a Don Ernesto Guaglianone, padre, a Luis, a Humberto y a Ernesto » Coco» Guaglianone, y a todos esos pibes que junto a ellos lograron materializar una utopía…

Con sincera admiración a la Señora Mónica Rubio por la creación de Barriada y todos sus cuantiosos emprendimientos en pos de las  comunidades barriales y el respeto devenido de  sus páginas por la libertad de la palabra, mi más profundo agradecimiento por permitirme desempolvar estos recuerdos con  reminiscencias de fútbol, tango, barra de la esquina y esa canzonetta que nos cantaba el abuelo, como canción de cuna, bajo el techo de Castillo y Gurruchaga,  donde también había sido acunado una vez, allá por 1933, el Club de nuestros viejos, en esos tiempos ….cuando nacían las palabras para transformarse en  una ya folklórica página de Villa Crespo , que se quedó para siempre en Serrano y  Loyola, para seguir escribiéndose con la tinta de los poetas nuevos.

Susana Guaglianone
contacto: [email protected]