Club Fulgor de Villa Crespo – Parte 1 de 2 por Susana Guaglianone

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Club “El Fulgor” de Villa Crespo: sus orígenes

Loyola 828, 4778-1511

Introducción 

Lo que muchos vecinos de esta ciudad conocen sobre el Club Fulgor es que queda en el barrio de Villa Crespo y que fue visitado por personajes célebres del tango entre los cuales encontramos a Osvaldo Pugliese, Celedonio Flores y Ben Molar, sólo por mencionar algunos.

También se cuenta que su nombre está inspirado en una revista de esa época que era muy popular: Revista Secundaria Centro Fulgor, que los colores que representan al club están inspirados en la bandera española (blanco, rojo y verde) y que Daniel Scioli fue uno de los presidentes que tuvo el club. Más o menos esos eran los datos que figuraban en esta página web sobre el Club Fulgor.

Pero un día me contactó Susana Guaglianone, descendiente de los fundadores del club, quien ha puesto a mi disposición sus recuerdos, fotos, recortes que me han permitido armar esta nota, que surge de la documentación recibida y a través de la cual conoceremos al grupo de jóvenes funda este club.

Mónica Ester Rubio
contacto: [email protected]
Carta enviada por Susana Guaglianone

“El club nació en los altillos de Castillo 694, la casa de mi abuelito, para trasladarse en el año 1933 al actual domicilio donde se halla la sede. El club es el resultado del impulso de un grupo de pibes, entre ellos Ernesto, Luis y Humberto Guaglianone, y el apoyo comprometido de adultos como don Ernesto Guaglianone padre, don Juan Baggetta, don Cayetano Perrone y don Enrique Mórtola, entre otros. Todos estos apellidos, así como estos antecedentes históricos no suenan rimbombantes, pero pertenecen a la sencilla historia de la fundación. No caben dudas de la visita al club de ciudadanos ilustres y de figuras simbólicas del tango, pero el club se creó por el espíritu propio de la época, surgió del mismo modo que la gran mayoría de los clubes barriales, que  brotaban de los sueños de la juventud de los hijos de los inmigrantes en las décadas del 20 al 50. Por respeto a los fundadores y por reivindicación de los hechos auténticos pido -tal vez con poca esperanza- que estas líneas sean publicadas. Los actores principales no han sido FAMOSOS, pero han dejado plasmada la esencia del proyecto de lo que hoy es el club, y es justo reconocerlo. Y  podría presentirse que dormitan los fantasmas del tango de los bailes, que se desplegaban en los patios de las instalaciones de los viejos tiempos, para despertarse en la realidad de los bailarines de hoy. Esos bailarines que desconocen que en esos escenarios  otra generación lejana, construía el refugio de sus inquietudes juveniles y resguardaba la bohemia de la poesía del empedrado, para transformarse con los años en el reducto familiar donde estos soñadores reunían a todas sus familias para compartir fiestas, tangos y milongas. Estos soñadores, los socios fundadores, fueron partiendo a la eternidad y por eso no pueden gritar que ellos fueron parte de la lírica historia de la Buenos Aires de los clubes de aquellas «barras de la esquina». No pueden gritar ni con la voz física, ni con la voz de los apellidos reconocidos; pero aún pueden reaccionar a través de la memoria del  afecto que supieron legar a quienes heredaron el cariño a ese pedacito de Villa Crespo, esos herederos  que también dejaron en esas baldosas las huellas de su propia infancia. Por la memoria de mi papá, Ernesto Guaglianone(hijo), de mis tíos Luis y Humberto Guaglianone, de Ernesto Guaglianone (padre), mi abuelo y de aquellos nombres que aún resuenan en mis oídos como el de los Pollola, los Atilio, los Baldach, los Louza, los Colordo, los Epelbaum, los Litvak -la primera comisión con Baggetta como presidente-  aunque no sea de interés general, hago conocer esta simple reseña de los principios de un club de barrio, que cobijara la juventud de todos esos pibes que no son evocados a la hora de hablar de la historia del Fulgor. En lo que a mí respecta, estoy convencida que en las paredes de ese espacio la voz de un cantor de barrio que se llamó Ernesto «Coco» Guaglianone todavía sigue latiendo, mientras exista algún memorioso que no deje morir aquella página  romántica escrita por aquellos adolescentes: Fulgor de Villa Crespo.» 

