Breve historia de mi querido barrio por Mabel Crego

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La ciudad de Buenos Aires, a partir de su traza fundacional a fines del siglo XVI, evoluciona principalmente hacia el sur, en función de las actividades relevantes, ligadas al puerto que se encontraba en el Riachuelo. Este «Río Pequeño», tal como lo bautizara el cronista Ulrico Schmidel, ofrecía ya en ese siglo un refugio seguro a las embarcaciones.

Hacia fines del siglo XVII, y a lo largo del XVIII, comenzaron a levantarse sobre su margen unas construcciones precarias denominadas «barracas» que posibilitaban el almacenamiento de productos, frutos, cueros para el depósito y tráfico de la actividad comercial que allí se desarrollaba.

Es así, que el nombre de Barracas, va adquiriendo identidad y se apropia de esta zona, conociéndose progresivamente como Barracas del Riachuelo, y también Barracas al Norte en el siglo XIX.

Este barrio, como dije antes, debe su nombre a las antiguas barracas que comenzaron a construirse a fines del siglo XVIII en la orilla izquierda del Riachuelo. Se calcula que las primeras construcciones eran improvisados y precarios galpones que se usaban para almacenar cueros y otros productos que debían embarcarse en el Riachuelo, los cuales se hallaban entre las actuales barrancas del Parque Lezama y la Vuelta de Rocha. 

Existieron varias barracas en la Ciudad, que eran nombradas de diferentes maneras, en este caso, se las llamaba las Barracas del Riachuelo. Algunos historiadores sostienen que las barracas era el primer lugar en donde desembarcaban los esclavos negros llegados al Río de la Plata.

Cuando se llegaba a las barracas, se podía cruzar el Riachuelo en canoas que eran peligrosas y que no soportaban el peso para trasladar carruajes y ganado. Por lo cual, se decidió construir un puente de madera. 

Su enlace con los «pagos del sur» o también denominado «pago de la Magdalena» y la importancia como paraje, determinaron con el correr del tiempo la agrupación de vecinos con quintas que habitaban el lugar.

Ya desde 1789, los cabildantes procedieron a convocar a «los quinteros del Riachuelo» y a los «carretilleros» a fin de resolver que contribución debían pagar para formar un fondo que permitiera nivelar los pantanos que había en los «caminos de barracas».

En 1785, se leyó en el Cabildo el informe del Procurador General, en el que manifestaba la necesidad y utilidad de construirse un puente, en el lugar que llaman «de las barracas».

Las obras estuvieron a cargo de Juan Gutiérrez Gálvez, que poseía una quinta en la margen derecha, y era propietario de una de las canoas que efectuaba el cruce del río.

El Puente de Gálvez, inaugurado el 1° de diciembre de 1799, marcó el precedente del Puente de Barracas, de Restauración de las Leyes, y del ahora denominado Puente Pueyrredón.

Se cobraba por cruzar el puente según la carga y la cantidad de animales. En 1806 este puente fue incendiado para impedir las invasiones inglesas, luego comenzó su reconstrucción. El paso fue reconstruido y remodelado en variadas ocasiones y, durante muchos años, las inundaciones y los factores climáticos adversos fueron un gran inconveniente. Años más tarde, en 1858, Prilidiano Pueyrredón, hijo del general Juan Martín de Pueyrredón, propuso al gobierno reemplazar el actual puente de Barracas, que se hallaba en estado de completa ruina, por uno sólido, espacioso y cómodo para el tránsito terrestre y fluvial, que fuera digno de su forma elegante por las cercanías de la Ciudad de Buenos Aires. 

De esta manera, el 9 de noviembre de 1871 se inaugura el nuevo puente. A pesar de tener una construcción de hierro y con pilares apropiados, en 1884, una feroz crecida arrasó con la obra. Más adelante, en 1903 se inauguró un nuevo puente y en 1931 se habilitó el que funciona actualmente con el nombre de Puente Pueyrredón.

Por aquellos años, Barracas no era una zona habitada y se destacaba por su ubicación estratégica. En sus inmediaciones funcionaba un puerto y un Arsenal de Marina para evitar posibles invasiones extranjeras. Además, hasta 1872, existía en el noroeste de Barracas los Mataderos del Sur, llamados también de la «Convalecencia» o del «Alto». Estos fueron cerrados debido a que producían una gran contaminación, dado que se arrojaban al Riachuelo los desperdicios de los animales que se faenaban. 

