Centeya, de Boedo y Chiclana por vocación por Ricardo Lopa

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Julián CenteyaCenteya “… Inquilino mayor de Buenos Aires. Testigo lúcido de una ciudad romántica y despreocupada, acaso más porteña que la de ahora, con santuarios de estaño y de codillo. Transitador infatigable de sus calle y de sus trampas…(Boletín de la Academia Porteña del Lunfardo, Luis Adolfo Sierra. año 1, nº 3, pág. 90. 1968)

Y fuiste Julián “caminante infatigable” por las baldosas de Boedo al sur pa’ el norte. El quía, entrañable consuetudinario de Boedo, intenta pisar las huellas que vos dejaste en tu tránsito de porteño por vocación. Al igual que vos Tano sostengo, que hubo un Boedo de Independencia a San Juan. Pero agrego, que cuando estaba la casa forrada de cultura de don Pepe González Castillo y Catulín, el cine-teatro El Nilo, la confitería Bonbonniere, la heladería Savoia, la jerarquía de empilche de Kapusta, Luchetta y sus artículos del hogar y el Nilo Grill, entones y por entonces el aire a Boedo y su personalidad comenzaba a tomar otro sabor en Cochabamba al sur. Límite “lujurioso” para las muchachas de empilche y sus “pasaditas” a las tardecitas, seguro con la “mama” de custodia. Con “la barranquita de Constitución”, loma adoquinada desde donde Homero Manzi podía presentir Pompeya y Alsina, la cosa empezaba a cambiar. Ya ese recorrido pa’el sur era para hombres solos o naifas querendonas. Almacenes de laburantes de la suela y cueros curtidos (¿resabios del Matadero del Sur que supo funcionar en el actual Parque de los Patricios?), cantinas (La Tacita) el mercado de Inclán, bueno, niñas con taquitos abstenerse. Y Chiclana que de pura prepotente asomaba.

“…De aquel Boedo Antiguo, en la encrucijada con Chiclana, curtido a leyenda de boliche y organito, le viene a Julián Centeya su porteñismo impenitente..”. (Boletín de la Academia Porteña del Lunfardo, Luis Adolfo Sierra. año 1, nº 3, pág. 89. 1968)

Chiclana que supo ser barrio. Chiclana donde a la Estercita la pebeta más linda la embalurdaron con lujo y cabaret y fue “milonguita” la que añora el percal. Chiclana la empedrada con boulevar y más allá “El Florencio” de Riganelli. Chiclana la del feca y otras yerbas en la esquina de Rondeau, en el que amasijaron a un fiolo solamente para poder escrachar al boliche como “La Puñalada”. La cortada “Las Naciones” (hoy Jantín) como cancha y Juan Di Nome como inquilino. Las cuatro esquinas en cruz de Boedo y Chiclana. (“A las cuatro esquinas duraderas de Boedo y Chiclana” Dedicatoria: “La Musa Mistonga”)

“…Me ubico sin lujo de ordenaciones pero intentando si un mero comienzo, una disposición inicial frente al primer café mistongo que conocí. Fue en Boedo y Chiclana meridiano que se pone en cruz cuatro esquinas una cuarta de la muerte física de la importante arteria que le presta nombre al barrio: Boedo…” (Cuadernos del Cafe Tortoni, nº 1, julio 2000. Conferencia de Julián Centeya. “Los Cafés mistongos”, pág.5)

Y en las cuatro esquinas duraderas de Chiclana y Boedo, ahí en un costado de Rondeau, supo estar tu “primer café mistongo” humilde y querendón. Génesis de tu porteña soledad, si Julián, fuiste un hombre solo que espera en el Sur. Soledad que enriqueció tu personalidad, alejado del apetito material, conciente buscaste y encontraste tu lugar en el mundo para pensar y crear. Y fue en ese reducto, mezcla rara de laburantes, fiolos, escruchantes, tiras y veteranos que la sabían lunga. La viola templada en jocosas, otras veces no tanto, payadas. Y el Tango, siempre el gotán, no podía faltar en la pinta del cantor del rrioba, siempre el mejor, frustrado por una mina que lo dejó en chancleta. Y fue ahí donde de puro capricho, con la modernidad, de filo amasijaron al punto sin nombre para etiquetar como “La Puñalada” al boliche.

“ Aún brama la turbiedad del cuchillo
Que ensangrentó el olvido.
Viejo bar

De guapos, soñadores y malandras…
…De carneros, tiras y ortibas.
Tangos y milongas caneras
Aprendidas en largas gayolas

“Café grabado en la novela del barrio,
Nacido ahí a metro de Chiclana y Boedo.
Viejo café
Donde el cuchillo tenía su filo inesperado,
tiempo de las palabras cargadas
esa desesperada manera del desocupado,
los desheredados se juntaban
para olvidar agravios y pagas menudas.

Viejo café de marginados,
Excluidos de la sociedad burguesa
Lastimados hondamente en su espacio vital… ( “Cáfe La Puñalada” “Carlino”, Poemas, pág. 226. Ediciones Ciccus. 2008)

Todo eso y un poco más fue haciendo tu recalada mistonga Julián. Noches de chamuyo y de beber el lunfa y poemas chamuyar. Mancada, que a distinto nivel, también fue mía en otra etapa de chochamu adolescente en el descubrir Pompeya en caminatas interminables rumbo al sur pretendiendo emular sin saberlo a Carlino y a vos Julián. Porque a los de Boedo, nos gusta patearlo siempre buscando Pompeya, pues el recorrido el vesre no se concibe, no tira el norte sin el estaño ni la historia de la dimensión del sur.

Y maduro, la vuelta de la davi me escracha en una same de nuestro boliche, si porque es un poco de todos, de Julián, Alfredo, y yo reclamo la porción que merezco por ser también eterno caminante de Boedo. Sentando en la ventana que juna Chiclana, café de por medio, veo los bepi zarpar en busca de la San Bartolomé, brolis de sobaco. Arrabal.

PORTEÑO POR VOCACIÓN

Tano, fuiste italiano por ocasión
Y en las cuatro esquinas duraderas
De Boedo y Chiclana
Te hiciste porteño de Boedo por vocación

Caminante consuetudinario de Boedo al Sur
De toda la vida y un poco más
Te presiento en un feca mistongo
en una de las cuatro esquinas en cruz

A patacón solitario por elección
por cuore poligriyo y querendón
Ahí va a lo “barquina”, JULIÁN CENTEYA
El porteño de Boedo por vocación (R. Lopa)

Ricardo Lopa
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