208 Aniversario del barrio de San Telmo

El próximo sábado 31 de Mayo se llevarán a cabo los festejos por el 208° Aniversario de San Telmo en la Plaza Dorrego, a las 10hs, donde estará presente la Banda de la Policía Metropolitana, los Bomberos Voluntarios de San Telmo y Puerto Madero, Olga Reni Presidente de la Junta de Estudios Históricos de San Telmo, representantes de la Junta Comunal y el cierre estará a cargo del grupo Canacho Tango.

Se suspenden las celebraciones del aniversario de San Telmo por el mal clima pronosticado y las actividades se trasladan para el próximo Sábado 7 de Junio.


El 31 de mayo de 1806 fue creada la parroquia de San Pedro González Telmo y el barrio que la circundaba, designándose a la iglesia de Ntra. Sra. de Belén como sede de la nueva parroquia.

Para conmemorar ese momento se ha organizado una Jornada festiva que contará con la presencia de la Banda de La Policía Metropolitana que entonará el Himno Nacional Argentino junto a los Bomberos Voluntarios de San Telmo y Puerto Madero que izaran la Bandera de la Nación.

Olga Reni Presidente de la Junta de Estudios Históricos de San Telmo recreará algunos de los momentos más relevantes del Barrio y posteriormente hablarán los representantes de la Junta Comunal.

Por último el grupo Canacho Tango deslumbrará a los vecinos con un Gran Show. 
Día del barrio de San Telmo
(extracto del proyecto de ley presentado en la Legislatura porteña con el consentimiento de la Junta de Historia de San Telmo)