Con el correr del tiempo, Barracas se transformó en un barrio de quintas, familias de gran figuración política y social residían en las lujosas casonas y en las señoriales quintas que bordeaban la calle Larga, actual avenida Montes de Oca. En los terrenos que fueron propiedad de la familia Guerrero se construyeron verdaderos palacios rodeados de imponentes jardines, uno de ellos es la actual plaza Colombia, inaugurada en 1937.

El día 13 de diciembre era, desde antiguo, el «Día de Barracas», en honor de Santa Lucía, la patrona de Barracas, quien diera desde antaño nombre a la «Parroquia de Santa Lucía», inmortalizada en la música popular a través de la voz de Corsini. 

Fue necesario desmontar la abrupta barranca de la Calle Larga (hoy Av. Montes de Oca) y suavizar su pendiente para facilitar el tránsito desde la Plaza Mayor al Riachuelo.

En 1806 el Puente de Barracas se transformó en escenario estratégico de las Invasiones Inglesas, incendiado ex profeso para evitar el avance de los soldados británicos. El puente fue reparado nuevamente y el 23 de diciembre de ese mismo año, se lo consideró apto para su tránsito.

Nuevamente en 1807, la Calle Larga y el Puente de Barracas vuelven a ser escenarios de la heroica defensa posibilitando el paso de Liniers hacia los Corrales de Miserere para impedir el avance de las fuerzas británicas. En los prolegómenos de 1810, una quinta de Barracas, cuya propiedad pertenecía a Francisco M. Orna, adquiere relevancia al transformarse en punto de encuentro de los patriotas que gestaban la tan ansiada Revolución de Mayo.

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En 1812, otra propiedad vuelve a ser sitio de conspiraciones. La quinta de Alzaga en Barracas se transforma en «Cuartel General de los Conjurados». La Capilla de Santa Lucía se convierte así en refugio de Martín de Alzaga ante las persecuciones del cual era objeto, siendo finalmente ajusticiado en la Plaza de la Victoria.

Ese mismo año, se afinca en el barrio el Almirante Guillermo Brown, en la hoy denominada Av. Martín García. Dos de sus hijos, Guillermo y Eduardo, asisten a la escuela de Vicente Sánchez, quien en 1825 instala la misma en la Calle Larga. 

BarracasEn 1841, este maestro oriundo de Castilla recibe a José Hernández y sus hermanos como alumnos, quienes vivían junto a su abuelo en una quinta ubicada en M. de Oca y O. Cruz (actual).

En 1853, otro acontecimiento transcurre de manera relevante en la zona de Barracas. 

El denominado «sitio de Bs. As. «, opera con sus diversas fuerzas en distintos puntos de la zona sur. En los potreros de Langdon ubicados en las alturas barraqueñas, el coronel Bartolomé Mitre recibe una herida en la frente provocada por un disparo. El 11 de julio, finaliza la lucha cuyas acciones tuvieron lugar en los sectores correspondientes al barrio y sus alrededores.

El 30 de agosto de ese mismo año, se crea el primer Juzgado de Paz de Barracas al Norte, designándose para ocupar dicho cargo a don Juan Milberg Dillon. 

Barracas se separa del Juzgado de Paz de San Telmo, comprendiendo también a La Boca, cuyo Juzgado se crea recién en 1870.

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La llegada del ferrocarril en 1865, provoca cierta fractura entre las quintas, dando lugar a durmientes, vías y acero para la habilitación de los trenes del F. C. Sud. Desde Constitución, la primera estación más cercana fue Barracas, la segunda Lomas de Zamora, finalizando el trayecto en la localidad de Jeppener.

En 1871, la terrible epidemia de fiebre amarilla, azota también el barrio. La cantidad de enfermos asciende a 426, y los fallecidos 144. Los doctores Federico de la Serna e Iriarte fueron designados en la zona, para la atención de los enfermos. 

BarracasEn otro trabajo cuento que, en ocasión de una grave sequía que hubo en el país, se sacó en procesión a Santa Lucía orando por lluvia e, inmediatamente, las hubo en tal cantidad que se solucionó ese grave problema nacional.

Santa Lucía,  sale en procesión por las calles de Barracas, acompañada por la población de Buenos Aires, con cánticos y rezos y adornada con las más altas ceremonias que sean permitidas por el clero local, La procesión de la sequía que terminó en una copiosa lluvia.

