Cristina Suárez – El Águila: con olor a chocolate

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El Aguila
El Aguila

La calle Larga era el escenario donde se confrontaban tradición y modernidad, una ocultando tras altos paredones de rejas artísticas las últimas casonas y la otra mostrando sus fachadas urbanas empujando al olvido a los electrificados tranvías.

El Sur se había transformado en un espacio de trabajo, las fábricas, depósitos, el ferrocarril y el puerto, eran espacio y actividades que atravesaban el barrio.

Las barracas penetraron en forma de fábricas, talleres y galpones a Barracas y un nuevo perfil de chimeneas se instalaba en él.

Desde poco antes que terminara el siglo XIX y durante las primeras décadas del siglo pasado, se instalaron fábricas muy conocidas como “Bagley”, “Terrabussi”, “Canale” y “El Águila”, ésta última en la calle Herrera y Suárez, perfumando a Barracas con olor a chocolate, el Sur fue hasta entonces de un progreso ilimitado y de la mano de la industria, se extendió hasta mediados del siglo pasado.

Julio A. Roca iniciaba su primera presidencia, era la época en que las actividades económicas del país se veían entorpecidas por la existencia de gran variedad de monedas.

En 1880, la Argentina no contaba con la moneda nacional uniforme, el Puerto de Buenos Aires, no había sido construido, en ese momento histórico Abel Saint, visionario sin duda del futuro, comienza a tejer sus ilusiones alrededor de un gran proyecto económico, la fundación del establecimiento “El Águila”. Desde tostar café a fabricar chocolates más tarde, la casa de la calle artes 515 (hoy Carlos Pellegrini) quedó pronto chica para sus ambiciones y se trasladó a Santiago del Estero 1790.

El público consumidor le brindó su apoyo y esto fue lo que hizo que Don. Abel Saint comprara un predio de 4.000 metros cuadrados delimitado por las calles Herrera, Brandsen y Suárez del barrio de Barracas. El 1984 fallece Don Abel, sin ver todos los logros que se propuso, pero ya había instalado su primera sucursal en Rosario.

En esos años el país brindaba apoyo al campo y a la ganadería y la materia prima para sostener planes de industrialización tenía que ser producida para tal fin.

La esposa y los hijos de Don Abel siguieron con la obra, desde 1993 la empresa pertenece a la firma Arcor S.A.I.C. aunque sus productos igual siguen con el nombre de su creador Saint, Don Abel siempre decía: ”La empresa debe trascender a un hombre”.

En este fin de siglo y comienzos del actual, el barrio no permaneció ajeno a las transformaciones sociales y físicas de la ciudad y ésta fábrica que albergó a varias generaciones de inmigrantes y obreros dándoles trabajo y bienestar, hoy se convirtió en un Shopping de materiales y artículos para el hogar, sólo se conserva la fachada de la vieja fábrica, que como un águila se levanta desafiando el progreso que no entiende de emociones y sensiblerías. Al lento repliegue fabril en que se convirtió el pujante emporio industrial, se le suma la desintegración de los lazos entre la vida social y el trabajo.

Por las calles y esquinas de Barracas avanzó la ciudad, imponiéndose la homogeneidad de su urbanismo y arquitectura e ignorando los lugares memorables de la vida del barrio.

Sacado de la historia de la fábrica “El Águila” de Abel Saint, de anécdotas contadas por ex trabajadores de la fábrica y de algunos vecinos que disfrutaron del olor a chocolate que invadía al barrio al pasar Constitución.

Cristina Suárez email