Carnet de Ernesto Coco Guaglianone

En estas imágenes vemos los carnets Ernesto «Coco» Mario Guaglianone: como socio activo y como vitalicio.

Carnét del Club Fulgor de Ernesto GuaglianoneCarnét del Club Fulgor de Ernesto Guaglianone

Carnét del Club Fulgor de Ernesto GuaglianoneCarnét del Club Fulgor de Ernesto Guaglianone

«Y comenzó en una esquina…»

Ernesto Mario Guaglianone, unos meses antes de su muerte, acaecida el 6 de junio de 1983, había terminado de escribir el libro «Y comenzó en una esquina…» sobre la historia del Club Fulgor: «(…) unir palabras y coordinarlas con la nostalgia y el afecto hacia nuestro Club, para brindárselas a nuestros familiares, vecinos y amigos, y en especial a los socios de todas las épocas que, en una forma u otra, en su paso por la entidad, han permitido que esta criatura de cincuenta años, siga agrupando familias de vecinos (…)».

Ernesto fue presidente de la institución al principio de la década del 50. La pista de deportes llevaba su nombre, no sabemos si en la actualidad sigue siendo así.

Cuenta Susana que la falta de comunicación con las actuales autoridades del club se debe a que la familia no frecuenta el club desde que murió su padre, en casos como el de ella, por cuestiones de distancia, pero que tampoco fueron nunca convocados.

Ernesto «Coco» Guaglianone concurrió activamente al club hasta el fin de sus días. Cuando murió su velatorio estaba inundado de gente del Club Fulgor y su esposa decidió que el cortejo fúnebre pasara por las instalaciones (en Loyola y Serrano). Luis V. Guaglianone volvió a acercarse al club durante sus últimos años de vida.

Ernesto no pudo llegar a ver su libro en las manos de aquellos a quienes el libro estaba dirigido, ahora los vecinos pueden acceder a algunas de sus páginas haciendo doble click sobre cada imagen para ampliarla y leer tres de sus poemas.

Fulgor

¿Qué hechizo enquista tus paredes?
¿Qué mágico poder tiene tu nombre?
Imán es el Fulgor
que atrapa cual las redes
ciñiendo  en la Amistad
que comulgan tus hombres.

Esquina y Yo

Por fuera estás cambiada
esquina mía,
luciendo tan remodelada,
cegado, entre miles te distinguiría
aunque parezcas » centro ´,
otra tu faz por fuera
te veo igual por dentro         

Quien transitara tus piedras en cruz
bien sé, que suspirando añora
aquellos gnomos y ángeles en ronda
nimbados de ijusión y luz
del mágico farol que aflora,
llovizna fantasiosa ¡sueño azul!

¡mi vieja cruz, de Serrano y Loyola!

Acumulamos  por igual, años  de  vida  
nos azotaron furiosos vendavales,
iluso, me creí inmune a males,
¡me hice hombre!, vos seguiste siendo esquina,

¡oh tiempo implacable, irónico, agresivo,
vos estás igual, yo estoy envejecido!

Fundador

Restallo ingrato, ignoto en la distancia
con nebuloso Tiempo que conjura:
¿olvido?…de simiente acrisolada que substancia
el Ideal Creador de tu Fulgor que aún perdura.

Atrás, la doma con tu cabalgadura
sometiendo a la bestia lista para la yerra.
Acá tu potro viejo, relevado de montura,
en trote, eternamente firme, sobre la Tierra.

Otra es la tez y las manos puestas en rienda,
tu mismo ideario ostenta el Montador,
y no casual, el fruto que recoge por la senda,
que un día tú plantarás, con nombre de Fulgor.

en la página 37 comienza la Historia y Fundación del «C.S. y D. Fulgor»

Y Comenzó en una Esquina, por Ernesto Mario Guaglianonepáginas 38 y 39

Y Comenzó en una Esquina, por Ernesto Mario Guaglianonepáginas 40 y 41 

Y Comenzó en una Esquina, por Ernesto Mario Guaglianonepáginas 42 y 43

Y Comenzó en una Esquina, por Ernesto Mario Guaglianonepáginas 44 y 45

Y Comenzó en una Esquina, por Ernesto Mario Guaglianone

Susana Guaglianone
contacto: [email protected]