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En febrero de 1871 tuvo lugar la que fue llamada «Procesión de la sequía». Con ella, los fieles de la capilla se unían a las rogativas generales para que se produjera la lluvia que pusiera término a la sequía que asolaba al país. «La santa fue sacada en solemne procesión a las seis de la tarde por la calle Larga, concurriendo todo y lo mejor de Buenos Aires. Comenzó la procesión bajo un cielo azul y despejado. Al terminar cayó una lluvia torrencial en la parroquia al igual que en el resto del país, que hizo unir en una misma plegaria la petición y la acción de gracias.»

BarracasEl 9 de noviembre de 1871 se reinaugura el nuevo puente de Barracas. Su principal proyectista y concesionario Ing. Prilidiano Pueyrredón, no pudo ver concluida la obra, pues fallece con anterioridad a la inauguración.

El nuevo puente construido de hierro dulce y fundido, presentaba en su parte central un espacio de diez varas, para dar paso a la navegación.

Unida a una política de inmigración e industrialización del país, Barracas, sintetiza la concreción de este proyecto.

Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, la ribera barraquense va adquiriendo un perfil de fábricas, ferrocarriles, talleres, barracas de lanas, cueros y depósitos que lo asimila al quehacer cotidiano.

En 1904, la población del barrio ascendía a 84.792 habitantes, de los cuales, casi 40.000, eran extranjeros provenientes de Europa, siendo el segundo barrio más poblado de la ciudad. Las condiciones de vida de muchos inmigrantes, no eran las óptimas. La desocupación, los bajos salarios, las reiteradas huelgas y encuentros masivos inquietaban al gobierno. En 1907, se produce en el conventillo de la calle Ituzaingó la primer «Huelga de Inquilinos», dado que les era imposible pagar lo que se le pedía. La huelga se extendió a los demás barrios. Lucharon durante dos meses. Muchos inmigrantes fueron expulsados del país, atento a la Ley de Residencia, sancionada en 1902, que permitía deportar a los extranjeros que consideraban «peligrosos». Otros fueron víctimas de la represión que se implemento para neutralizar la huelga.   

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El patrimonio arquitectónico, se acrecienta con la construcción del Banco de Londres (1906), Banco Nación (1908-11), Asociación Fraga (19O5), Iglesia del Sagrado Corazón (1980), Pasaje Europa (1923), incorporándose a las ya conocidas y relevantes- Iglesia de Santa Felicitas (1876), Iglesia de Santa Lucia (1887), Casa Cuna(1874), Hospital Rawson (1868),Hospital Nacional de Alienadas (1854), Establecimiento Noel (1858), Talleres Gráficos Peuser (1867), Establecimiento Metalúrgico Fontana (1865),Fábrica Argentina de Alpargatas (1985), Águila Saint hermanos (1 880) entre el centenar de establecimientos registrados.

La educación pública abarca desde fines del siglo XIX, hasta nuestros días una amplia y diversa gama de modalidades y niveles.

BarracasEn 1901, la educadora Antonia Capurro, crea la primera escuela nocturna para mujeres obreras. 

Se incorpora así, otro nivel a los ya conocidos en Barracas: Escuela Manuel de Sarratea (1865) Fray J. Santa M. de Oro (1866), Escuela Normal de Maestras Nro. 1 (1874), Esc. Bernardo de Irigoyen (1875), Escuela Superior de Comercio J. V. González (1905), Escuela Normal Nro. 5 (1909) Escuela de Artes Gráficas (1940), Escuela Industrial Nro. 3 (1940).

La vigencia de ciertas instituciones de bien público, que trascendieron a través del tiempo, le otorga a Barracas otra condición relevante. 

Aún se encuentran en el barrio la Asociación Española de Socorros Mutuos de Barracas y Buenos Aires fundada en 1862, la Asociación Fratelanza Artesana (1891), Sociedad Luz (1899) Club Social de Santa Lucía (1901), Club Barracas Central (1904), Asociación Fraga (19O5), Club Barracas Juniors (1912), Club Sportivo Barracas (1913), Club Sportsman (1920).

