Los caminos, viajes, postas y pulperías en 1816 (2º parte) por Mabel Crego

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Los caminos, viajes, postas y pulperías en 1816 - Camino de las pulperías en Mercedes - Mabel CregoQuizás aquí, en nuestra porteña ciudad, no tengamos muy claro qué era una pulpería, porque su definición no es fácil, puesto que con el correr de los años han desaparecido, pero para los años de nuestra independencia, todo era bastante claro.

Había una diferenciación entre tienda y pulpería. Las tiendas se dedicaban a la venta de los géneros de Castilla y las pulperías a géneros de abasto, su función era la venta, para el abasto de la población.

La complejidad de las pulperías porteñas se refleja mejor en la caracterización que hizo de ellas el propio gremio de pulperos de la ciudad.

“Las pulperías de Buenos Aires tenían algo de taberna, algo de bastería (almacén) y algo de tienda” combinaban los tres tipos de negocios.

Las panaderías, recurrían a la pulpería para comercializar sus productos.

También se podía comprar, rosarios, pirotecnia, libros, anzuelos, ponchos, guitarras, herramientas y un sin fin de artículos que el pulpero comercializaba con (los pueblos originarios) diferentes caciques indios y con pequeños productores de diferentes provincias, que venían en lentas carretas a la gran aldea a ofrecer sus mercaderías, tardando tres o cuatro meses (según las distancias desde donde vinieran).

Por eso se encontraba en las pulperías, frutas secas y aceitunas de Mendoza, vinos de San Juan, cítricos de Tucumán y el litoral, ponchos y tejidos de Córdoba, yuyos para evitar dolores y ungüentos que el pulpero intercambiaba con los aborígenes, cuencos y vasijas de tierra cocida, que fabricaban diferentes tribus, etc.

Los gauchos que vivían con  sus mujeres en los ranchos de la campaña, fabricaban velas, trenzaban lonjas de cuero, con las que hacían arneses, monturas y aperos de uso común, ya que todos tenían uno o varios caballos para trasladarse. Asimismo vendían huevos y aves de corral y cuando carneaban alguna vaca, preparaban embutidos que vendían al pulpero y éste a sus parroquianos.
Cuando el pulpero disponía de carnes y embutidos para vender a sus clientes, colocaba un trapo rojo en lo alto de una caña, frente a la pulpería y cuando solo tenía aguardiente o ginebra, el trapo era blanco (sucio).

Las pulperías surtían también de  lumbre, tabaco y combustible  y algunos  artículos de tocador, ferretería  y vajilla que venían de Europa.

Pero creo que lo más importante, es que se respiraba un aire inconfundible de taberna, donde los parroquianos pasaban su tiempo en compañía, bebiendo aguardiente, ginebra, caña o vino carlón, jugando a los naipes, a la taba o payando con sus guitarras, (en verdaderos contrapuntos), contando y cantando, las noticias que ocurrían en el pueblo.
Para las fiestas religiosas se organizaban carreras cuadreras y de sortijas (si la pulpería estaba ubicada en la campaña) y a veces riñas de gallos donde los gauchos apostaban dinero al ganador.
Generalmente los juegos de naipes y riñas se realizaban en la trastienda, al fondo del salón, en un pequeño cuartucho escondido, cubierto por una manta o poncho, de las miradas de los funcionarios del Cabildo.
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Según los historiadores Mayo, Miranda y Cabreja, Buenos Aires en aquellos tiempos tenía más pulperías  por habitantes, ya que en la época de la independencia, se llegó a contar con cuatro pulperías por cuadra.

Las pulperías se ubicaban en las esquinas, de las calles, tanto que se las llamaba “esquinas” y captaban los clientes de las cuatro cuadras.

Para el año de 1813 había un promedio de 30 habitantes por pulpería. Los pulperos tendían a dividir a su clientela en dos grandes grupos, los que venían a jugar y a beber y los que venían a comprar provisiones.

Las señoras “decentes” no pisaban el lugar, mandaban a sus criados, esclavos o chicos de los mandados. Nos cuenta Wilde. “los miembros empobrecidos de la clase “decente” por falta de criados, iban a las pulperías furtivamente y ocultaban sus compras bajo las capas, para evitar ser sorprendidos por los vecinos del barrio”.

Las pulperías tenían una lista de deudores designados por el color de la piel.

Existían las famosas libretas de “fiado”, donde el pulpero anotaba detalladamente lo que cada marchante compraba, y cuando podía pagaba la deuda al pulpero.