«La denominación propiamente dicha de la parroquia ha sufrido algunos cuestionamientos por parte de historiadores que sostienen que Pedro González era beato y que, según la creencia, actuaba como protector de los navegantes y los libraba de las tempestades, siendo el alias de Telmo adoptado de San Erasmo. La historia se encargó de ratificar el nombre impuesto de San Telmo, patrono de los navegantes, a la populosa barriada, considerada como uno de los primeros arrabales de Buenos Aires – el del lado sur – y como barrio del primitivo puerto de la ciudad. Tan es así que la Iglesia conocida tradicionalmente como la de San Telmo no es otra que la de Ntra. Sra. de Belén, establecida como sede de la nueva parroquia en el auto de la fecha arriba mencionada.
Se conoce que originariamente el paraje que dominaba desde un alto de la barranca el puerto, situado entonces en la vieja desembocadura del Riachuelo, era llamado «El Alto de San Pedro», lugar reducido, aislado del casco urbano, con pocos habitantes que se ocupaban mayoritariamente de tareas portuarias y algunos trabajadores de los incipientes hornos de ladrillos. Con el tiempo, San Pedro fue el asiento del primer depósito de pólvora, del primer molino de viento, del primer horno para la fabricación de ladrillos y donde se encuentra el origen de algunas «barracas» para almacenar cueros, lanas, trigo, etc. También trabajaban allí, donde el valor de la mano de obra era mínimo, negros portugueses traídos del África gracias al tráfico de esclavos facilitado por la cercanía del puerto. El espectro social se completaba con hombres y mujeres indeseables de la ciudad que significaban el malevaje arrabalero.
En 1708 el lugar fue registrado en el plano de la ciudad con el nombre de «Hornos y Barracas de San Pedro». Era un sitio alejado de la Plaza Mayor a pesar de ubicarse apenas a mil quinientos metros de la misma. Un camino prácticamente intransitable y una especie de arroyo denominado «el tercero del sur» con zanjones pocas veces vadeables e inundados en épocas de lluvias, hacían que las partes estuvieran casi siempre incomunicadas entre sí. El Alto de San Pedro ocupaba el sector sureste de la meseta fundacional donde sobresalía «el tercero» y estaba delimitado en dos de sus lados por la barranca. Para solucionar el problema de las crecidas se fue formando un camino en el Alto en la continuación de la calle Real (Defensa), estableciéndose de ese modo una comunicación más estable y directa entre el puerto, el arrabal y la Plaza Mayor.
La orden de los Jesuitas, emplazada en la Plaza Mayor y el Fuerte, donde construyeron su primera Casa e Iglesia en la ciudad, se instaló en el Alto de San Pedro luego de largas dilaciones y donde tras la aprobación real levantaron su segunda Casa y Capilla anexa a la que pusieron bajo la advocación de la imagen de Ntra. Sra. de Belén, traída del Hospital Antón Martín de Madrid y a raíz de un voto hecho a San Telmo, patrono de los navegantes. Esta Iglesia fue sede de la nueva parroquia hasta tanto se erigiera el templo cabecera de la misma que nunca se concretó. La costumbre hizo ignorar su verdadera denominación perpetuando en cambio la de Iglesia de San Telmo.
Con dinero, alhajas, tierras y casas donadas, los Jesuitas construyeron una Casa de Ejercicios Espirituales que en la actualidad es sede del Museo Penitenciario Argentino. La misma, junto a la Escuela y el Colegio, dieron lugar al conjunto de edificios denominado «La Residencia», nombre que más tarde se extendió a la plaza vecina y al propio barrio. Cuando en 1767 la corona española dispuso la expulsión de los Jesuitas de España y de todas las colonias de ultramar, la obra emprendida en el Alto de San Pedro quedaba interrumpida para siempre porque aún faltaba concluir la edificación del Templo. Recién después de 1850 se activó la campaña para terminar la Iglesia y luego de mucho esfuerzo concluyó la construcción de la misma en 1876.
Durante las Invasiones Inglesas, el barrio y la plaza desarrollaron un papel estratégico de relevancia, puesto que la actual calle Defensa se convirtió en una franja imparcial en cuya zona de influencia era posible el tránsito de personas desarmadas y la introducción de alimentos para la población además de permitir la comunicación entre los dos campos antagónicos. Durante la segunda invasión San Telmo fue uno de los puntos estratégicos ocupados por los británicos y baluarte de la resistencia criolla, donde las hazañas del pueblo quedaron grabadas en la historia. Tras la reconquista sobrevino la creación de la parroquia de San Telmo y por ende de la barriada circundante.
Luego, los edificios de La Residencia se convirtieron en Cuartel de Dragones y Depósito de Pertrechos y la Casa de Ejercicios en Cárcel Correccional de Mujeres.
