Cátulo Castillo, de poeta a veterinario improvisado por Ricardo Lopa

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Y en setiembre del ‘55 vino el raje al Hombre y de los hombres de él, entre ellos vos Cátulo. Y encontraste refugio de las amarguras producidas por el hombre, en el mejor amigo, el animal. Y fue el destino que te llevó a acercarte a su pureza, esa que no te pone condiciones ni te exige retribuciones. Piantase del agobio de la Capital, en busca del exilio interno (Camino de Cintura, a orillas del Rió Matanza) que te de la paz para crear, producir y ahí, vas a encontrar, la inspiración lejos del humo infernal y cerca de los mimos del animal.

“… En su nuevo domicilio, donde trabaja y produce silenciosamente, crece y desarrolla su amor por los animales, es otra faceta de San Cátulo.

Cadícamo lo cuenta así: “Ahí pasa sus días de destierro voluntario. Su alma de santo socorre a los perros sin dueños abandonados, bastardos y enfermos que merodean ladrando de hambre o de frío por los alrededores de su casa como presintiendo la llegada de un hermano compasivo. Los alberga dándoles de comer y apagando su sed, son más de 40; a los enfermos los cura, los acaricia y juega con ellos”

“…su compañera, Amanda Peluffo, cuenta que llegaron a tener 95 perros, 19 gatos, 200 gallinas y hasta 2 corderitos (“Juan y Domingo”)

No conforme con eso, Cátulo se encarga también de cuidar y vacunar a las mascotas de sus amigos. Es famosa la historia como acompañó el duelo del perro del poeta Nicolás Olivari a la muerte de éste,

Así, cuando llega el momento de mudarse no lo hace al centro, sino a General Villegas.

-Cátulo –cuenta que dijo Cadícamo-, vos tendría que venirte al centro, si fuera posible aquí mismo, a alguno de los departamentos de Sadaic

-No me lo perdonarían nunca

-¿quiénes?

– mis perros

La bondad de ese hombre enorme, fiel amigo, noble con los caídos, había sido totalmente revelada. Por eso, cuando a Julián Centeya se le ocurrió aquel apodo, nadie .lo dudó, y fue desde entonces San Cátulo (La Maga Colección. Op. Cit. Pág.11. San Cátulo. Fernando Mazzeo)

Y fuiste, padre, hermano y amigo compasivo de tu prole animal que te bancaron, junto con Amanda, cuando estuviste mal. Y claro, cuando saliste del trance no los ibas a abandonar, siempre estuvieron contigo hasta el final. 

“ El autor de Canto al Trabajo (los versos son de Ivanissevich) tiene en su casa 68 perros. Me apresuro a escribir 69. A estas horas deben ser 70.
– Empecé con un perro. Tenía una cara triste y los ojos llorosos. Está tan estropeado, tan lleno de piojos, era una cosa tan insignificante, que parecía un hombre. Otra vez, los chicos me avisaron que cerca de la ruta (yo vivo en Ciudad Evita), una perra está herida. Me han fusilado a la perrita porque la muy pecadora está embarazada. Le pegaron cinco balazos y todavía vivía. Cinco balazos pegados con furia. El que tiró fue tan cruel, tan severo, tan inexorable, que parecía un hombre, pero era un perro..”. (31/07/2006 Ricardo Horvath.- Departamento la Ciudad del Tango. http://www.centrocultural.coop/la-ciudad-del-tango/cafe-bar-billares–catulo-castillo.html)

Además de poeta, Cátulo eras un buen tipo, nunca lucraste con los sentimientos, menos con los afectos de tus gomías los ropes. De puro gaucho, les dabas una mano a sus patitas, y le buscabas un compadre querendón para que no volvieran a sufrir las penurias de andar solos, abandonados por los que se le arrimaban por gusto a la mascota y luego de satisfacer su ego, le daban el piro sin contemplación dejándolos a la buena de Dios, hasta que viniste vos. Saldaste la deuda de la sociedad Catulín, fuiste un poco de todo, el comodín de los perros, para curarlos y amarlos

Y dialogaste con Ellos, les chamuyaste y te chamuyaron, los entendiste y te entendieron mejor que el hombre, y cuando consideraste que había llegado el momento y el maltrato social estaba saldado, un lagrimón se te piantó y junto con él, el adiós fraternal.

“Quiero sumarme al hermoso homenaje que El Portal le hace a ese grande que fue Cátulo Castillo, recordándolo en un rasgo que lo pinta, de cuerpo entero, como un ser que amaba la vida y a toda la creación de Dios. Conocí a Cátulo por el año 1960. Circunstancialmente, me encontraba visitando a un querido amigo en su casa de Ciudad Evita, quien me comentó que su vecino Cátulo lo esperaba para hablar de boxeo. Cabe destacar que mi amigo era, y es, una de las glorias de nuestro boxeo: Ricardo González, (Gonzalito), más conocido por sus admiradores como «El mono»; que fue campeón sudamericano de peso pluma, allá por la década del 50. Me invitó a acompañarlo y acepté. Cátulo nos recibió en su casa con la cordialidad que lo distinguía, y fui testigo presencial de la conversación sobre boxeo, un deporte que apasionaba al maestro, ya que lo había practicado. Por ese entonces, Ricardo González era profesorde boxeo, y hablaban sobre nuevos valores que estaban surgiendo. Como ruido de fondo en el hermoso chalet en el que Cátulo vivía con su querida esposa, se podían escuchar ladridos de perros (más de uno). Esto motivó que el maestro interrumpiera su conversación, se dirigiera a mí y me preguntara si me gustaban los perros. Un poco confundido le dije que sí, a lo que me preguntó si tenía uno. Le respondí que no, por lo que me propuso regalarme uno. Yo no entendía nada. Lo cierto es que,abandonando la charla de boxeo, nos invitó a pasar al fondo de su casa. Allí había unos seis perros muy bien cuidados, cada uno con su collar y su casita. Yo le pregunté al maestro si vendía perros. Él me miró paternalmente y me dijo: «No, no vendo. Son perros vagabundos, los traigo de la calle, los alimento, los hago ver por un amigo veterinario que les da todas las vacunas y después busco una persona como vos para regalárselos. «Por supuesto, cómo podía negarme a la propuesta de esa enorme figura moral, espiritual y física que fue Cátulo. El resultado fue que aparecí en mi casa de Liniers con un perro de regalo para mi hijo de corta edad. Recuerdo que Cátulo nos comentó a Ricardo y a mí que, cuando pudiera, compraría una casa vieja en la que fundaría un hogar para animales abandonados. Con el tiempo en una casona que creo que quedaba estaba por la calle La Rioja al 1400, nació MAPA. Esta entidad estaba solícitamente atendida por jóvenes médicos y médicas veterinarias que, en forma gratuita, atendían a los animales dejados a la mano de Dios y les buscaban un hogar, previa cura y alimentación. El sueño de ese grande se había cumplido, y mucha gente de la televisión, la radio y los diarios, ayudaronen su cruzada a este ser bueno y noble que fue Cátulo Castillo. Vaya mi homenaje a un grande, que nos dio tantas letras de Tangos hermosas. (Cátulo Castillo: Un poeta de lujo Historia enviada por Oscar Mármol – 20/8/2000. El portal del tango.com)

Chau Cátulo, en nombre de Filtrador, nombre con que etiqueto al perro que no tuve pero que añoro sin conocerlo, y en nombre de todos los indocumentados, te agradezco por tu labor en pos de la dignidad del animal, por la que diste todo sin pedir nada. Salute.

Ricardo Lopa
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