Hoy tenemos registro de los gastos y productos que se compraban en la pulpería, gracias a esas libretas.

Azara nos cuenta una fresca descripción de una pulpería… “podía verse a los paisanos llenar un vaso grande con aguardiente y pasarlo de mano en mano entre los parroquianos, tomando como insulto el no beber, si era convidado”,

Los pulperos a veces no querían fiar el pan, pero los marchantes agudizaban su ingenio para inducirlo a vender, comprándole otro producto que el pulpero si quería vender, como por ejemplo, un vaso de aguardiente.

El pulpero también tenía sus astucias, puesto que después de varias copas de caña, cuando el gaucho ya estaba muy contento con el alcohol, le cambiaba el vaso por otro, que tenía detrás del mostrador, con una base de vidrio muy ancha, donde solo la mitad de la bebida tenía lugar, pero la cobraba por un vaso lleno.

Eran muy diversas las relaciones que el pulpero establecía con su clientela, poniendo en riesgo en algunos casos, su dinero y hasta su vida.

Cuenta Emeric Vidal “ Las pulperías son chozas de lo más miserables y sucias, donde puede comprarse un poco de caña (un derivado de la caña de azúcar), cigarros, sal, cebollas tal vez y pan de la ciudad, pero las que están ubicadas en la campaña y en el interior del país, el pan no puede conseguirse, de manera que el viajero si no lleva algún pan consigo en la travesía, debe alimentarse como la gente del campo, con carne solamente”.

“Estas chozas tiene dos compartimientos, uno sirve de negocio y el otro de vivienda. Generalmente están construidas sobre un terreno más alto”.

“Hacen a la vez de casa de posta y cuenta con una docena de caballos pastando al fondo cerca de la casa. Cuando llega un viajero, deja allí su caballo, el pulpero con un lazo, sale en su caballejo, que siempre está ensillado tras de la vivienda, hasta el pantano donde pasta la tropilla y enlazando a uno, lo trae, le coloca la montura y sea manso o bravo, allá va el viajero al galope, hasta la próxima posta, cuatro o cinco leguas mas lejos (que es la distancia que soporta un caballo al galope)”.

Los caminos, viajes, postas y pulperías en 1816 - Camino de las pulperías en Mercedes - Mabel Crego”Las pulperías son el punto de reunión de las gentes de campo, que no dan valor alguno al dinero y lo gastan solamente en bebidas y juego, es costumbre entre ellos invitar a todos los que se hallan presentes a que beban con ellos, se hacen servir con el pulpero una jarra llena de caña, la que va pasando de mano en mano”.
“Mientras les quede un penique en el bolsillo repiten esta ceremonia y consideran una afrenta, que cualquiera rehuse esta invitación.”
“En la pulpería siempre hay una guitarra y cualquiera que la toque es invitado a costa de todos los presentes. Estos músicos, cantan nada más que canciones peruanas, llamadas varavis, que son las más monótonas y tristes del mundo. Después de todo, estas pulperías miserables como parecen, no son muy inferiores a algunas tabernas de la misma España.”

Otro relato de un viajero, sobre postas y pulperías muy interesantes es el de H. Armaiqnac quien dice: “Al mediodía, después de mucho camino recorrido en la Sopanda, por interminables terrenos de la pampa, entramos en una casa para almorzar. Era un Pulpería, en la cual también se puede adquirir todo lo que uno necesita: vinos, bizcochos, yerba, azúcar, vestimentas para hombres y mujeres, baratijas, sombreros, armas y además es bar, casa de comida y venden artículos de cuero para los caballos y carruajes”. 
“El aspecto de esta pulpería me hizo cierta impresión. Todo el salón estaba dividido por una reja de hierro y es a través de ésta que se sirve a los clientes, lo que parece una cárcel, los clientes que son llamados gauchos, visten de manera particular con poncho y chiripa, llevando alrededor de la cintura un cinturón de cuero llamado tirador, adornado con monedas de plata”.
“En la pulpería nos sirvieron sardinas en aceite, carne de vaca asada, queso, uvas secas, almendras y vino carlón. Fue un excelente almuerzo y luego mate, mientras los postillones ensillaban los caballos para retomar el viaje.”

A través de estos testimonios, tenemos una idea más precisa de cómo funcionaban las pulperías y postas en tiempos de nuestra Independencia.

Mabel Alicia Crego – Maestra Secretaria email
Docente JIC 4 d.e. 6º

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Fuentes de la recopilación histórica:

Fotos:

  • Camino de las pulperías en Mercedes de Mabel Crego