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La expresión más genuina de la música porteña el tango, tuvo en este barrio a los más destacados representantes. Por sus calles cafés, pulperías y esquinas se pudieron ver y escuchar a diferentes figuras como el legendario Pedro Chiappe, allá por 1890, y desde principios del siglo XX, a creadores de la talla, tales como Eduardo Arolas, Agustín Bardi, los Bernstein, Carlos Marcucci, Eduardo del Piano, Rodolfo Sciamarella, Teófilo Ibañez, Armando Posada, Ignacio Riverol, Ángel Condercuri, Juan Velich, Alfredo Bigeschi, Normando lazara, y Carlos Piccione, y Fulvio Salamanca entre otros.

BarracasLa presencia del maestro y compositor Alberto Ginastera, que nació y vivió hasta la década de los años 40 en Barracas, prestigió al barrio con su talento. 

Asimismo las cantantes líricas Isabel Marengo, Elsa Venturino, Elena Arizmendi y en la actualidad la soprano Adelaida Negri constituyen un significativo grado de excelencia en la música universal.

Este patrimonio, se acrecienta con los artistas plásticos de valiosa trayectoria tales como Pío Collivadino, Justo Lynch, Vicente Forte, Osear Vaz, Aurelio Canessa, César Carugo, Marino Pérsico ,y actualmente los destacados Maestros Carlos Cañas, Leo Vinci, Eduardo Mc Entyre, Marino Santa María entre tantos otros.

En abril de 1940, la gran inundación que afectó a los barrios de sur, marcó en la memoria colectiva, uno de los momentos más dramáticos en la población barraquense.

Los hechos políticos y sociales marcan en el puente Pueyrredón sucesivos acontecimientos, a lo largo de los años. En Octubre de 1945 masivas caravanas de trabajadores de los frigoríficos de Avellaneda junto a los obreros de las industrias de Barracas, se dirigieron a la Plaza de Mayo.

El contexto de insalubridad dado por los saladeros, los elementos contaminantes del Riachuelo, el Matadero del Sud, las fundiciones de cebo, unidos a las precarias condiciones de higiene, favorecían aún más la propagación de muchas enfermedades.

En 1962, el enfrentamiento de distintas corrientes en el ejército «azules y colorados», vuelven a producir en las calles situaciones riesgosas y preocupantes entre el vecindario.

El trágico derrumbe del edificio de la Av. Montes de Oca 680, en junio de 1970, donde numerosas personas perdieron su vida, conmovió a toda la ciudadanía.

Durante el periodo 1977-80 La demolición de 22 manzanas, para realizar la Autopista 9 de julio, produjo una fractura en la traza del barrio con las marcadas consecuencias de desarraigo de los vecinos y desaparición de viviendas, bibliotecas, comercios, industrias, escuelas que afectaron a la identidad y pertenencia de los barraquenses.

Las recurrentes crisis económicas y su correlato en lo social y cultural, fueron modificando el perfil pujante qué poseía el barrio.

Barracas es hoy, a principios del siglo XXI, esa cultura heredada: los modos de vida, las costumbres, pero también las industrias cerradas, los cartoneros, las casas tomadas, los nuevos vecinos, inmigrantes muchos de ellos de provincias nuestras y países hermanos, con sus dolores y desgarros. También llegan los que descubrieron que Barracas está a 30 cuadras del centro y es negocio invertir… Pero es grande y hace espacio. Resiste con firmes argumentos, a la destrucción de parte de su historia y patrimonio, para que se levanten edificios torres.

El compromiso de muchos vecinos sensibles ante la injusticia y desigualdad, genera herramientas para construir una transformación social y cultural, tomando como principal objetivo la elaboración de un pensamiento reflexivo y crítico, legado que nos dejó el historiador y maestro Don Enrique H. Puccia.

A partir del  30 de agosto  del 2003 fecha Mediante la sancionada Ley 1.155, se celebra en Argentina el Día del Barrio de Barracas, en conmemoración a la instalación del Primer Juzgado de Paz en Barracas, el día 30 de agosto de 1853. 
 
Recopilación de Mabel Alicia Crego
[email protected]
FUENTES: 
  • «Barracas en la historia y en la tradición». PUCCIA, E. H. Buenos Aires, 1998. Editorial Planeta.
  • «Barracas un poco de ayer y hoy».  María D´Abate
  • Fotos exhibidas -muchas de ellas inéditas- pertenecen a varios legados, por ejemplo el Archivo General de la Nación y la Asociación Rosendo Fraga donde se encuentra el Archivo Histórico Enrique Puccia (la puesta en valor del mismo está a cargo de la Junta de Estudios Históricos de Barracas).

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