Los frailes betlemitas pertenecientes a una Orden Hospitalaria fundada en Guatemala llegaron para hacerse cargo del Hospital San Martín de la Ciudad -al que rebautizaron de Santa Catalina – y más tarde para tomar posesión de la Residencia y del Templo contiguo que los Jesuitas habían usufructuado hasta su expulsión y hacia donde realizaron el traslado del Hospital de Santa Catalina, clausurado en 1821, lugar donde años después funcionaría el Cuartel de Infantería de Negros o de Los Restauradores durante la época de Rosas y mucho más tarde la Casa de Moneda en los terrenos del cementerio y el convento. El mismo Rosas instaló sobre la actual calle Chacabuco el Cuartel de la Mazorca, viviendo muy cerca su temible jefe, Ciriaco Cuitiño. Los negros libertos asentados desde mucho tiempo atrás y que llegaron a ser la mitad de los habitantes del barrio eran quienes entonaban candombes en homenaje al caudillo.
La plaza de San Telmo – originariamente llamada «De la Residencia» hasta que los vecinos la denominaron «Del Comercio» y luego «San Telmo» -, fue el escenario donde después de jurada la Independencia en la Plaza de la Victoria se repitió el acto con la presencia del Director Supremo Don Juan Martín de Pueyrredón. En la misma llegó a establecerse el Mercado del Comercio, luego demolido, y es la que hoy se conoce como «Plaza Coronel Manuel Dorrego», uno de los lugares emblemáticos del barrio. Más tarde se creó el Mercado de San Telmo que aún subsiste y que, junto a la plaza, son motivo de atracción turística.
Con el transcurso del tiempo la barriada fue extendiéndose hacia el oeste y aparecieron las primeras casas con paredes de ladrillos y techos de teja de una sola planta. En los sectores más alejados existían ranchos entre huertas, quintas y baldíos. La llegada de carretas desde el sur llevando gran cantidad de productos hacia la Plaza Mayor fue constituyendo a San Telmo y su plazuela en una parada obligatoria que comenzaba a otorgar al sitio una fisonomía comercial cada vez más creciente.
Tiempo atrás, los betlemitas habían logrado la instalación de un cementerio lindante y de un segundo Hospital frente a la actual parroquia de San Telmo. El papel cumplido por aquellos en el barrio fue de un gran beneficio pues también alentaron el desarrollo de la cultura y en el Hospital se dictaron algunas clases de los primeros cursos de medicina del Protomedicato, institución conocida en España desde varios siglos atrás pero aún no establecida en Buenos Aires. La evolución de la medicina en la ciudad mucho tiene que ver con San Telmo, barrio que en lo sucesivo pasaría a ser sede de instituciones como el Tribunal del Protomedicato, la Escuela de Medicina, la Facultad de Medicina, el Hospital de Hombres que fue la escuela de práctica de la Facultad y hasta los hospitales Italiano y Británico tuvieron allí sus sedes. Lo curioso es que siendo San Telmo el barrio por excelencia de los hospitales y de la facultad haya sido quizás el más castigado por las distintas epidemias que asolaron a Buenos Aires: la viruela que hizo estragos en el Alto de San Pedro donde había mucha población de color; el cólera, que produjo diez mil víctimas, causado por el hacinamiento y las malas condiciones de higiene; la fiebre amarilla de 1871, la peor de las epidemias sufridas proveniente de Brasil, promovió el alejamiento de las familias Patricias más tradicionales dejando para la inmigración la posibilidad de instalarse en los conventillos adecuados por oportunistas terratenientes. De un total de ciento cincuenta y dos inquilinatos, focos permanentes de infecciones, el más famoso fue el «Conventillo de la Paloma» cuya historia dio origen a una inolvidable pieza teatral de Alberto Vacarezza.
En el transcurso de esta época existieron diversas pulperías donde los criollos jugaban a las cartas, a la taba o a la riña de gallos. Una de las más famosas fue «La Paloma», de rica historia y frecuentada por marineros, soldados y mazorqueros.
La población de San Telmo fue evolucionando con el tiempo: primero comenzó a acrecentarse el número de ingleses luego de las invasiones, deviniendo en comerciantes que traían sus mercaderías sin necesidad de intermediarios y que años después alcanzaban la estimación de unos cuatrocientos. Más tarde, se instalaron en el barrio algunos núcleos de población italiana, afincados cerca del río hasta su confluencia con el riachuelo. Ya en el siglo veinte, los «gallegos» inundaron San Telmo y por momentos «el barrio se parecía a La Coruña o Pontevedra», comentan los historiadores. Este crisol de razas le fue infundiendo una característica muy especial que el tiempo y la modernidad se empecinan en desvirtuar.
«Los vecinos de San Telmo desean que su barrio siga siendo histórico aún cuando sus casas antiguas convivan con modernos edificios y con innumerables comercios entre los que se destacan típicos cafés y confiterías que tratan de conservar las características del Buenos Aires antiguo con sus muros blancos, sus tejas rojas y sus floridos patios con glicinas que halagan la vista y constituyen un oasis en el febril centro ciudadano». Mencionar por ejemplo al «Viejo Almacén» es como hablar de San Telmo mismo. «Barrio que mantuvo su aspecto colonial, con casas bajas, de un solo piso, y las de mejor categoría mostraban detrás de las cancelas de artísticos enrejados labrados por hábiles artesanos, amplios patios adornados con aljibes, enredaderas y parrales».
El equipamiento del barrio sufrió muchos retrasos por el abandono que hizo del mismo la gente adinerada tras la irrupción de las pestes y por la llegada de los inmigrantes de escasos recursos que lo convirtieron en un barrio pobre. Algunos viajeros lo describían como «barriadas tristes y silenciosas con calles tenebrosas».
El alumbrado comenzó a funcionar a través de cañerías de gas suministrado por una compañía fundada en 1858 que al poco tiempo lograba dar iluminación a unos mil quinientos faroles urbanos. Asimismo, paulatinamente, los carros atmosféricos y los transportadores de agua fueron desplazados por redes de agua corriente y cloacales. Se fueron abriendo calles y algunas se ensancharon para facilitar el tránsito por las barrancas. Se niveló el suelo, se pavimentaron calles con granito y los zanjones del «tercero» se convirtieron en vaciaderos. La calle Defensa, plagada de comerciantes ingleses y de fluido tránsito vehicular, adquirió una gran importancia como nexo entre el centro y el sur de la ciudad.
El trazado urbano se expandió con la aparición del tranvía que en principio trataba de vincular el centro con La Boca. Los cuarteadores con sus caballos eran los personajes típicos que ayudaban al tranvía a subir la barranca hasta que el servicio fue electrificado y San Telmo fue recorrido por dos de las principales líneas.
El barrio se caracteriza por sus famosas casonas antiguas entre las que se destacan la que habitó el Virrey Santiago de Liniers, donde vivió y murió Manuel Belgrano y la del Dr. Vicente López y Planes – considerada la más antigua de Buenos Aires -, entre otras.
También alberga varias Iglesias y Templos de distintas comunidades y tal vez la más sobresaliente sea la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad, la primera construida en Hispanoamérica con íconos, alfombras y vitrales de incalculable valor.
Los espacios verdes públicos resultan insuficientes a San Telmo a raíz de haber perdido la costa, aunque tres plazas o plazoletas sobre la Av. San Juan agregan espacio verde al barrio: la de la Dra. Cecilia Grierson, la de Rosario Vera Peñaloza y la de Lola Mora. El más relevante es sin duda el Parque Lezama que en épocas remotas resultó ser un espeso bosque y que en la actualidad lleva el nombre de quien fuera su último dueño, el salteño José Gregorio Lezama, quien fue el precursor de la construcción de la actual Av. Almte. Brown y quien, amante de las flores y las plantas, convirtió la quinta en un jardín además de construir su hogar sobre la barranca que dominaba la planicie campestre. A poco de ser adquirida por la Municipalidad con el objetivo de transformar el sitio en un paseo público, la magnífica residencia se convirtió en sede del Museo Histórico Nacional.
La Feria de Artesanos de la Plaza Dorrego también contribuye con su pintoresquismo a la consecuente visita de turistas ávidos de conocerla en busca de antigüedades y objetos de variado interés.
Entre los edificios públicos que se encuentran en San Telmo se pueden citar la Secretaría de Agricultura y Ganadería, La Facultad de Ingeniería, el Colegio Industrial «Otto Krausse», el Museo de Arte Moderno y El Museo del Servicio Penitenciario Nacional.
Por último, es necesario referirse a la «República de San Telmo», una institución fundada en 1960 para actuar como celadora de los prestigios locales, que incluso posee su propia Constitución.
Actualmente, el barrio de San Telmo está delimitado por las calles Chile, Piedras, Caseros, Defensa, Martín García, Paseo Colón, Brasil e Ingeniero Huergo, según Ordenanza Municipal Nº 26.607 del año 1972.
Resumir San Telmo es hablar del Parque Lezama, conventillos, museos, pulperías, cafés, edificios gubernamentales, sedes universitarias, escuelas industriales, ferias, etc.
San Telmo es historia pura de la Ciudad de Buenos Aires. Su fecha de conmemoración está avalada por la Junta de Estudios Históricos del barrio y es por ello que a través del presente proyecto solicito la institucionalización oficial de dicha fecha.«.

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